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sábado, 29 de octubre de 2011

Apis Mellifera


Ayer vi la película “Bee movie”. Lloré un poco, pero luego me recuperé y tomé la drástica decisión de salvar al mundo. Dentro de estos días me corresponderá hacer guardia en la piquera y desde allí defenderé mi hogar. La verdad, no me molesta si vienen algunas hormigas a robar nuestra miel, pues son bastante organizadas y laboriosas, pero los hombres ¡se la llevan gratis!
¿Les dije en algún momento que soy una abeja? Me imagino que sí. Debo organizar pronto un plan que permita abastecer a la colmena y de pasadita desarrollar un negocio de exportación de los productos estrella: miel, propóleo, polen, cera, jalea real y otros.
Cuando cumpla veintidós días de edad saldré a polinizar y a recoger polen y néctar algunos de los productos necesarios, allí aprovecharé para hacer los contactos que se requerirán para el negocio. A los cuarenta y cinco días de edad podré morir tranquila.

viernes, 17 de diciembre de 2010

El abuelo


(¡Feliz Cumpleaños!)

Iba el abuelo con paso cansino llevando a su Calandria de la mano, al llegar al bar de la esquina entran acercándose a la mesa del rincón.
Allí el anciano sentó a su lado a la niña con nombre de pájaro, ella, una grácil pequeña de no más de cuatro años, de largos rizos dorados, bebía su mamadera mirando jugar al viejo una partida de dominó junto a sus amigos.
Luego, de camino a casa, la pequeña mira con ojos intensos y crespas pestañas a su abuelo, va feliz; lleva un gran tesoro en sus bolsillos.
Al anochecer llegó La Muerte a jugar una partida y ganó el juego. La niña metió sus manos en sus bolsillos y sacó su tesoro, colocó junto al anciano todas las tapas de botella que había recogido en el bar. Le cerró los ojos y besó su frente.

domingo, 20 de diciembre de 2009

El costo de la fama

Soy famoso, absolutamente famoso. Los chicos de la escuela al principio sólo me miraban cada vez que pasaban por mi lado, pero luego se corrió la voz y ya no era uno que otro el que me venía a ver, ahora eran cursos completos que se asomaban tratando de conseguir el mejor lugar.
Algunos me tomaron fotografías, otros grabaron videos haciendo comentarios sobre mí y realizando entrevistas a aquellos que estaban en el lugar. Todos querían opinar, hablar algo de mí o dar su versión de los hechos. Incluso se realizaron apuestas de manera improvisada.
Todo iba bien, de maravillas se podría decir, hasta que como siempre no faltó el aguafiestas, que al enterarse, corrió por los pasillos hasta llegar a la oficina del inspector, pero éste no se encontraba allí, lo que me otorgó más tiempo de vida.
El soplón era un estudiante, de esos que nadie ve, esos que no tienen cara ni de buenos ni de malos, ni gordo ni flaco; era de los calladitos y óiganme bien, a esos hay que tenerles miedo o por lo menos cuidarse, sino miren lo que me ocurrió a mí.
El tipo, porque para mi gusto era un mala clase, continuó corriendo por los pasillos, patios y salas del colegio hasta que encontró al inspector, con las ideas y palabras atragantadas en su boca le relató lo sucedido. El inspector a medida que escuchaba la versión de los hechos intentaba no reír, pues él era la autoridad, pero los recuerdos de su tiempo de estudiante se le vinieron a la mente.
Luego de escuchar al soplón, se apoderó de él la rectitud y caminó con paso acelerado hacia donde estaba la multitud. Me miró fijamente, en su rostro no se divisaba ningún gesto, era un rostro imperturbable. Levantó la vista buscando entre mis admiradores al culpable, pero sabía que así, a simple vista sería imposible.
Les ordenó a todos que se fueran a sus salas, que esto no era un espectáculo y que hallaría al responsable. Entonces, buscó insistentemente con su mirada a alguien que no estaba, pero a su lado estaba el estudiante soplón, quien debió como todos los demás irse a su sala, mas lo típico de los chupamedias es creerse absolutamente necesarios y no alcanzan a distinguir que sólo los consideran para los mandados.
El inspector le pidió que fuera a buscar al hombre del aseo. En esta oportunidad el chico parecía volar de lo ansioso que estaba de cumplir con el mandado. Una vez que llegó con el señor del aseo, el inspector le pidió que se retirara a su sala, ahí yo me reí, en tanto él me dio una mirada de asco y se fue, no sin antes escuchar a sus espaldas la indicación del inspector: “dile a tus compañeros que tengo identificado al responsable”…el joven me miró esbozando una leve sonrisa.
Los dos hombres cuando quedaron solos hablaron largamente de mí, lo sé porque, a pesar que no lograba oírlos, constantemente me lanzaban furtivas miradas. Después de un buen rato se me acercaron, el inspector cada cierto intervalo hacía el ademán de taparse la nariz, mientras le comentaba al aseador que lo mejor era realizarme una prueba de ADN, con ella tendría en sus manos al “malandrín”.
- Pero pa’ qué iñor, no le dé tanta importancia, dígame usted ¿a quién se le ocurriría hacer caca en el suelo teniendo el baño al lado? – lo increpó el aseador
El inspector guardó silencio por un instante, sin dejar de mirarme puso sus manos en los bolsillos indicándole al otro hombre que solucionara este asunto.
En ese momento supe que mi vida era una mierda. El aseador me recogió del suelo con un cartón y me lanzó al excusado vaciando el estanque. Mi minuto de gloria se había esfumado, aún así sabía que mi corta vida no había sido en vano, había sido mejor que la de mis antepasados y sé que mi creador, el soplón, también lo sintió así.

jueves, 30 de julio de 2009

Un buen día

Ahí estaba él, como siempre con su aspecto luctuoso, sólo que esta vez lo aciago del momento me causaba un dolor profundo en el pecho.
El paisaje resultaba tenebroso, como pocas veces me había resultado. El cuerpo inerte clamaba auxilio o, quizás, descanso inmediato.
En la esquina apareció un vehículo con fuertes luces y ruido ensordecedor. Bajaron cuatro hombres quienes en forma diligente tomaron el cuerpo y lo colocaron en la ambulancia. Ahí dentro, un sórdido grupo de espíritus merodeaban en espera de su alma.
En tanto, yo pensaba en mi comentario matinal “hoy será un día auspicioso…” y ahora me veía junto a un oligofrénico conductor que hacía aumentar la presión en mi pecho y sentía muy lejanos los latidos de mi corazón.

domingo, 12 de julio de 2009

Cerditos al rescate

Tenían mucho tiempo sin verse, pero el destino los volvió a reunir. Cada cerdito había tomado su propio camino: El menor, el de la casa de paja y músico de profesión, obtuvo una beca para irse a Alemania. Allí tenía su conservatorio y el del medio, el de la casa de madera, de oficio carpintero, se ganó el kino y con ese dinero le regaló una constructora a su hermano mayor. Con el resto del dinero formó su negocio particular…”El chancho con Chaleco”, un famoso restaurante situado en Santiago.
En fin, este reencuentro fue provocado por don Lobo, alias “Chupacabras”, como se le solía llamar en la región. Esta vez tenía atemorizado no solo a los animales, sino que también a los humanos, estos últimos encontraron en sus archivos la gran hazaña del trío de chanchos, y depositaban en ellos todas sus esperanzas para ser liberados, de una vez, de este temible animal.
Los tres chanchitos se juntaron y crearon un plan, pero esta vez no construyeron casas; por el contrario, recordaron que este lobito era muy enamoradizo, por lo que le regalaron un par de pasajes (con estadía incluida) para visitar Buzios, junto a Marlín Lobarí, quien dijo estar dispuesta a todo por su país.
Según relatos de la prensa del corazón, se dice que los han visto juntos, muy felices y haciendo planes para crear un programa de televisión.

sábado, 4 de julio de 2009

Ángel

Estábamos en el departamento de mi abuela como cualquier otro fin de semana. Mi hija estaba afuera y jugaba tranquilamente en el pasillo del edificio. De pronto, giro para observarla mejor y la veo subirse a la baranda del balcón y lanzarse como quien se lanza a una piscina, todo en fracción de segundos.
Yo, sin poder detenerla, corrí escaleras abajo teniendo claro que allá me esperaba lo peor. Seguí corriendo por aquellos peldaños fatigosos e interminables, sintiendo a cada paso un dolor cada vez más intenso en mi pecho.
Al llegar a los pies de las escaleras me di cuenta que mi hija no estaba sola, ni siquiera estaba en el suelo, sino que era sostenida por unos brazos firmes y delicados, todo a su alrededor era luz y calor; sentí una paz y una alegría que no puedo describir.
Me acerqué a ellos lentamente como temiendo interrumpir algo, un diálogo tan maravilloso que sólo a esa edad se puede tener. Él me miró estirando sus brazos para entregarme a mi hija, en tanto yo, sin ser capaz de pronunciar palabras, la recibía con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos. La abracé larga y profundamente mientras él desaparecía…
Desperté de un salto y miré hacia la cama de mi hija, ahí estaba ella durmiendo plácidamente, apoyé mi cabeza en la almohada y recordé aquel extraño sueño, casi pesadilla, que había tenido recién; di algunas vueltas en mi cama y decidí seguir durmiendo, volví a mirarla, pero esta vez tampoco estaba sola, aquella luz estaba nuevamente a su lado.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

sábado, 18 de abril de 2009

La menstruación

¡Qué rico! ¿Es esa a caso la alegre y típica expresión de una mujer en aquellos días? pues lo dudo, a menos que crea estar embarazada y obviamente no lo desea.
Porque una fémina en su sano juicio dudo que se sienta muy feliz, más aún cuando te duele todo y aquellos que te rodean te molestan y sólo deseas estar muy lejos, en una isla tan solitaria que ni siquiera cuente con palmeras.
Es cosa también de recordar esos característicos comentarios que recaen sobre ti justo cuando tu mente había logrado sobrepasar la barrera del dolor:
- ¡uuuh, qué pálida estás!
- ¿te duele algo?
O alguno de esos comentarios soeces cuando no hablas, no haces, ni actúas como los demás desean:
- No, déjala anda con la regla - esto es casi como “no te preocupes está loca, está enferma
pero no es contagioso”…creo que definitivamente prefieren estar cerca de un borracho odioso a estar junto a una dama en su periodo menstrual. No es que yo odie esta etapa…es sólo que prefiero no hablar de ella.
Aunque sí debería hacerlo, ya que me serviría para liberar todas aquellas energías negativas que de ella se desencadenan, por ejemplo decir lo desagradable que es tenerla en el verano o cuando tu trabajo queda tan cerca de tu casa que vas en bicicleta y andas con ella. Cuando estás lista para tu paseo de fin de año y…te llega, peor aún, cuando tienes listos los preparativos para una noche romántica y…te llega o cuando tienes listas tus maletas, pasajes, felices vacaciones y…te llega.
Ni hablar cuando llega esa amiga buena honda que te señala que no te debes preocupar, que para eso ahora existen los tampones ¡admiro a aquellas que los pueden usar! Cómo lo hacen, que separa las piernas, que dobla un poco las rodillas, que respira profundo o mejor no respires, que mételo con cuidado, que hazlo rápido, ¡qué terrible!
Pero obviamente me alegro porque los tiempos han cambiado, no como cuando nuestras madres, abuelas y bisabuelas eran jóvenes; ellas no se podían bañar, pues según los expertos de la época se enfermaban. Usaban pañitos, que claro, como no estaban adheridos a su ropa interior era bastante probable que se corrieran y les quedara la escoba, es decir quedaran todas manchadas con sangre y lo peor, había que lavarlos.
Por suerte en mi periodo más fatal, cuando aún no sabía que las pastillas anticonceptivas no sólo servían para no tener hijos, sino que también te ayudaban a regular tu menstruación y hacer desaparecer el dolor. Estuve cerca de una muy buena amiga, con ella nos burlábamos de esta pesadilla, le sacábamos la lengua al dolor y reíamos a carcajadas.
Dicen por ahí que es muy común que en lugares donde hay varias mujeres, éstas terminen teniendo la menstruación en la misma fecha; no sé si es verdad, hasta hoy no lo he podido comprobar, pero nosotras comúnmente coincidíamos en la fecha y si no, pues nos daba lo mismo. Entonces nos juntábamos en mi casa para realizar un secreto del tiempo de nuestras abuelitas, era muy simple y sencillo, bastaba con tener cerca unos vasos y una botella de licor de manzanilla, este licor superaba con creces a las agüitas de manzanilla tradicional. Nos servíamos un vaso para cada una y a la salud de nuestra querida menstruación lo bebíamos disfrutando su exquisito sabor.
Así el malestar y el dolor pasaban a segundo plano, ya que cada trago estaba acompañado de una larga y entretenida conversación. Se los recomiendo.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

sábado, 21 de marzo de 2009

Mi fin de semana inolvidable

Eran las tres de la tarde cuando sonó de improviso el teléfono, una voz familiar me invitaba del otro lado del auricular a una aventura que no podía rechazar.
El viento se sentía en los oídos e iba traspasando mi piel, estábamos en la cima de un cerro a punto de lanzarnos en parapente. Mi estómago subía y bajaba de la emoción o mejor dicho del miedo. Sabía que si tomaba mal una de las correas el FIN sería desastroso; sin embargo, la sensación adrenalínica era mayor y mi cuerpo sólo quería saltar al vacío.
Como el alado Ícaro sentí el fuego en mi rostro, ansiosa de aprehender las nubes entre mis manos pasé sobre ellas. Mi vista se nubló producto de la emoción, yo era un ser tan pequeño ante tanta inmensidad, una hormiga perdida que flotaba en el aire, rumbo a quién sabe dónde.
Entre tanta maravilla me pregunté por aquel sujeto que me había invitado a esta inolvidable experiencia, miré hacia la tierra y de pronto vi un punto amarillo en medio de la nada, era él que descendía hacia la tierra, rápidamente me puse a su lado y vi en su rostro la misma perplejidad, emoción y admiración que hace unos pocos instantes llenaba cada centímetro de mi pobre humanidad.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)

martes, 17 de febrero de 2009

Juntos para siempre

Nos quedamos en Londres, con sus adoquines y construcciones antiguas, intacta al progreso. Temblábamos aún, pero la alegría nos embargaba, poco nos importaba el que dirán; era nuestro día, bendecido ahora por el cielo, pues vino la lluvia intensa y mojadora. Jamás creí que lo haría; sin embargo, cuando su rostro palideció giró sobre sus talones y echó a correr, lo seguí dejando atrás la iglesia de San Francisco. Nadie nos siguió porque al fin y al cabo todos lo esperaban, menos ese joven sacerdote que dispuesto a celebrar nuestra unión, sólo tuvo que contentarse con contemplar incrédulo nuestra huída.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)