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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

domingo, 20 de diciembre de 2009

El costo de la fama

Soy famoso, absolutamente famoso. Los chicos de la escuela al principio sólo me miraban cada vez que pasaban por mi lado, pero luego se corrió la voz y ya no era uno que otro el que me venía a ver, ahora eran cursos completos que se asomaban tratando de conseguir el mejor lugar.
Algunos me tomaron fotografías, otros grabaron videos haciendo comentarios sobre mí y realizando entrevistas a aquellos que estaban en el lugar. Todos querían opinar, hablar algo de mí o dar su versión de los hechos. Incluso se realizaron apuestas de manera improvisada.
Todo iba bien, de maravillas se podría decir, hasta que como siempre no faltó el aguafiestas, que al enterarse, corrió por los pasillos hasta llegar a la oficina del inspector, pero éste no se encontraba allí, lo que me otorgó más tiempo de vida.
El soplón era un estudiante, de esos que nadie ve, esos que no tienen cara ni de buenos ni de malos, ni gordo ni flaco; era de los calladitos y óiganme bien, a esos hay que tenerles miedo o por lo menos cuidarse, sino miren lo que me ocurrió a mí.
El tipo, porque para mi gusto era un mala clase, continuó corriendo por los pasillos, patios y salas del colegio hasta que encontró al inspector, con las ideas y palabras atragantadas en su boca le relató lo sucedido. El inspector a medida que escuchaba la versión de los hechos intentaba no reír, pues él era la autoridad, pero los recuerdos de su tiempo de estudiante se le vinieron a la mente.
Luego de escuchar al soplón, se apoderó de él la rectitud y caminó con paso acelerado hacia donde estaba la multitud. Me miró fijamente, en su rostro no se divisaba ningún gesto, era un rostro imperturbable. Levantó la vista buscando entre mis admiradores al culpable, pero sabía que así, a simple vista sería imposible.
Les ordenó a todos que se fueran a sus salas, que esto no era un espectáculo y que hallaría al responsable. Entonces, buscó insistentemente con su mirada a alguien que no estaba, pero a su lado estaba el estudiante soplón, quien debió como todos los demás irse a su sala, mas lo típico de los chupamedias es creerse absolutamente necesarios y no alcanzan a distinguir que sólo los consideran para los mandados.
El inspector le pidió que fuera a buscar al hombre del aseo. En esta oportunidad el chico parecía volar de lo ansioso que estaba de cumplir con el mandado. Una vez que llegó con el señor del aseo, el inspector le pidió que se retirara a su sala, ahí yo me reí, en tanto él me dio una mirada de asco y se fue, no sin antes escuchar a sus espaldas la indicación del inspector: “dile a tus compañeros que tengo identificado al responsable”…el joven me miró esbozando una leve sonrisa.
Los dos hombres cuando quedaron solos hablaron largamente de mí, lo sé porque, a pesar que no lograba oírlos, constantemente me lanzaban furtivas miradas. Después de un buen rato se me acercaron, el inspector cada cierto intervalo hacía el ademán de taparse la nariz, mientras le comentaba al aseador que lo mejor era realizarme una prueba de ADN, con ella tendría en sus manos al “malandrín”.
- Pero pa’ qué iñor, no le dé tanta importancia, dígame usted ¿a quién se le ocurriría hacer caca en el suelo teniendo el baño al lado? – lo increpó el aseador
El inspector guardó silencio por un instante, sin dejar de mirarme puso sus manos en los bolsillos indicándole al otro hombre que solucionara este asunto.
En ese momento supe que mi vida era una mierda. El aseador me recogió del suelo con un cartón y me lanzó al excusado vaciando el estanque. Mi minuto de gloria se había esfumado, aún así sabía que mi corta vida no había sido en vano, había sido mejor que la de mis antepasados y sé que mi creador, el soplón, también lo sintió así.

martes, 24 de noviembre de 2009

Fiesta

Tenía prohíbido salir y no porque estuviera castigada, sino simplemente porque mis padres no me daban permiso para salir y si llegaba a hacerlo, era dentro de un horario bien específico: durante el día y antes que se pusiera el sol.
Aún no sé cómo fue que conseguí que me dejaran ir a quedar a dormir a la casa de mi amiga Mónica.
Por supuesto con ella ya lo teníamos todo planeado, estaríamos un rato en su casa y luego, más tarde, iríamos a la fiesta que había organizado el séptimo B, nuestro curso enemigo, pues nosotras éramos del séptimo A. Claro está que debido a esa rivalidad, que no sabíamos de dónde provenía, nosotras no estábamos invitadas, pero era la única fiesta de la cual teníamos conocimiento y, como lo más probable era que de aquí a un buen tiempo más, por lo menos un año, yo no volvería a tener permiso, ni para salir a la esquina, debíamos aprovechar este momento.
En casa de mi amiga nos cambiamos ropa, nos maquillamos, éramos otras. Al caer la noche, cuando sabíamos que la fiesta ya había comenzado y debía estar en su máximo esplendor, nos dirigimos hacía allí absolutamente decididas, yo ni siquiera sentí temor a que mis padres se enteraran, de ser así, en ese instante me daba lo mismo.
Llegamos a la casa de Claudia, ella era la anfitriona y al parecer esta fiesta era para festejar su cumpleaños. La saludamos y entramos, habíamos sorteado la primera dificultad. Ya adentro, nos dimos cuenta que más que fiesta parecía velorio. Todos estaban en grupos,conversaban y comían, pero nadie bailaba ¡qué lata! ¿y para esto le mentí a mis padres? con Mónica nos miramos concordando en que definitivamente este curso era bastante aburrido, quizás por eso les caíamos mal.
Nos acercamos a un grupo de chicos que conocíamos, la música estaba genial y mis pies se me iban...yo no había venido a conversar, para eso tenía permiso y lo podía hacer en cualquier momento. Entonces, como ambas no teníamos problemas de timidez, les pedimos que aprovecháramos la música y bailáramos...¡y empezó la fiesta!
La verdad es que sólo empezó para nosotras y otros tantos, pues no todos salieron a bailar, pero nosotras estábamos felices y no paramos de bailar por largo rato...¡esto es vida!...pensaba.
La pista de baile era nuestra, cuando de pronto, la música se detuvo, había un círculo de personas a nuestro alrededor, las luces chispeantes se apagaron encendiéndose la luz principal. Parecía que teníamos un foco frente a nuestros rostros.
Entre la gente apareció Claudia, su rostro contrariado, sus ojos derramando lágrimas como dibujo animado japonés. Nos miró fijamente, estiró su brazo y con su dedo índice señaló la puerta diciendo "salgan de aquí".
Nos encogimos de hombros y salimos, pero junto a nosotras salieron la mayoría de los varones que estaban en la fiesta. Los murmullos pasaron de inmediato a quejas y rezongos...nosotras continuamos el camino hacia la salida.
Cuando habíamos caminado unas cuadras y estábamos cerca de la casa de Mónica, miramos a nuestros acompañantes y les pedimos que regresaran a la fiesta, agradeciendo, obviamente, el que nos hayan ido a dejar.
Nosotras no le teníamos mala a las niñas del otro curso y, después de todo, lo habíamos pasado fantástico, fue una gran fiesta...¡mi primera fiesta, ja,ja,ja!

martes, 17 de noviembre de 2009

Celular

Sentadas en el primer asiento del autobus íbamos mi amiga y yo. "Chalaliabamos" felices, riendo de las últimas locuras que habíamos hecho. Digo "chalaliabamos", porque eso es lo que hacíamos, esto era mucho más que conversar, era mucho más que reír y recordar.
Estábamos felices, en eso, se sube a la micro un joven, quien guitarra en mano, se pone a cantar. Al terminar su primera interpretación comienza a sonar un celular.
- Perdón, continúo enseguida - dice un tanto afligido el muchacho. Entonces mete su mano en la chaqueta, saca el dichoso aparato y comienza a hablar.
Todos los pasajeros se pusieron a reír y estaban pendientes de su conversación... nosotras también.
- Aló, sí, sí...ya...ya, pero me acabo de subir, sí, la micro... te llamo después, estoy trabajando.
Termina así su llamada, nos mira a todos y nos dice:
- Era mi mamá...ahora les voy a cantar...
Todos nos volvimos a reír y luego de su segunda canción pidió "una ayuda". Cada pasajero le dio una moneda, no sé si por su canto o por lo anecdótico de su llamada.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Halloween


Mi novio y yo acostumbrábamos a discutir, pero esta vez era diferente...puse término a la relación. Luego de ello me fui a mi casa a disfrutar de la soledad, no sólo porque ya no estaría con él, sino porque literalmente no había nadie en casa.
Entonces disfrutaba yo de este nuevo y agradable silencio cuando de pronto comienza a sonar el timbre de mi casa y no sólo eso, también escuché golpes y gritos, a hurtadillas miré por una de las ventanas y escuché atentamente...era mi amiga. Salí corriendo y un tanto asustada al oirla llamar así a mi puerta. Al abrirle, se lanza sobre mi tomándome por los hombros, abrazándome y dando chillidos de alegría entremezclados con mil preguntas.
Cuando logré zafarme de ella y hacerla entrar a la casa...y en razón, me vine a enterar que mi "ex" había ido a su casa a buscarme, rogándole que no me negara, que él sabía que yo estaba ahí y, cuando finalmente o aparentemente consiguió hacerlo entender que yo no estaba allí, él con voz temblorosa le rogó que me diera un mensaje: "dile a Golondrina que me perdone"...
En ese instante a mi amiga se le vino el cielo y el infierno, todo encima, las mejores y peores películas, teleseries y noticias pasaron por su mente. Agarró a mi "ex" de la ropa, lo tironeó, lo abofeteó...todo pidiendo explicaciones y enviándolo al quinto infierno al no obtener respuesta alguna.
Después entró a su casa para tomar un poco de aire y pensar con la cabeza más fría...la verdad es que no alcanzó ni a sentarse cuando partió de una a mi casa para saber si estaba viva, muerta o herida.
Luego de su relato me largué a reír mientras, entre risas le explicaba lo sucedido finalizando con un "menos mal que lo hice". Apenas terminamos de charlar sonó nuevamente el timbre, otra vez de manera insistente, con golpes en la puerta y gritos. Guardamos inmediatamente silencio y nos miramos fijamente...los llamados siguieron, pero ahora los oíamos más cerca...sabíamos que era él. Instintivamente corrimos y buscamos algún lugar para ocultarnos, ya que él había entrado saltando la reja y para peor la puerta de la casa era de servicio.
Entró a la casa, me llamaba en forma insistente y al no recibir respuesta comenzó a buscar por el interior, pasaron algunos segundos parecidos a horas, hasta que encontró a mi amiga, estaba se ocultaba detrás de una puerta y cuando éste la abrió, ella no halló nada mejor que decirle "Hola, Golondrina está en la pieza de sus padres".
En fracción de segundos llegó allí, justo cuando yo abría la puerta del closet de mis padres, lo miré diciéndole "vete de una vez"...y se marchó.
Ya solas otra vez, nos miramos y nos largamos a reír...este había sido nuestro propio Halloween.

sábado, 3 de octubre de 2009

Sucesos

Parte ll

Hace algún tiempo atrás me ocurrieron una serie de sucesos, algo trágico en mi vida, fui expulsada de mi hogar, me vi de pronto dentro de un letrero publicitario y perdí a mi padre. Todo esto fue uno, así de repente.
Yo pasaba por la vida así sin más, sin nada que hacer, sólo dedicada al estudio…tenía una vida fácil y llevadera. Hasta ese día.
Cuando lo perdí todo me dediqué a vagar por las calles viendo a la gente pasar, viendo que todo continuaba como antes, salvo mi vida que ya no era la misma de antes. Debía terminar la carrera que estaba estudiando, tenía que hacer algo con mi vida, pues bien, comencé por aquello en lo que había quedado luego de que mi padre me echara de la casa. Metí nuevamente mis manos en los bolsillos buscando el billete de mil pesos, no me serviría demasiado la verdad, pues no podría hacer mucho con él, es decir no me alcanzaría para arrendar una pieza, menos un cuarto de hotel, ni pensar en comida; aunque esto último tenía más sentido, si bien no sería un gran festín pero sí podría conseguir un poco de pan o un sándwich, de esos que venden en cualquier esquina.
Antes de ir a comprar me detuve, saqué el billete de mi bolsillo, me acerqué a un farol buscando un poco más de luz y lo observé detalladamente. Luego de un rato noté que había algo extraño en él, algo diferente a los demás, pero esto no significaba que fuese falso, sino que era distinto: tenía un aroma, tenía un color, tenía algo, quizás no era algo muy obvio, pero definitivamente era diferente.
En ese instante vinieron a mi mente una serie de imágenes de los hechos que últimamente había vivido, entonces, me di cuenta que debía volver, era prioritario regresar y observar nuevamente ese letrero publicitario.
Finalmente llegué frente a él, lo miré detenidamente, de pronto me di cuenta que en uno de sus extremos había un gran cofre con monedas y billetes, saqué mi billete colocándolo al lado de uno de los que aparecían en el spot, si bien no era igual, se le parecía bastante. Cuidándome de no ser vista por los seres que vivían allí, ya que mi experiencia me indicaba que eran bastante peligrosos, recorté una moneda, la más pequeña pensando que a lo mejor eso me salvaría de algo, de terminar como mi padre.
Una vez que tuve el trozo de papel en mis manos éste, de inmediato se convirtió en una moneda de verdad ¡era real! Absolutamente real, pero cómo no me di cuenta antes, cómo no noté que había algo raro, mi padre jamás me había dado dinero, ni un veinte y ocurre que ese día, ese fatídico día me dio sin más ni más MIL pesos, de donde tanto desprendimiento, sé que ésta no es una gran cantidad, pero para él eso era demasiado. Lo que es peor a mi no me extrañó ni me llamó la atención este hecho y ahora me encontraba en esta situación.
La disyuntiva era recortar el dinero suficiente como para tener con qué arrendar algo para pasar la noche, sacar todo el dinero o seguir mi camino sin mirar atrás, me senté en la vereda a pensar un poco; en realidad no alcancé a sentarme cuando decidí qué era lo mejor. Caminé dos cuadras más abajo y me compré un rico completo y una bebida, no estaba dispuesta a terminar como “los peores” como llamaron ellos a mi padre y quién sabe a cuantos más. Estaba disfrutando de mi comida cuando divisé a lo lejos que algo se movía en el aviso, decidí alejarme.
Pasé la noche en la casa de una amiga, en la mañana temprano me fui a la universidad a ver los avisos que aparecían en la bolsa de trabajo: había uno en una revista. Me dirigí al lugar llevando escrita la historia de lo que me había sucedido recientemente, la encontraron fenomenal y quedé contratada. Tenía resuelto mi problema.
Al llegar a la casa de mi amiga, le conté las novedades solicitándole alojamiento hasta que recibiera mi primer sueldo…me aceptaron. Mi amiga me preguntó si alguien sabía que yo me estaba quedando allí, la miré extrañada, le indiqué que no y le pregunté a qué se debía su comentario. Me llevó hasta la habitación que me habían prestado, abrió la puerta señalándome lo que había llegado para mi en el transcurso de la mañana… ¡era un baúl! Pero no cualquier baúl, era el del aviso, sentí que mis días estaban contados, que ese era mi destino y por más que tratara no podría huir, lo presentí en el mismo momento cuando, la noche anterior, vi que algo se movía en ese letrero, pero yo preferí alejarme lo que ahora me resultaba imposible.
Le pedí que me dejara sola, ella no sabía nada, sólo lo que había aparecido en la prensa. Me senté frente al baúl y lo miré, no entendía nada. Comenzó a moverse, como si alguien tratara de abrirlo, se levantó la tapa y apareció un canario…el lindo canarito. Tenía un aspecto suave, casi bondadoso, pero yo lo conocía muy bien.
- ¿Por qué huiste? Te hemos estado buscando, anoche decidí seguirte para evitar que volvieras a desaparecer.
Este pájaro estaba loco (o la loca era yo, que es peor) cómo pretendía que me quedara, era un peligro estar allí, ellos no entendían razones, no les importaba nada. Además no sabía cómo yo había llegado allí, todo fue muy rápido e inesperado.
- Tú eres parte de la profecía, todo estaba escrito, tú serías quien nos salvaría y ahora que te hallamos no te volveremos a perder.
Su amenaza fue clara y precisa, ya no tenía dudas de que este era mi fin, quizás qué más diría la famosa profecía. Me pidió que entrara al baúl, lo hice y en fracción de segundos estaba nuevamente dentro del letrero, todo estaba igual, demasiado igual…la moneda que yo había sacado estaba allí, las letras también, todo como si nunca hubiesen sido recortadas. Comencé a entender un poco más.
La ardilla se acercó, al parecer se dio cuenta que yo entendía muy poco o nada, me comentó que no me harían daño si yo no lo quería. No me sentí en absoluto más aliviada, pero me señaló que la profecía indicaba que si ellos perdían alguna parte de ella desaparecerían completamente en poco tiempo, debido a esto perseguían a quienes osaban recortar alguna parte del spot. Sabían que eran una tentación constante, más aún cuando al sacar cualquier trozo éste se hacía real. Entonces un día cualquiera llegaría alguien que con un simple lápiz los ayudaría, esa era yo, y los mantendría vivos para siempre.
Los interrumpí señalándoles que yo era una humana, por lo tanto eso de “siempre” era un poco difícil, pero ellos tenían todo planeado, al vivir con ellos me volvería inmortal.
- Pero ¿cómo explicarán mi aparición en este letrero? Este aviso es de animales, no de humanos
Aquí es donde cometí el gran error de mi vida, este era el momento preciso en que debía guardar silencio, pensé que me ayudaba, pero me engañaba completamente. Me convirtieron en uno de ellos, en un animal y cada noche puedo volver a ser una persona, nada más que para rehacer las partes dañadas y escribir las historias que publico, las que mi amiga encuentra día a día dentro del baúl.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Amigo bueno

Todos tenemos uno, eso espero, ese amigo "paleta" que siempre está cuando lo necesitas, ya sea para brindarte aliento, un buen consejo, un comentario para hacerte volver a la realidad, etc.
Pero sucede que a veces nosotros mismos nos convertimos en ese amigo bueno y como dice el Chavo: sin querer queriendo. ¿A qué me refiero? a esto:
Estaba en la escuela, subiendo las escaleras para llegar a mi sala de clases, al llegar arriba uno de mis compañeros sale del aula y me agarra de brazo.
- Me siento mal - lo tomé entonces yo del brazo y lo ayudé a avanzar ¿a dónde? ni idea.
Al final él solo siguió caminando y yo sólo lo seguí. Finalmente, cuando ya estábamos en los últimos peldaños de la escalera, comenzó a vomitar. Se ensució entero y ni hablar cómo quedó el suelo y la escalera.
Lo llevé como pude al baño, ahí terminó de botar lo poco que quedaba en su estómago, luego se lavó y enjuagó lo que pudo de su ropa. Volvimos a la sala, allí la profesora lo mandó a la enfermería, conmigo incluido; y de la enfermería lo mandaron a su casa.
Desde ese día es que soy considerado, por él, un buen amigo.Yo que simplemente iba pasando por ahí...

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sucesos

Parte l

Cursaba el último semestre de mi carrera de Pedagogía en Inglés cuando fui expulsada del hogar. Mi padre gritó que no quería verme más. Era un hombre gordo, alto, de enormes pies, que cubría casi todo el umbral, ocultando a mi madre y a la empleada, que lloraban a moco tendido en el hall.
Por primera vez percibí aspectos de la avenida en que vivíamos, de los que jamás me había percatado. Hasta la forma del poste de la luz me pareció diferente. A un gigantesco limonero del jardín del vecino no lo había visto nunca. Caminé con las manos en los bolsillos, el rostro algo encendido, mirando esa calle de tantos años donde descubrí un grifo, el tronco acromegálico de un aromo, detalles algunos que jamás había notado y otros que adquirían dimensiones diferentes.
¿Qué podía hacer con mil pesos en el bolsillo?
Continué caminando sin expectativa alguna, pensando que mi vida de ahora en adelante seguiría así o que siempre había sido así y yo jamás me había dado cuenta. Definitivamente el optimismo, mi principal característica, se había quedado en casa junto a todo lo demás.
Iba sumida en estos lastimeros pensamientos, ignorando que existen cosas peores. De pronto llegué a una plaza que jamás había visto, pero bueno, ya se habrán dado cuenta que mi capacidad de observación no es una de las mejores, en fin, ahí estaba y todo me parecía extraño o porqué no decirlo, un tanto misterioso.
En el lugar habían grandes y frondosos árboles que coexistían con una infinidad de animales, esto definitivamente no era una plaza, mi confusión se debió a que al principio una neblina muy espesa lo cubría todo; miré a mí alrededor, sin embargo no veía nada hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y mi mente se negaba a creer lo que ocurría…
¡Un círculo! Sí un círculo, no obstante no era cualquier círculo, éste estaba formado por un grupo de animales que discutían acaloradamente.

- ¡No y no, no estoy de acuerdo! – gritaba una ardilla.
-Entonces qué haremos con ella – preguntó un ratón refiriéndose a una sombra que estaba junto a ellos.

Esto sí que no lo podía creer, tanto estudiar para comprender otro idioma y ocurre que ahora en fracción de segundos podía entender a los animales, y eso no era todo…

- Hagámosla desaparecer como a los otros humanos y listo – esto lo dijo un lindo canarito.
- ¡Un momento! – exclamé y aquí vino lo peor.

Estoy segura que no lo creerán, ocurre que además de entender lo que decían podía hablar con ellos, por ende traté de convencerlos, porque a esa altura tenía claro que estaban hablando de aquella sombra. Mientras estaba en eso, me di cuenta que no eran animales de carne y hueso en realidad, tampoco tridimensionales, ni nada parecido; eran planos y delgados, eran de papel.
Me contaron algunos de los problemas que habían tenido con los humanos que en un momento determinado cruzaron hasta esta dimensión al igual que esa sombra; unos los rallaron, otros los quemaron, otros, “los peores” como los llamaban, cortaban trozos para coleccionarlos.
Mientras escuchaba, me dediqué a observar detenidamente el lugar, la verdad era que no me resultaba tan extraño como en un principio, de hecho hasta me era familiar. Seguí abstraída en estas cavilaciones, hasta que por fin di en el clavo.

- ¡Ustedes son un aviso, un comercial! Sí el spot que veo cada mañana al pasar en el autobús

Todos me miraron, no entendían mi entusiasmo, tampoco yo, después de todo no sabía cómo había entrado esa persona allí, ni cómo podría salir, así es que puse mayor atención para poder ayudarlos, típico de las historias que una lee, el que ayuda a los demás recibe a cambio alguna recompensa y que mejor que sacar a esa persona de allí.
El asunto era muy simple y sencillo: la sombra era uno de “los peores” tiempo atrás recortó una parte esencial y si no la recuperaban a tiempo desaparecerían todos para siempre, aquella parte era un diálogo en inglés, saqué de mi bolsillo un lápiz y lo escribí. No bien había cumplido mi misión, les pedí que la dejaran ir con una gran sonrisa en mi rostro, por el contrario, ellos estaban furiosos y gritaban que se había cumplido la profecía. En ese mismo instante el canario encendió un fósforo, por lo que logré ver el rostro de aquella sombra, era mi padre; el canario dejó caer el fósforo y las llamas no se dejaron esperar consumiéndolo todo.
Fue espantoso, horrorizada corrí a mi casa, pero ésta estaba toda abrazada en llamas, grité, lloré, sin embargo ya no se podía hacer nada, absolutamente nada.
Mientras bomberos y toda clase de gentes corrían de un lado a otro, llegó la prensa, un periodista se me acercó y me preguntó por lo sucedido, le relaté mi historia y por supuesto no me creyó. Desde ese preciso instante es que me encuentro escribiendo historias para una revista y… el billete de mil pesos es parte de otro cuento.

miércoles, 19 de agosto de 2009

¿Vino a buscar a su abogadito?


Caminaba con mi amiga por un pasillo de la universidad, veníamos de haber conversado con la asistente social, por nuestras cabezas rondaban peticiones, créditos, becas, entre otro montón de información. Pero todo pensamiento se detuvo de golpe cuando al otro extremo del pasillo lo vimos a él, pelo al viento, nariz perfecta, cuerpo bien cuidado; vestía unos jeans de color negro, polera ceñida al cuerpo, también negra y camisa verde olivo abierta.
Caminaba casi sin darse cuenta que lo hacía, totalmente distraído o quizás absorto en sus asuntos, en tanto nosotras fijamos nuestras miradas en él y lo vimos acercarse cada vez más, cuando ya estaba muy cerca pasó entre nosotras, no porque no se hiciera a un lado, sino porque nosotras lo rodeamos, como le dijo el lobo a la Caperucita “para verte mejor…”
Lo dejamos pasar con nuestra vista siempre fija en él, nos dimos vuelta y lo vimos perderse al final del corredor. Entonces nosotras nos miramos, sonreímos y seguimos nuestro camino rumbo a la próxima clase que nos correspondía, no sin realizar comentarios sobre lo que acabábamos de apreciar: “pero qué belleza; es un medio mino, no mejor dicho es un mino; ahora creo que realmente nos visitan seres de otro planeta, aunque creo que éste debe ser de otra galaxia; se pasó; él no es un mino, es un súper mino”. Y con ese sobrenombre, súpermino, quedó para la posteridad.
Lo que más nos llamó la atención era que en esta casa de estudio la mayoría de los tipos eran rubios y bien desabridos, también habían morenos, que eran una minoría común y corriente, pero la generalidad del sector varones se caracterizaban por creerse la muerte, te conocían hoy y al día siguiente si te he visto no me acuerdo, tenías todo un semestre con ellos compartiendo un ramo, pero nada, luego de esto no se acordaban de ti. Creo que esto se daba porque eran puras carreras de pedagogía y la mayoría de los estudiantes éramos mujeres, por lo tanto ellos creían estar en el paraíso, donde cada uno podía tener a unas diez mujeres, o más, a sus pies…no sé si a alguno le resultó.
En fin, este era nuestro súpermino, un tipo regio y estupendo que andaba por la vida sin notar los estragos que causaba a su paso.
La clase fue agradable, el profesor era un viejo sabio, que se manejaba a la perfección, aclarando todas las dudas que se presentaban, cuestionando, empujando al debate y a la reflexión. Estábamos felices. Aún así, había un rumor, se decía que si durante la clase tú interrumpías levantándote para salir, él te miraba y te interpelaba realizando la siguiente pregunta: “¿va a buscar a su abogadito?...” ¡qué vergüenza!
Junto a las carreras de pedagogía estaba la “escuela” de derecho y digo escuela porque ellos no se consideraban una carrera más, sino una escuela; ambicionaban tener una sede sólo para ellos, o por lo menos llegar a la Casa Central de la universidad, con el tiempo sólo consiguieron lo último.
Era fácil identificarlos en el campus, pues siempre usaban vestimenta formal, jamás almorzaban en el casino de la universidad y sólo frecuentaban los pasillos del segundo piso donde tenían sus clases, no se relacionaban con el submundo, ya que eso éramos para ellos.
Un día estábamos mi amiga, otras compañeras y yo almorzando en el casino cuando lo vimos entrar, era él, nuestro súpermino que tomó su bandeja y se fue a sentar por ahí relativamente cerca de nosotras. No lo podíamos creer, no había sido una alucinación, era real y lo mejor de todo era que al parecer estudiaba aquí. Entonces decidimos seguirlo, debíamos aclarar nuestras dudas: ¿era estudiante, qué estudiaba, trabajaba acá, en qué trabajaba, sólo venía a tomar un ramo, qué ramo…?
Cuando él se dispuso a salir del casino, rápidamente tomamos nuestras cosas y caminamos a cierta distancia de él. Confirmando junto a las demás nuestra apreciación, no era un mino, sino un súpermino.
El seguirlo fue entretenido, éramos una especie de detectives y volvimos a ser niñas otra vez, sentíamos que estábamos haciendo una maldad. Al final de este recorrido nos llevamos una gran sorpresa, primero vimos que este monumento de la naturaleza saludaba a un grupo de alumnos de historia, por lo tanto nos hicimos a la idea que esa era su carrera, pero no. Continuó su camino hacia el segundo piso de ese sector, nos miramos y concluimos que iba a una sección de la biblioteca que se encontraba allí, también nos equivocamos, pues se acercó a conversar con un grupo de empaquetados, típicos alumnos de derecho. ¿Qué tenía él que ver con ellos? ¿Qué hacía él con su camisa floreada en medio de ese montón de ternos? ¿Su pelo ondulado con los otros engominados? Para nosotras nada, absolutamente nada.
Descubrimos que estábamos en un error, él tenía mucho que ver, porque era alumno de esa carrera, si bien era diferente, pero no sólo conversó con un grupo, sino que además entró con ellos a clases. Guardamos silencio y caminamos hacia el sector R, donde tendríamos nuestra próxima clase. El profesor ya estaba en la sala, así es que entramos rapidito, sin hacer ruido alguno, todo para evitar que nos dijera algo. En medio de la clase me di cuenta que con esto de creerme detective no había ido al baño y lo único que deseaba era salir siendo totalmente inadvertida por el profesor, evitando así su comentario, ese del que hablaban los rumores.
Me vi de pronto de pie, pasando entre mis compañeras, en ese preciso instante el profesor tosió con el fin de llamar mi atención, se hizo un silencio casi de cementerio, la verdad es que me sentí pulverizada, era un cadáver. En ese silencio se habría podido escuchar sin problemas el revoloteo de una mariposa. Todas estaban allí observándolo a él y a mí. Lo miré, no me quedaba otra:
- Ya que va a la biblioteca, tráigame un ejemplar del libro del que estoy hablando…
Sonreí feliz, claramente no calzaba con el perfil que él tenía de la mujer que iba a buscar un abogadito, pero feliz habría salido a buscarlo…a buscar al súpermino.
Fui al baño, luego pasé a la biblioteca por el encargo, estaba recibiendo el libro cuando veo que a mi lado estaba él, el súpermino, quien me miró sonriendo, yo hice lo mismo, no fui capaz de nada más, sólo de tomar firmemente el libro y salir agradeciendo el instante recién vivido.
Quizás el comentario de mi profesor era “Si va a buscar un abogadito debe hacerlo en la biblioteca”, directamente donde él me envió. Quizás nunca antes alguna estudiante de su clase se había dado cuenta. Quizás él les hacía ver el error en el cual estaban y nunca lo notaron. O quizás fue sólo obra del destino. En fin como sea, lo importante fue que allí día a día mi abogadito y yo nos volvimos a encontrar.

domingo, 9 de agosto de 2009

La vida te da sorpresas

Hay historias e historias, ésta me la relató un amigo, uno que no veía hace muchos años y lo encontré en un lugar cualquiera de esta ciudad.
Caminaba distraídamente por el centro de la librería Manantial buscando un libro para regalar, se me acerca alguien preguntándome por la ubicación de unos libros. Nos miramos reconociéndonos inmediatamente y fuimos a un café cercano para conversar sobre el último tiempo en que no nos habíamos visto.
Mi vida se mantenía casi igual y la de él también, sólo un hecho la cambió…en parte para siempre.
Ocurre que fue un día a visitar a un amigo, previa invitación, de nombre Juan, a quien hace tiempo no veía, llegó a su casa compartiendo un rato con la familia de éste, luego se arreglaron para salir. Una vez listos se dirigieron a un boliche cercano, recordaron anécdotas al calor de unas cuantas cervezas. Después cada uno regresó a su hogar con la firme promesa de repetir aquel encuentro.
Como los buenos amigos que siempre habían sido, no dudó en regresar de sorpresa a la casa de Juan, pero éste no se encontraba allí. Entonces fue al mismo boliche de la otra vez, tomó algunas cervezas, más de la cuenta, con la idea que a lo mejor Juan aparecería. Pasaron las horas y salió zigzagueando del local.
A la vuelta de la esquina había un grupo, unos tipos de no muy buen aspecto, estos lo empezaron a seguir, mi amigo comenzó a caminar un poco más rápido y cada vez más rápido hasta correr, dentro de lo que su curadera se lo permitía, pero le fue imposible escapar.
Lo atraparon, lo acorralaron y dentro de su borrachera se dio cuenta que todos tenían algo raro, algo diferente, cejas depiladas, pelo largo, uñas postizas, barbas rasuradas casi sin contar con pelo alguno, eran hombres vestidos de mujer. Travestis, homosexuales, gays o algo así. El punto es que comenzaron a acosarlo, a quitarle la ropa y no con la intención de robársela.
Comenzó a sentirse perdido, un terror se apoderó de él, gritaba, sollozaba y todo parecía no servir de nada. Su corazón palpitaba a mil por hora, su cuerpo temblaba de manera incontrolable y no era por la desnudez ni el frío.
Cuando sintió que ya nada podía hacer, escuchó unos golpes, unos gritos, logró zafarse de sus captores y arreglarse su ropa. Mientras estaba en eso, ya absolutamente lúcido pudo ver a “gatúbela” dando combos y patadas al más puro estilo Matrix, ella lo miró y gritó su nombre instándolo a huir… ¡era Juan!
Definitivamente ya no quedaba ni una gota de alcohol en su cuerpo, era su amigo, ahora amiga quien lo estaba defendiendo, era él – ella quien le estaba sacando la cresta a todos esos maricones y él no “la” dejaría “solo”, por lo que se lanzó a dar golpes de puños y pies a cuanto gil que se movía. Juntos como en los tiempos del colegio, cuando participaban en cuanta “mocha” había y por lo visto ésta no sería la excepción.
Le sacaron “la mugre” a casi todos, bastó un gesto de “gatúbela” para entender que “soldado que huye sirve para otra guerra”, se lanzaron a la calle a todo correr hasta llegar a la casa de Juan. Una vez allí, entraron preocupándose de dejar bien cerradas todas las puertas y ventanas, todo bien asegurado.
Luego en la pieza de Juan, mi amigo lloró amargamente liberando la angustia y horror que acababa de vivir. Pasó la noche allí, no se habría atrevido a salir nuevamente a aquella selva.
Juan cambió su vestimenta y volvió a ser el de antes, pero ya no sería lo mismo, nunca más, por lo menos no a los ojos de mi amigo. Conversaron sobre este cambio, sobre el nuevo rumbo que había tomado su vida. Mi amigo trató de entender algo que no podía comprender. Aún así comprendieron que su amistad era tan importante que podía sobrepasar esta dificultad o diferencia.
En tanto mi amigo no se cansó de agradecer a Juan el valor demostrado esa noche. Una vez más aliviado, ambos recordaron los pleitos en los que comúnmente se involucraban, rieron hasta quedarse dormidos.
Al día siguiente mi amigo regresó a su casa con la promesa, nuevamente, de volver claro que esta vez teniendo la convicción de que sólo lo haría previa invitación.

jueves, 30 de julio de 2009

Un buen día

Ahí estaba él, como siempre con su aspecto luctuoso, sólo que esta vez lo aciago del momento me causaba un dolor profundo en el pecho.
El paisaje resultaba tenebroso, como pocas veces me había resultado. El cuerpo inerte clamaba auxilio o, quizás, descanso inmediato.
En la esquina apareció un vehículo con fuertes luces y ruido ensordecedor. Bajaron cuatro hombres quienes en forma diligente tomaron el cuerpo y lo colocaron en la ambulancia. Ahí dentro, un sórdido grupo de espíritus merodeaban en espera de su alma.
En tanto, yo pensaba en mi comentario matinal “hoy será un día auspicioso…” y ahora me veía junto a un oligofrénico conductor que hacía aumentar la presión en mi pecho y sentía muy lejanos los latidos de mi corazón.

domingo, 12 de julio de 2009

Cerditos al rescate

Tenían mucho tiempo sin verse, pero el destino los volvió a reunir. Cada cerdito había tomado su propio camino: El menor, el de la casa de paja y músico de profesión, obtuvo una beca para irse a Alemania. Allí tenía su conservatorio y el del medio, el de la casa de madera, de oficio carpintero, se ganó el kino y con ese dinero le regaló una constructora a su hermano mayor. Con el resto del dinero formó su negocio particular…”El chancho con Chaleco”, un famoso restaurante situado en Santiago.
En fin, este reencuentro fue provocado por don Lobo, alias “Chupacabras”, como se le solía llamar en la región. Esta vez tenía atemorizado no solo a los animales, sino que también a los humanos, estos últimos encontraron en sus archivos la gran hazaña del trío de chanchos, y depositaban en ellos todas sus esperanzas para ser liberados, de una vez, de este temible animal.
Los tres chanchitos se juntaron y crearon un plan, pero esta vez no construyeron casas; por el contrario, recordaron que este lobito era muy enamoradizo, por lo que le regalaron un par de pasajes (con estadía incluida) para visitar Buzios, junto a Marlín Lobarí, quien dijo estar dispuesta a todo por su país.
Según relatos de la prensa del corazón, se dice que los han visto juntos, muy felices y haciendo planes para crear un programa de televisión.

sábado, 4 de julio de 2009

Ángel

Estábamos en el departamento de mi abuela como cualquier otro fin de semana. Mi hija estaba afuera y jugaba tranquilamente en el pasillo del edificio. De pronto, giro para observarla mejor y la veo subirse a la baranda del balcón y lanzarse como quien se lanza a una piscina, todo en fracción de segundos.
Yo, sin poder detenerla, corrí escaleras abajo teniendo claro que allá me esperaba lo peor. Seguí corriendo por aquellos peldaños fatigosos e interminables, sintiendo a cada paso un dolor cada vez más intenso en mi pecho.
Al llegar a los pies de las escaleras me di cuenta que mi hija no estaba sola, ni siquiera estaba en el suelo, sino que era sostenida por unos brazos firmes y delicados, todo a su alrededor era luz y calor; sentí una paz y una alegría que no puedo describir.
Me acerqué a ellos lentamente como temiendo interrumpir algo, un diálogo tan maravilloso que sólo a esa edad se puede tener. Él me miró estirando sus brazos para entregarme a mi hija, en tanto yo, sin ser capaz de pronunciar palabras, la recibía con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos. La abracé larga y profundamente mientras él desaparecía…
Desperté de un salto y miré hacia la cama de mi hija, ahí estaba ella durmiendo plácidamente, apoyé mi cabeza en la almohada y recordé aquel extraño sueño, casi pesadilla, que había tenido recién; di algunas vueltas en mi cama y decidí seguir durmiendo, volví a mirarla, pero esta vez tampoco estaba sola, aquella luz estaba nuevamente a su lado.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

domingo, 21 de junio de 2009

Reality


Estos famosos programas donde podemos observar el actuar y sentir de un grupo de individuos encerrados en diversos lugares, han causado, ya hace algún tiempo, conmoción en el televidente. Gente que desea saber más sobre su personaje favorito, que ven a estas personas como ídolos. En fin, una serie de situaciones derivadas de estos famosos programas.
El punto es que siempre algunas personas han vivido en un reality constante, es cosa de mirar a nuestro alrededor para poder observar esto, por ejemplo cuando vas por la calle y ves a una pareja discutir…te enteras de todo, más ahora que existen los celulares. De hecho, hace algunos días atrás iba de camino a casa cuando al doblar en una esquina vi a una mujer discutiendo con su pareja, él le insistía que subiera al auto, pero ella se negó rotundamente y de pasadita le señaló que igual llegaría al sitio donde debían ir y que no le dijera súbete a mi auto si el vehículo “es de tu papá”, dicho esto, dio media vuelta y comenzó a caminar, iba tras de mí, por lo que pude escuchar la conversación que sostuvo con alguien a través de su celular a quien le señaló que acababa de discutir con su esposo luego de dejar a la niña en el jardín infantil y que iría a buscar su auto para llegar al lugar, por lo que llegaría más tarde…frente a esta escena, pensé: “bastaría con que viniera de vez en cuando a pararme fuera del jardín para saber en qué continúa esta historia”. ¿Se han encontrado en ésta u otra situación? Así como por ejemplo cuando vas en un bus y te das cuenta que alguien va contándole a otra algunas situaciones bastante delicadas, que ni loca comentaría en público, pero hay gente que está dispuesta a hacerlo, así fue como supe de una tipa que engañaba a su marido y las cosas que hacía él mismo para tratar de descubrirla y nunca le resultaban, ya que le comentaba a su mejor amigo las cosas que haría para pillarla…ella lo engañaba con su mejor amigo.
El reality es parte de nuestra vida, siempre encontrarás personas dispuestas a mostrar su vida en público y a otros dispuestos a seguirlos…sólo que ahora cuentan con la TV e Internet.

domingo, 14 de junio de 2009

Penas

En respuesta a nuestra segunda encuesta ¿Qué haces cuando sientes pena?
Aquí van seis relatos breves de situaciones tristes que suelen cruzarse por nuestras vidas. Al finalizar visita el enlace de la canción que acompaña ha alguna de estas historias tristes.
Pena 0

¿Por qué no me quieres? Sólo necesito saber eso, yo, que apenas esperaba a un hombre cinco minutos y si no aparecía me iba…ahora soy capaz de esperarte días, dos meses, tres años, sin pensar siquiera que puedo levantar una piedra de la cual aparecerán veinte que desean estar conmigo. Y aquí me tienes, seca, pero aún así llorando y esperando por ti.

http://www.youtube.com/watch?v=Kp3S68AdPbA&NR=1 “Quiero ser poeta” Jarabe de Palo

viernes, 5 de junio de 2009

Pena 1

Te has llevado todo: mis ganas de dormir, mi risa con ganas y carcajadas, mi llanto, mis bríos para escribir en plena madrugada…todo de todo. Pero ¿sabes? A veces vuelven, claro que sólo cuando estás tú, cuando te sientas frente a mi y me observas mientras te hablo o cuando despierto a media noche, pero ya no para escribir, ni siquiera se me cruza una vaga idea por la cabeza, sólo te miro mientras duermes y respiro muy profundo, como tratando de absorber todo aquel encanto que me ayudará a sobrevivir en los días en que tú no estarás y porqué no decirlo, para llevarte en mi el resto de mi vida que pasaré sin ti.
Sólo te pido una cosa, devuélveme mi inspiración, creo que por error te la llevaste y no sabes cuanto la necesito, más aún en las noches de insomnio y vacío. Claro que si no es molestia, mis lágrimas y risas también se sentirán mejor conmigo, no se ve bien quedarse con lo ajeno.

viernes, 29 de mayo de 2009

Pena 2

Esto no tiene nada que ver contigo, absolutamente nada, es decir no es sobre ti, es algo muy diferente, es una cosa muy distinta. No es contigo, tu persona no está involucrada en esto, definitivamente no lo está, por eso es que quiero que comprendas que esto…no tiene nada que ver contigo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Pena 3

Aquí estás otra vez, aquí justo a mi lado, aquí dentro de mí. La verdad es que ya ni te recordaba, no tenía la menor idea de que siempre estuviste por allí o por allá rondándome y ahora que te veo, que te siento, me doy cuenta que te conozco tanto, tanto que no deseo tenerte aquí, quiero verte lejos, muy lejos y sé que la esperanza se sobrepone a ti y te hará retroceder y desaparecer, soledad.

http://www.youtube.com/watch?v=vzpAFSw9V-s&feature=related “Te miro y tiemblo” Jarabe de Palo

martes, 19 de mayo de 2009

Pena 4

No me toques, pues tus manos se irán llenas de mí y cuando ellas rocen otra piel sentirán que están en el lugar equivocado.
No me beses, pues tus labios se irán llenos de mí y junto a otros labios sólo sentirán un tremendo vacío.
No me mires, pues tus ojos se irán llenos de mí y no verán a nadie sino sólo a mí.
No me escuches, pues tus oídos se irán llenos de mí y no escucharán otra voz más que mi voz.
No me inhales, pues tu nariz se llenará de mí y sólo sentirá mi aroma.
No te acerques, pues tu cuerpo, tu cuerpo entero se llenará de mí y cuando ya no estés y cuando ya no estemos juntos, me extrañarás y no podré hacer nada, no te podré ayudar, pues mi piel, mis besos, mi mirada, mis oídos, mi aroma y mi alma entera, se han ido contigo y me han dejado sola.

http://www.youtube.com/watch?v=x5HqLxPoFSs&NR=1 “Adiós” Jarabe de Palo

domingo, 17 de mayo de 2009

Pena 5

Pensé que te había perdido, siempre lo sentí así.
Pensé que te alejaba cuando no contestaba tus llamadas, cuando no asistía a nuestras citas, cuando rechazaba tus invitaciones, cuando te respondía con monosílabos.
Pero ahora, recién ahora me doy cuenta que no te perdí…porque la verdad es que nunca te tuve.

http://www.youtube.com/watch?v=hRXWeedkC_0&feature=related “Completo incompleto” Jarabe de Palo

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

jueves, 7 de mayo de 2009

No dije nada

Hace algún tiempo atrás resulté ser la Yolanda Sultana para mis amigas. Cualquier vidente era una alpargata al lado mío y todo por una seguidilla de comentarios asertivos y bien intencionados que brotaban de mis labios frente a cualquier situación. Era casi como quedar en estado alucinatorio y decir todo lo que venía a mi mente, así, sin pensar nada, sin meditar en absoluto aquellas frases.
Mientras salían de mis labios palabras simples y rápidas, el rostro de mis amigas lo decía todo, algunos desencajados, otros fascinados, pero todos luego del trago amargo o dulce siempre agradecidos.
Todo terminó la ocasión en que Mili tuvo la mala idea de llevar a mi casa a cada nueva adquisición, esperando durante cada visita alguno de mis comentarios. El problema es que los tipos eran un chiste, alguno más agradable que otro, pero un chiste.
Lo más curioso es que a todos yo, de una u otra forma, los conocía o ellos me conocían de antes. Este detalle despertó la molestia de Mili, quien al momento de darse cuenta que los tipos me ubicaban de alguna forma, decidía de inmediato ponerle término a la relación.
El primero fue Alex, ella le mostró mi casa señalándole que allí vivía una amiga, él me nombró de inmediato y mientras pronunciaba mi nombre hubo un brillo en sus ojos que molestó bastante a la joven. Luego que cada uno regresó a su hogar, Mili salió derechito a mi casa, al verme dio inicio a un largo interrogatorio sobre un tal Alexi: que él decía conocerme, que nuestras madres eran amigas, que yo siempre iba a su casa y…en fin ya llevábamos más de media hora en preguntas y preguntas, pero yo seguía sin saber de quien me hablaba, hasta que le pregunté donde vivía este tipo y ahí por fin supe de quien se trataba, confirmando lo planteado por él.
Fue lo peor, no debí hacerlo, pero mi bocota me jugó una mala pasada. Al día siguiente tenía frente a mi puerta a Mili y Alex, casi una pareja feliz, sólo que ella durante toda la visita se dedicó a mirarnos, cualquier gesto o detalle le resultaba una gran verdad, su verdad.
En tanto para él y para mí sólo fue un grato reencuentro luego de varios años de ausencias, recordamos algunas historias y reímos a carcajadas. Fue una tarde agradable como las de antes.
Al tiempo después Mili fue a mi casa, conversamos de diversos temas hasta que apareció él en este diálogo y nada, me dijo que habían terminado, que ella había decidido que era lo mejor, que se dio cuenta que esto debía ser así cuando me escuchó nombrarlo. Casi me caí de poto al oír este comentario y ella se fue a su casa.
Durante semanas recorrió mi mente este comentario hasta que caí en la cuenta. El punto no era el modo en que yo lo nombré, es decir no aparecieron en mis ojos corazones ni nada de eso, no hubo en mí nada que le indicara a ella que yo le quisiera quitar a su mino. Sentí un gran alivio.
El punto fue que después de tanto darle y darle vueltas me di cuenta que ella siempre lo llamaba Alexi, en tanto yo lo nombraba Alex, de la misma manera que lo hacía la madre y la hermana de él. He ahí.
No pasó ni un mes cuando nuevamente la tuve frente a mi puerta con otro, esta vez un tal Mario, un charlatán de mala muerte bastante desagradable. Durante el rato que conversamos, más él que nosotras, supe todo sobre su vida, donde vivía, sus gustos, su signo del zodiaco, en fin todo. De pronto, sin discusión alguna, sin comentario inapropiado ni nada Mili se dio media vuelta y se fue.
Estupefacta la vi alejarse mientras el idiota continuaba hablando y hablando, lo miré directamente a su cara y le dije ¡oye síguela! Acto seguido lo tomé del brazo y lo empujé. Sin más nada que hacer, giró sobre sus talones y se fue tras ella.
Al día siguiente fue ella quien me tuvo a mi frente a su puerta, con cara de pocos amigos le señalé que ese cachito era de ella, por lo tanto si ella lo traía ella debía llevárselo.
Pasó el tiempo y otra vez llegó a mi casa con el charlatán, ocurrió casi lo mismo, sólo que esta vez cuando ella se fue él hizo caso omiso a mi exigencia de seguirla, es más, se encogió de hombros y siguió hablando como si nada. Pero como yo no estaba dispuesta a escucharlo, ni disfrutaba de su compañía mucho menos si Mili no estaba allí, abrí la reja y entré a mi casa cerrando la puerta tras de mi dejándolo allí parado mirando como yo me alejaba.
Mucho tiempo después nos volvimos a ver con Mili, pero no hicimos ningún comentario sobre lo ocurrido ese día, nuestra conversación fue absolutamente trivial.
Como en la cueca, no hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera, al poco tiempo ya la tuve frente a mi puerta con otro tipo, que al conversar con él me di cuenta que era bastante simpático y absolutamente distinto a los demás. Él no hablaba de él, hablaba de su familia; él no hablaba de las cosas que le gustaban, sino que nos preguntaba nuestras preferencias. Así pasó el tiempo, los días, las semanas, hasta que de pronto un día cualquiera divisó a mi mamá… ¡la conocía! Ese fue el punto final para aquella relación, todo iba a las mil maravillas, era un tipo guapo, simpático, pero lamentablemente al igual que los otros me conocía y ese fue su pecado. No entiendo aún qué problema había en eso, pero que era terrible para ella, lo era.
Todo no termina aquí, al poco tiempo otra vez estaba frente a mi puerta, no sabía si abrir o salir arrancando a más no poder, ya que el nuevo, también me conocía de antes, él fue un compañero de la enseñanza básica, con suerte alcanzamos a estar juntos uno o dos cursos.
Producto de toda la experiencia vivida anteriormente sólo me dediqué a observarlos y a no emitir comentario alguno…me fue bastante bien.
Al tiempo Javier, que así se llamaba, y Mili se casaron, pero no vivieron felices para siempre. Si bien la salvé en reiteradas ocasiones, no estaba dispuesta a continuar con esta tortura, por lo que mientras más veces ella lo llevaba a mi casa mi silencio y falta de comentarios eran mayores. De hecho fui a su matrimonio por la iglesia sin decir ni media palabra y sentí un alivio inmenso al escucharlos decir sí, pero seguí sin decir nada. No fui a la fiesta, pero lo celebré con ganas y sin comentar nada. Incluso me reí porque Javier se casó de blanco, pero yo no dije nada.
En el fondo sólo deseaba que ella tomara la decisión que considerara más adecuada y no que se guiara por lo que yo pudiera decir. Además me parecía bastante ridículo el que ella los desechara única y exclusivamente por conocerme o por alguno de mis comentarios.
Me alegra haber aprendido la lección ¿cuál? Pues una muy simple y sencilla que dice que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, por lo que mi silencio se ha mantenido intacto, salvo hasta hoy donde les puedo contar que verlo llegar de blanco me dio la señal más clara y directa que de santo no tenía nada.
Este novio mantenía un empleo común, pero al llegar el fin de semana siempre le tocaba cerrar. Desde el principio de su pololeo Mili creyó esto a ojos cerrados y durante el primer tiempo de casados también, pero poco a poco fue notando la existencia de ciertos detalles que la llevaron a descubrir que su blanco y radiante novio era un…Una tarde cualquiera lo esperó a la salida de su trabajo, totalmente oculta, con el firme propósito de seguirlo y descubrir la verdad, pues tal cual como ella lo imaginaba, él salió del trabajo a la misma hora de siempre, pero no caminó hacia la calle donde debía tomar el bus en dirección a su casa, sino que caminó en el sentido contrario y entró a un local. Mili esperó un instante afuera, hasta que vio llegar a un grupo de mujeres y se coló entre ellas.
Adentro estaba todo a media luz, se sentó en la barra y pidió un trago, definitivamente lo necesitaba. Cada vez fue llegando más y más gente, la mayoría mujeres. Pasado un rato cambió la música, apareció un animador quien daba la bienvenida a todas esas mujeres que visitaban el local, luego con voz estridente presentó lo que todas esperaban y, apareció él, sí el esposo de Mili, en ese instante todo fue uno para ella, las luces, la música, el baile, la ropa tirada en el escenario, las mujeres gritando enardecidas, los cientos de billetes atrapados en los calzoncillos, perdón en los diminutos calzoncillos de Javier.
Mili sólo miraba y creía estar soñando, entonces decidió regresar a casa. No supo como llegó a su casa, pero lo hizo. Tomó sus cosas y se fue a casa de sus padres sin decir ni media palabra. Javier no la buscó, pues entendió perfectamente lo que ocurría.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)

jueves, 23 de abril de 2009

Carta para mi mejor amiga

Hola flaca ¿cómo estás? Sí, sí, sé que te molestará el que te diga flaca, pero déjame decirte que lo estás, aunque tú sientas lo contario. Hace algún tiempo nos encontramos en la calle y sentí nostalgia de esos días y tardes enteras que pasábamos juntas, de nuestros secreteos y confesiones profundas.
¿Recuerdas cuando íbamos al cine? éramos fanáticas del Normandie, de esas butacas duras como palo, pero nada importaba, ni siquiera la película, sabíamos que sería buena, sabíamos que una vez que terminara seguiría nuestra crítica, nuestros comentarios que movían el mundo. Nosotras dos juntas seríamos capaces de cambiarlo. Juntas llorábamos a moco tendido en esa sala. Seguíamos las películas de nuestros directores favoritos. Éramos también feministas, las más fuertes y potentes. Leíamos unas revistas que llegaron a mis manos “Fempres” las devorábamos haciendo nuestros propios análisis y comentarios. Feministas de toro y lomo, eso es lo que éramos.
“Todas las mañanas del mundo” ese fue el título que nos impactó, por lo tanto fuimos a verla…preciosa, música bella y tristeza, fue todo lo que a grandes rasgos puedo decir que sentimos.
Estábamos conectadas, siempre recuerdo cuando fuiste a la universidad, un tremendo edificio ¿cómo me ibas a encontrar? pero lo hiciste, sabías perfectamente que me encanta leer, por lo tanto tu paso firme y seguro se encaminó directamente a la biblioteca, pero ja, ja, las cosas de la vida, yo, mala para comer como siempre he sido, estaba en el casino y algo me hizo salir cruzando el patio y allí encontrarte …y juntas nos fuimos al cine, en ese tiempo ¿era azul, blanco o rojo? cualquiera de las películas que pertenecían a la trilogía de Kieslowski, estábamos fascinadas.
Nuestras vidas se unieron en el tiempo del colegio, luego nos distanciamos, pero luego nos volvimos a encontrar y siempre ha sido así, pero esta vez te noté distante, lejana. La vida te dio una dura lección y sabes que te avisé de ella ¿será por eso que te noté tan inalcanzable?
El que estés delgada quizás es lo de menos, mas tus ojos denotan dolor, pena y cansancio. Siempre guardas silencio, siempre te guías por el qué dirán y sabes que eso no te ha ayudado mucho. También sabes que una vez que yo abra la boca las palabras se atropellarán por salir y a borbotones saldrá lo que me imagino no deseas escuchar. Entonces sabes que puedes contar conmigo, tanto como yo cuento contigo AMIGA.
Esta carta y esta canción son para ti.

http://www.youtube.com/watch?v=nS6N6zq7DkU&feature=related
“Grita” Jarabe de Palo

sábado, 18 de abril de 2009

La menstruación

¡Qué rico! ¿Es esa a caso la alegre y típica expresión de una mujer en aquellos días? pues lo dudo, a menos que crea estar embarazada y obviamente no lo desea.
Porque una fémina en su sano juicio dudo que se sienta muy feliz, más aún cuando te duele todo y aquellos que te rodean te molestan y sólo deseas estar muy lejos, en una isla tan solitaria que ni siquiera cuente con palmeras.
Es cosa también de recordar esos característicos comentarios que recaen sobre ti justo cuando tu mente había logrado sobrepasar la barrera del dolor:
- ¡uuuh, qué pálida estás!
- ¿te duele algo?
O alguno de esos comentarios soeces cuando no hablas, no haces, ni actúas como los demás desean:
- No, déjala anda con la regla - esto es casi como “no te preocupes está loca, está enferma
pero no es contagioso”…creo que definitivamente prefieren estar cerca de un borracho odioso a estar junto a una dama en su periodo menstrual. No es que yo odie esta etapa…es sólo que prefiero no hablar de ella.
Aunque sí debería hacerlo, ya que me serviría para liberar todas aquellas energías negativas que de ella se desencadenan, por ejemplo decir lo desagradable que es tenerla en el verano o cuando tu trabajo queda tan cerca de tu casa que vas en bicicleta y andas con ella. Cuando estás lista para tu paseo de fin de año y…te llega, peor aún, cuando tienes listos los preparativos para una noche romántica y…te llega o cuando tienes listas tus maletas, pasajes, felices vacaciones y…te llega.
Ni hablar cuando llega esa amiga buena honda que te señala que no te debes preocupar, que para eso ahora existen los tampones ¡admiro a aquellas que los pueden usar! Cómo lo hacen, que separa las piernas, que dobla un poco las rodillas, que respira profundo o mejor no respires, que mételo con cuidado, que hazlo rápido, ¡qué terrible!
Pero obviamente me alegro porque los tiempos han cambiado, no como cuando nuestras madres, abuelas y bisabuelas eran jóvenes; ellas no se podían bañar, pues según los expertos de la época se enfermaban. Usaban pañitos, que claro, como no estaban adheridos a su ropa interior era bastante probable que se corrieran y les quedara la escoba, es decir quedaran todas manchadas con sangre y lo peor, había que lavarlos.
Por suerte en mi periodo más fatal, cuando aún no sabía que las pastillas anticonceptivas no sólo servían para no tener hijos, sino que también te ayudaban a regular tu menstruación y hacer desaparecer el dolor. Estuve cerca de una muy buena amiga, con ella nos burlábamos de esta pesadilla, le sacábamos la lengua al dolor y reíamos a carcajadas.
Dicen por ahí que es muy común que en lugares donde hay varias mujeres, éstas terminen teniendo la menstruación en la misma fecha; no sé si es verdad, hasta hoy no lo he podido comprobar, pero nosotras comúnmente coincidíamos en la fecha y si no, pues nos daba lo mismo. Entonces nos juntábamos en mi casa para realizar un secreto del tiempo de nuestras abuelitas, era muy simple y sencillo, bastaba con tener cerca unos vasos y una botella de licor de manzanilla, este licor superaba con creces a las agüitas de manzanilla tradicional. Nos servíamos un vaso para cada una y a la salud de nuestra querida menstruación lo bebíamos disfrutando su exquisito sabor.
Así el malestar y el dolor pasaban a segundo plano, ya que cada trago estaba acompañado de una larga y entretenida conversación. Se los recomiendo.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

sábado, 4 de abril de 2009

Trans - agrio

“Cambia todo cambia, cambia todo cambia…”

Esta preciosa canción fue utilizada como parte de la propaganda de la transformación que se realizó al medio de transporte público en Santiago.
Todo era magnífico y color rosa. Buses a todo trapo, cuyas puertas sólo podían abrirse al detener la marcha. Los pasajeros viajaban sentados, con una frecuencia de recorridos suficiente y hasta con Zamorano al lado.
Un 12 de febrero se dio inicio al flamante proyecto, ese día y los que siguieron quedó la escoba. Una serie de comunas habían quedado sin locomoción y otras que tenían no daban abasto.
Era tragicómico enterarse a través de las noticias que muchos de los conductores no llegaron a su lugar de trabajo por no tener locomoción ¡plop! Estamos en el país de Condorito.
Mientras algunos celebraban el poder salir a realizar un trámite pagando un solo pasaje, otros se quejaban que debido a la cantidad de trasbordos y el tiempo de espera, gastaban más que antes.
Todo un proyecto que prometía un viaje cómodo y rápido, que nos permitiría estar más tiempo con nuestra familia. Aún recuerdo el comercial que presentaba a un papá llegando temprano a casa, a ese abuelito que viajaba sentado…sólo era publicidad, un montaje como de teleserie.
Pero todo no es malo, muchos escolares ganaron espacio, estos conductores sí los llevan y hasta algunos los saludan de manera cordial. Otro punto a favor es que se detienen en los pasos de cebra…claro que hay excepciones.
En fin, que hubo cambio, lo hubo; que no fue el mejor, no lo fue; que han sucedido cosas descabelladas y otras que más vale reír, es así.
Una de ellas fue cuando uno de los buses troncales quedó atorado en un paso bajo nivel. La gente miraba la escena y esbozaba una sonrisa mientras se detenía a ver qué iba ha suceder…y creo que aún estamos esperando...

sábado, 21 de marzo de 2009

Mi fin de semana inolvidable

Eran las tres de la tarde cuando sonó de improviso el teléfono, una voz familiar me invitaba del otro lado del auricular a una aventura que no podía rechazar.
El viento se sentía en los oídos e iba traspasando mi piel, estábamos en la cima de un cerro a punto de lanzarnos en parapente. Mi estómago subía y bajaba de la emoción o mejor dicho del miedo. Sabía que si tomaba mal una de las correas el FIN sería desastroso; sin embargo, la sensación adrenalínica era mayor y mi cuerpo sólo quería saltar al vacío.
Como el alado Ícaro sentí el fuego en mi rostro, ansiosa de aprehender las nubes entre mis manos pasé sobre ellas. Mi vista se nubló producto de la emoción, yo era un ser tan pequeño ante tanta inmensidad, una hormiga perdida que flotaba en el aire, rumbo a quién sabe dónde.
Entre tanta maravilla me pregunté por aquel sujeto que me había invitado a esta inolvidable experiencia, miré hacia la tierra y de pronto vi un punto amarillo en medio de la nada, era él que descendía hacia la tierra, rápidamente me puse a su lado y vi en su rostro la misma perplejidad, emoción y admiración que hace unos pocos instantes llenaba cada centímetro de mi pobre humanidad.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)

sábado, 7 de marzo de 2009

La guerra de las teleseries

Marzo no sólo es entrar a la escuela, pagar patente, fin de las vacaciones, etc. también incluye una guerra y no es un conflicto cualquiera, es uno en el que debes decidir qué harás de 20:00 a 21:00 hrs. durante todo un semestre.
Tu elección sin lugar a dudas es trascendental, porque de ella dependerá tu integración al medio social que te rodea.
Las bromas, apodos y temas de conversación girarán en torno a la teleserie favorita del momento. Si tú no dominas el tema quedarás absolutamente fuera de la conversación. Por suerte en ocasiones muestran el día domingo el resumen de la semana, así podrás “ponerte al día” en caso de cualquier cosa.
Hay personas que ven los dos o más “culebrones” que presentan los diferentes canales de televisión, por lo que se meten en cuanta conversación se les presente en el día y si eso no ocurre, ellos lo provocan y como las ven todas, nadie se escapa de sus opiniones.
En general, yo no veo ninguna, ya que por opción no participo de ninguna guerra, por lo tanto, el que quiera conversar conmigo perderá su tiempo si trata de engancharme por medio del comentario de una de aquellas telenovelas.
Siendo así, paso a engrosar la lista de los que nos rehusamos a formar parte de aquella adicción y la llamo “adicción” porque termina como una necesidad en la vida de las personas.
¡Ojo! No estoy diciendo que las telenovelas chilenas sean malas, de hecho considero que tenemos excelentes actores y actrices. Lo malo está en que si has visto una las has visto todas, son muy pocas las que han causado expectación en el público por su trama innovadora.
Pero ahora los dejo, ya que están por comenzar los Exitosos Pells y Cuenta conmigo, te quiero a morir.

domingo, 1 de marzo de 2009

Este es mi rollo

En respuesta a nuestra primera encuesta... ¿Qué tan importante es el papel higiénico en tu vida?
Apareció de pronto, yo sólo entré al baño y él ya estaba allí, tan pálido, pequeño, con su cuerpo sin expresión, pero aún así me miró y me sonrió, no lo podía creer; ahora sí me había vuelto loca, pero de inmediato recordé que siempre los locos creen no estarlo, sentí algo de alivio, no fue mucho, pero algo es algo ¿no?
No pude hacer lo que mi cuerpo pocas veces me pide, pues tendría que ocuparlo a él y su mirada había penetrado en mi corazón, lo tomé y lo saqué de aquel lugar frío, solitario y a veces con mal olor. Como debía ir a la universidad lo llevé conmigo, lo deposité en mi mochila y partimos felices, hasta que en la micro escuché una vocecilla que decía:
- ¡Déjame salir, yo también quiero mirar!
Miré a mí alrededor y toda la gente se veía tan concentrada en sus propias vidas que no sabía quien había hablado.
- ¡Eh, soy yo, el papel higiénico que sacaste del baño!
No lo podía creer, era él quien me hablaba, abrí rápidamente la mochila, vi su rostro inexpresivo, pero yo sabía que estaba triste y que deseaba distraerse un poco, conversar con alguien o simplemente mirar el paisaje.
Lo levanté un poco, de manera que pudiera mirar y que a su vez los demás no se dieran cuenta de lo que yo estaba haciendo. Quise hablarle, pero algo me detenía, quizás el miedo, la vergüenza, el ridículo. Estaba en ese dilema cuando…
- No me hables aquí, ellos a mi no me escuchan, pero a ti sí. Sólo déjame mirar por la ventana.
Lo levanté un poco más y al quedar cerca de mi boca le susurré:
- Cuando lleguemos a la universidad encontrarás a más de los tuyos.
Creo que se alegró. Al llegar, me fui directo al baño, para mis amigas esto no era nada nuevo. Lo saqué de mi mochila y liberé a sus compañeros rompiendo las cajas metálicas en las que estaban encarcelados esperando su pronto y a su vez lento fusilamiento, cuyo verdugo sería cualquier poto o vagina, si no ambos al mismo tiempo.
¡Qué cruel fin! Me dije a mi misma, por eso hice lo que hice, y así continué en cada baño de aquel centro de estudios, centro del saber, que no sabían nada, sus estrechas mentes ni se imaginaban el dolor de aquellos rollos, sólo yo fui la iluminada, la elegida para apreciar y combatir en esta lucha.
Aún mantengo mi postura, mi amigo sigue conmigo, los demás recorren el mundo buscando a otros como yo. Es cierto que ya no tengo amigas, dicen que huelo algo raro y que además tengo un tic bastante desagradable…me rasco constantemente el trasero.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)

viernes, 27 de febrero de 2009

Viña es un festival...

Nuestro querido y odiado festival, dependiendo del ojo que lo mire,pero en este instante más que irme en la profunda quiero resaltar algo que me llama la atención, sin extrañarme en lo más mínimo, el gran despliegue noticioso que despierta un par de siliconas. Nada nuevo dirán ustedes.
No voy a empezar a desmerecer a la chica que las lleva, pues ese no es mi estilo. Creo que por el contrario, la voy a defender o simplemente opinar, pues todos los reportajes centran su atención en la cantidad de cirugías que se ha practicado, en el sin número de ejercicios que realiza diariamente, en la estricta dieta que mantiene y demases.
Todo un estudio proyectado hacia el desmembramiento de la diva, que logra que el espectador esté más pendiente de esos detalles que la hacen parecer como la típica modelo tonta. Debido a ello salgo en su defensa, porque ¿qué sería de ella sin todos esos pequeños retoques?
Pensémoslo mejor, un médico para ser reconocido, no sólo debe tratar bien a sus pacientes y lograr su mejoría, sino que además y para conseguir esto último, debe perfeccionarse, es decir anexar a sus siete años de estudios, unos cuantos más para especializarse...él invierte en su carrera.
El dueño de un negocio, por ejemplo un supermercado, realiza estudios de marketing que lo ayudarán a que sus productos se vendan más y mejor...él invierte en su negocio.
Es aquí donde destaco la diferencia que se hace, no sé si será por el hecho de que es mujer, pero esta joven, al igual que cualquier dueño de una empresa se dedica a invertir en su negocio, mas ¿de qué consta su empresa? pues está bien claro, su gran capital y producto es su cuerpo.
Podemos entrar en toda una discusión filosófica e incluso hablar de machismo, pero no apuntemos a eso, sólo pensemos que como dueña de una empresa ha hecho una buena inversión y gracias a todos aquellos que están dispuestos a comentar, es decir publicitar sus atributos o comentarios en general, donde ahora me incluyo, ella logra abrirse paso y ganar unos cuantos billetitos.
Ella invierte y gana, tan tonta como desea parecer no lo es... ¡qué mejor! ojalá todos los negocios fueran así de fantásticos, más aún en tiempos de crisis.



martes, 17 de febrero de 2009

Juntos para siempre

Nos quedamos en Londres, con sus adoquines y construcciones antiguas, intacta al progreso. Temblábamos aún, pero la alegría nos embargaba, poco nos importaba el que dirán; era nuestro día, bendecido ahora por el cielo, pues vino la lluvia intensa y mojadora. Jamás creí que lo haría; sin embargo, cuando su rostro palideció giró sobre sus talones y echó a correr, lo seguí dejando atrás la iglesia de San Francisco. Nadie nos siguió porque al fin y al cabo todos lo esperaban, menos ese joven sacerdote que dispuesto a celebrar nuestra unión, sólo tuvo que contentarse con contemplar incrédulo nuestra huída.

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viernes, 6 de febrero de 2009

El amor está en todas partes

Entré como de costumbre a tomar mi baño diario. Di el agua, arreglé la cortina y me metí bajo el chorro de agua. Estaba en eso cuando la cortina empezó a acercarse a mí, la corrí y cada vez se me pegaba más y más. La agarré con ambas manos, la tironeé y le eché un par de rosarios al más puro estilo chileno. De pronto, todo fue uno, resbalé casi como para caerme en la tina…ahí comprendí, entendí todo, absolutamente todo.
Entonces me terminé de bañar en silencio, totalmente callada, tomé la toalla y salí del baño. Luego de vestirme, salí a caminar, comprendí que debía meditar lo ocurrido…sí, la tina y la cortina tenían un romance, pero ¡cómo! Si ambas eran eso, pertenecen al rango femenino o es que entre los objetos son todos asexuados y al fin y al cabo qué me importaba, quién era yo, quién soy yo para lanzar la primera piedra…así seguí razonando durante mi larga caminata. Al llegar a casa entré directamente al baño, me senté en la taza, pidiéndole las respectivas disculpas y les expresé, a cortina y tina, mi máxima comprensión, no me respondieron nada, todo estaba en absoluto silencio, ni siquiera el eco quiso hacer resonar mis palabras para que quedaran un instante dándole mayor solemnidad a este reencuentro, yo y mi baño.
En fin, el tiempo ha pasado, la cortina no se ha vuelto a pegar en mi cuerpo, ni la tina me ha provocado algún tipo de resbalón…pero aún tengo la misma duda que en un principio… ¿cómo mierda lo hacen?

(Registro de propiedad intelectual n°177787)