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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

jueves, 27 de septiembre de 2012

En el metro


Sintió las campanas y supo de inmediato que iba a morir… 

Lo siento, no puedo continuar con la historia…

Voy viajando en el metro y, con mucha suerte encontré un asiento. Aproveché y saqué mi libreta para escribir un relato que se me vino a la mente, minutos antes,  mientras esperaba que llegara un tren más o menos desocupado.
Comencé a escribir, pero al sentirme observada, tuve que dejarlo. Ocurre que a mi lado va de pie un tipo, quien no saca sus ojos de mi libreta.
Ahora, no quiero que piensen ¡pero qué quisquillosa! Si el tipo sólo está mirando, no tiene nada de malo. Cierto, eso a mí tampoco me parece mal, pero ocurre que va leyendo cada palabra y línea que yo anoto. Lo peor vendrá después, ustedes ya notaron que la historia no la terminé, si apenas la pude iniciar. Claro que lo que sí escribí es lo que ustedes están leyendo ahora y que él también ha podido leer.
Ustedes se preguntarán ¿entonces cómo supo que lo peor venía después? Pregunta que él también se está haciendo… ¡PLAS! …ya ocurrió.
Él llevaba sobre su oreja un lápiz, tanto bajar la cabeza para leer lo que estoy anotando que el lápiz cedió y cayó sobre mi libreta…se disculpó y lo tomó rápidamente, no sin antes cruzar nuestras miradas.
Creo que es algo simpático…acaba de sonreír. 
Y por lo que veo tiene lindos dientes…ha vuelto a sonreír y se ha ruborizado. 
Me parece que no sólo es simpático y por la reacción que está teniendo en este instante, él piensa igual de mí.
Bueno, definitivamente el relato que inicié hace un rato, lo terminaré más tarde, pues el tipo se sentó a mi lado y ya no quiere leer, quiere conversar un poco conmigo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Día 5: El recital

   Cuando sentí su cercanía, me sentí un poco incómoda y le pedí que me fuera a dejar a mi casa...después de todo él me fue a buscar...

   Sonó el timbre de la casa, salí a ver quién llamaba. Era él, era Rodrigo. Le dije que mi hermano no estaba, pero...

  • No lo vengo a ver a él...vengo por ti.
   Esto no lo esperaba, mi corazón casi se salió de mi pecho al escuchar esta declaración.
  • Voy al recital y quiero llevarte conmigo.
  • Pucha, es que estoy sola y no sé si...
  • ¿Bueno vas o no vas? - preguntó cortante.
   En fracción de segundos decidí que era ahora o nunca, que sólo se vive una vez, que carpe diem, etc, etc. Así es que le pedí que me esperara un instante. Entré en mi casa, me arreglé y dejé sobre la mesa del comedor una nota que decía "voy y vuelvo".
   Caminamos hasta la parada tomados de la mano y el resto del trayecto fue igual. Ya en el estadio, cantamos y bailamos cada canción, yo me las sabía todas.
   Terminado el espectáculo, nos fuimos a comer algo y luego caminamos por la ciudad. La noche estaba preciosa, el cielo lleno de estrellas.
   Al llegar a una plaza, nos sentamos en una banca y nos pusimos a conversar. Mientras conversábamos, él acariciaba mis manos, mi pelo. Después de un rato, me abrazó y sentí que una de sus manos se deslizaba de manera lenta e imprudente por mi cuerpo, en tanto me susurraba al oído: "vamos a mi casa...".
   No me gustó para nada el rumbo que estaba tomando nuestra cita, por ello le pedí que me llevara a casa y guardé silencio el resto del camino.
   Cuando entré en mi casa mi madre me miró diciendo "veo que volviste"
  • Sí mamá, tal cual como lo escribí en la nota.

jueves, 23 de agosto de 2012

Día 4: La marcha

      Salí de la sala con mucho sigilo, cuidando que la profesora y mis compañeras no se dieran cuenta de lo que pretendía hacer. Oculté mi mochila bajo el chaleco y me dirigí al patio de atrás del colegio, salté el muro que colindaba con el cementerio de las monjas y, así, a través de las tumbas llegué a la puerta principal, por ende a la calle. Tomé la micro y llegué a la esquina donde nos íbamos a juntar con mis amigas.

      La marcha dio inicio  a su largo recorrido a los minutos después de haber yo llegado. Caminamos cuadras y cuadras lanzando cientos de panfletos, leyendo un sin fin de pancartas que cargaban aquellas personas que caminaban junto a nosotras.
      No noté en qué momento llegamos a las afueras de la ciudad, mis amigas tampoco. Allí nos esperaban unas micros y autos para llevarnos a la ciudad vecina donde terminaría todo con un gran acto.
      Mis amigas y yo nos miramos perplejas, pues ninguna se había dado cuenta de todo lo que habíamos caminado y no teníamos idea de cómo volver, además de andar sin dinero. Estábamos ahí decidiendo qué hacer mientras veíamos como todos se iban. En eso, frente a nosotras pasa lentamente, una camioneta con algunas personas en su parte trasera... una de aquellas personas era él:

  • Rodrigo
      No lo dudé ni un segundo, corrí y me subí a la camioneta... mis amigas me siguieron.
      Fue increíble, estuvimos juntos cantando y bailando. Lo único que comimos fueron unas manzanas que nos regaló el dueño de un negocio.
      Ya avanzada la tarde, llegó la hora de regresar, cómo lo haríamos... no sé, lo único que tenía claro era que estaba feliz, cansada y mis tripas rugían de hambre. Rodrigo debía quedarse, entonces nos despedimos y junto a mis amigas comenzamos a caminar. Llegamos a una plaza, nos subimos a un autobús pidiéndole permiso al chofer y rogando que nos aguantara la patudes y... así sucedió.
      Llegué a mi casa bastante tarde con la excusa de haber estado haciendo una tarea y el corazón rebosante de alegría con lo que acababa de vivir.

lunes, 13 de agosto de 2012

Día 3: Un encuentro casual

   Hoy fui al museo con unas amigas, al salir y dirigirnos a tomar una micro a casa lo vi, o él me vio...no lo sé, es decir no sé quien vio primero a quien, sólo sé que nos miramos, nos sonreímos y ambos nos acercamos a saludarnos...¡por fin alguien que no se hace el loco, el que no te ve, el importante, el que te ignora, etc.!
   Le presenté a mis amigas, ellas lo miraban embobadas, creo que debí pellizcarlas para que disimularan un poco, pero no me importó, pues él al parecer no lo notó. 
   Luego de conversar un rato, me pidió que lo acompañara al museo, yo un poco confundida lo miraba a él y a mis amigas, estas últimas de inmediato reaccionaron e inventaron mil cosas para que me fuera con él y no me preocupara por ellas, así es que regresé al museo y vi nuevamente la muestra, sólo que esta vez con otra compañía.
   El museo entero me pareció nuevo e interesante. Lo recorrimos completamente tomados de las manos. Él no me pidió ser su pareja ni nada de eso, pero estar allí, tomados de las manos me hizo sentir especial o mejor dicho ser alguien especial para él.
   Al salir del museo nos fuimos juntos y me dejó, al igual que la otra vez, a la mitad del camino entre su casa y la mía. Se despidió con un beso en mi mejilla y se fue.
   No sé cuánto me demoré en llegar a casa, ni qué camino tomé, pero en la puerta estaban mis amigas, ansiosas de saber los detalles de este encuentro.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Día 2: Conociendo algo más de él


          Claro está que no han pasado dos días, pero prefiero vivir esto como si cada momento hubiera ocurrido el día anterior.
            Lo que sucedió esta vez fue que mi hermano me pidió que lo acompañara a una nueva reunión, yo no lo podía creer, le pedí alguna explicación y lo único que conseguí fue saber que Rodrigo había pedido expresamente que yo fuera. Después de esta respuesta y de sentirme en las nubes no quise saber nada más.
            Llegamos al lugar de costumbre y todo ocurrió idem.
            Cuando quedamos solos me invitó a su casa. Quedaba cerca. Entramos y me presentó a su mamá, una señora muy simpática y reservada. Juntos nos sentamos en un sillón, allí Rodrigo apareció con una guitarra y se puso a cantar, así pasamos la mayor parte de la tarde.
            Luego fue a dejarme a mí casa, justo al llegar a la mitad del camino entre su casa y la mía se detuvo, me dijo que sólo hasta ahí podía dejarme, se despidió y se fue.

martes, 29 de mayo de 2012

Día 1: Así nos conocimos

Fui a la reunión. Después de mucho hablar y hablar conseguí convencer a mi hermano de que no debía temer por mí, que era capaz de participar en una reunión manteniendo absoluto silencio...él no perdería protagonismo, esto era lo que más le importaba y le encontraba toda la razón, al fin y al cabo eran sus amigos y yo me estaba inmiscuyendo en su metro cuadrado. 
 Al llegar fui presentada al grupo como "la hermana de" y eso fue todo, luego permanecí sentada al borde de la mesa mientras ellos tomaban decisiones. 
 Cuando dieron por finalizada la primera parte de la junta sirvieron unas bebidas y un picoteo e iniciaron una conversación más distendida. Aquí aproveché de pararme y recorrer aquella casa, que no tenía nada de peculiar, pero el estar tanto rato allí tratando de ser invisible fue algo agotador. 
 Luego de un rato al parecer había vuelto a ser visible, pues en ese instante se acercó a mí un chico. Él se presentó y amablemente se dedicó a charlar conmigo. Me pareció agradable y bastante "potable" (buenmozo). Al rato dieron inicio a la segunda parte de la reunión, la que no duró más de una hora. 
 Nos disponíamos a partir con mi hermano cuando se nos acercó Rodrigo, el muchacho con el que había estado conversando hace un rato y, colocándole una mano en el hombro a mi hermano le dice que yo me iré con él, ya que le he realizado una serie de acotaciones muy interesantes, por lo que desea hablar un poco más y...
 - No te preocupes yo la voy a dejar después a la casa. 
 Mi hermano me miró, hizo un gesto de despedida y se fue. ¡Linda la cosa! pensé en ese instante. Al parecer nuevamente me había vuelto invisible y no sé como lo hice, pues a mí nadie me preguntó nada. 
 Bueno, la verdad es que yo a él nunca le dije cosa alguna es decir, esas "acotaciones interesantes" nunca existieron, pero me pareció tan entretenida la forma de lograr quedarse un rato más conmigo, que guardé silencio, el mismo silencio que me había pedido guardar insistentemente mi hermano. 
 Salimos juntos a la calle y conversamos de todo un poco...simplemente me dejé querer y quizás mañana o pasado o en otra reunión nos volvamos a ver. Sentí que era el inicio de algo, no sé exactamente qué, pero estoy esperando ver lo que sigue.

jueves, 10 de mayo de 2012

Verdecitos

Teníamos un club, todos los jueves nos reuníamos en la casa de uno de nuestros amigos. Allí en el patio sus papás habían construido una caseta de madera.
Cada tarde de jueves, llegábamos al lugar, cerrábamos la puerta y dábamos inicio a nuestra secreta reunión, la verdad, es que no sé qué tan seguro era el lugar como para mantener un secreto, ya que las tablas que conformaban la caseta presentaban importantes separaciones, las que perfectamente permitían filtrar cualquier conversación.
 Un día, en plena reunión, Sebastián, uno de los integrantes del club, que estaba sentado junto a mí, comenzó a murmurar algo indescifrable, lo que llamó mi atención y me hizo tratar de entender lo que decía, pero me era imposible escucharlo a él y a la vez la voz chillona de Jessica, la presidenta del club. Ella daba una síntesis de la reunión anterior. Al parecer nadie notaba que Sebastián hablaba con la pared o con alguien.
- ¿Sebastián qué haces?
- Converso
- Sí, ya lo noté pero ¿con quién?
- Con ellos – me contestó señalándome un agujero que se formaba en la separación de algunas tablas.
 Miré hacia el lugar indicado y no vi nada, salvo las tablas, entonces me acerqué más y nada. Volví a mi asiento e intenté poner atención a la reunión que estaba a punto de comenzar, claro que sin dejar de escuchar a Sebastián, quien reía y conversaba de manera muy entusiasmada.
- ¿Qué hacen allí sentaditos?
- ¿Por qué son verdecitos?
- ¿Qué hacen allí sentaditos y verdecitos?
 Al cabo de dos o tres reuniones, en las cuales mi amigo seguía con la misma conducta, alcancé a escuchar o entender que hablaba con algo así como unos duendes, ya que entre aquellas tablas sólo podía ubicarse un ser pequeño, claro está que eran varios, de color verde y que estaban sentados. Salí detrás de él para realizarle algunas preguntas y sus respuestas me dejaron un tanto perpleja: “Mis amigos verdecitos que están allí sentaditos son marcianitos”. Al escuchar tal afirmación me quedé paralizada, no pude moverme ni un paso más, en tanto Sebastián continuaba hablando y caminando, al parecer no notaba que yo estaba unos cuantos metros atrás.
 Pasó un minuto, dos o tres, no sé cuánto, pero yo seguía ahí sin poder moverme, entonces allí vino lo terrible e increíble: apareció una gran luz desde el cielo que se posó sobre Sebastián y lo levantó… ¡fue abducido!
 Ha pasado cerca de un mes, nadie habla sobre la ausencia de Sebastián, parece que nunca existió, pero durante cada reunión miro hacia las tablas separadas, como buscando algo. Hoy por fin lo he visto: lo veo ahí sentadito, verdecito y hablándome de su nueva vida.

lunes, 6 de febrero de 2012

Día de los enamorados

Hoy es el día de los enamorados, debido a ello me di un baño con pétalos de rosas, me coloqué perfume y me puse mi vestido regalón, también me maquillé un poco, a pesar que no acostumbro hacerlo, pero hoy es un día muy especial, así es que por lo mismo me tomé el pelo en un moño coqueto; ese típico peinado que todos, o la mayoría, dicen que te asienta.
Me he mirado como cien veces en el espejo, procurando ver que cada detalle esté como yo lo deseo y una vez que sienta que todo está bien podré salir ¡antes ni muerta!
De salir, voy a salir, pero no es que tenga una cita, es decir no tengo pareja; aunque sé que mi enamorado está ahí esperando afuera, en la florería, a orilla de la playa, en el colectivo, paseando por la calle, comprando en una pizzería, en cualquier lugar y en todos lados. Debido a ello siempre voy atenta y hoy, especialmente alerta.