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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

domingo, 1 de marzo de 2009

Este es mi rollo

En respuesta a nuestra primera encuesta... ¿Qué tan importante es el papel higiénico en tu vida?
Apareció de pronto, yo sólo entré al baño y él ya estaba allí, tan pálido, pequeño, con su cuerpo sin expresión, pero aún así me miró y me sonrió, no lo podía creer; ahora sí me había vuelto loca, pero de inmediato recordé que siempre los locos creen no estarlo, sentí algo de alivio, no fue mucho, pero algo es algo ¿no?
No pude hacer lo que mi cuerpo pocas veces me pide, pues tendría que ocuparlo a él y su mirada había penetrado en mi corazón, lo tomé y lo saqué de aquel lugar frío, solitario y a veces con mal olor. Como debía ir a la universidad lo llevé conmigo, lo deposité en mi mochila y partimos felices, hasta que en la micro escuché una vocecilla que decía:
- ¡Déjame salir, yo también quiero mirar!
Miré a mí alrededor y toda la gente se veía tan concentrada en sus propias vidas que no sabía quien había hablado.
- ¡Eh, soy yo, el papel higiénico que sacaste del baño!
No lo podía creer, era él quien me hablaba, abrí rápidamente la mochila, vi su rostro inexpresivo, pero yo sabía que estaba triste y que deseaba distraerse un poco, conversar con alguien o simplemente mirar el paisaje.
Lo levanté un poco, de manera que pudiera mirar y que a su vez los demás no se dieran cuenta de lo que yo estaba haciendo. Quise hablarle, pero algo me detenía, quizás el miedo, la vergüenza, el ridículo. Estaba en ese dilema cuando…
- No me hables aquí, ellos a mi no me escuchan, pero a ti sí. Sólo déjame mirar por la ventana.
Lo levanté un poco más y al quedar cerca de mi boca le susurré:
- Cuando lleguemos a la universidad encontrarás a más de los tuyos.
Creo que se alegró. Al llegar, me fui directo al baño, para mis amigas esto no era nada nuevo. Lo saqué de mi mochila y liberé a sus compañeros rompiendo las cajas metálicas en las que estaban encarcelados esperando su pronto y a su vez lento fusilamiento, cuyo verdugo sería cualquier poto o vagina, si no ambos al mismo tiempo.
¡Qué cruel fin! Me dije a mi misma, por eso hice lo que hice, y así continué en cada baño de aquel centro de estudios, centro del saber, que no sabían nada, sus estrechas mentes ni se imaginaban el dolor de aquellos rollos, sólo yo fui la iluminada, la elegida para apreciar y combatir en esta lucha.
Aún mantengo mi postura, mi amigo sigue conmigo, los demás recorren el mundo buscando a otros como yo. Es cierto que ya no tengo amigas, dicen que huelo algo raro y que además tengo un tic bastante desagradable…me rasco constantemente el trasero.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que esta escritora tiene un trauma con el papel higenico!.

Hanan dijo...

Jajaja! esta weno!!!! es el mejor cuento que has escrito (publicado) hasta ahora!!!
jejjejejejeje!!!.

Anónimo dijo...

está muy bueno ja,ja

Anónimo dijo...

na que decir ta regueno nunca lo mire asi una nueva perspectiva antes de limpiar el culo

Anónimo dijo...

jajajajajajaaj sí que es divertido y sentimental, pobre de los demás papeles

xau, Eugenia

Anónimo dijo...

jejjejejej es muy divertido te felicito espero que las otra sean igual o mejor

Anónimo dijo...

está buenísima la historia, de ahora en adelante veré un liberador de rollos de papel a todos los que se rasquen el poto ja,ja

Javiera

L. dijo...

Jaja... muuy bueno el final.

Alabados sean los rollos, y demás parientes!