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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

jueves, 23 de abril de 2009

Carta para mi mejor amiga

Hola flaca ¿cómo estás? Sí, sí, sé que te molestará el que te diga flaca, pero déjame decirte que lo estás, aunque tú sientas lo contario. Hace algún tiempo nos encontramos en la calle y sentí nostalgia de esos días y tardes enteras que pasábamos juntas, de nuestros secreteos y confesiones profundas.
¿Recuerdas cuando íbamos al cine? éramos fanáticas del Normandie, de esas butacas duras como palo, pero nada importaba, ni siquiera la película, sabíamos que sería buena, sabíamos que una vez que terminara seguiría nuestra crítica, nuestros comentarios que movían el mundo. Nosotras dos juntas seríamos capaces de cambiarlo. Juntas llorábamos a moco tendido en esa sala. Seguíamos las películas de nuestros directores favoritos. Éramos también feministas, las más fuertes y potentes. Leíamos unas revistas que llegaron a mis manos “Fempres” las devorábamos haciendo nuestros propios análisis y comentarios. Feministas de toro y lomo, eso es lo que éramos.
“Todas las mañanas del mundo” ese fue el título que nos impactó, por lo tanto fuimos a verla…preciosa, música bella y tristeza, fue todo lo que a grandes rasgos puedo decir que sentimos.
Estábamos conectadas, siempre recuerdo cuando fuiste a la universidad, un tremendo edificio ¿cómo me ibas a encontrar? pero lo hiciste, sabías perfectamente que me encanta leer, por lo tanto tu paso firme y seguro se encaminó directamente a la biblioteca, pero ja, ja, las cosas de la vida, yo, mala para comer como siempre he sido, estaba en el casino y algo me hizo salir cruzando el patio y allí encontrarte …y juntas nos fuimos al cine, en ese tiempo ¿era azul, blanco o rojo? cualquiera de las películas que pertenecían a la trilogía de Kieslowski, estábamos fascinadas.
Nuestras vidas se unieron en el tiempo del colegio, luego nos distanciamos, pero luego nos volvimos a encontrar y siempre ha sido así, pero esta vez te noté distante, lejana. La vida te dio una dura lección y sabes que te avisé de ella ¿será por eso que te noté tan inalcanzable?
El que estés delgada quizás es lo de menos, mas tus ojos denotan dolor, pena y cansancio. Siempre guardas silencio, siempre te guías por el qué dirán y sabes que eso no te ha ayudado mucho. También sabes que una vez que yo abra la boca las palabras se atropellarán por salir y a borbotones saldrá lo que me imagino no deseas escuchar. Entonces sabes que puedes contar conmigo, tanto como yo cuento contigo AMIGA.
Esta carta y esta canción son para ti.

http://www.youtube.com/watch?v=nS6N6zq7DkU&feature=related
“Grita” Jarabe de Palo

sábado, 18 de abril de 2009

La menstruación

¡Qué rico! ¿Es esa a caso la alegre y típica expresión de una mujer en aquellos días? pues lo dudo, a menos que crea estar embarazada y obviamente no lo desea.
Porque una fémina en su sano juicio dudo que se sienta muy feliz, más aún cuando te duele todo y aquellos que te rodean te molestan y sólo deseas estar muy lejos, en una isla tan solitaria que ni siquiera cuente con palmeras.
Es cosa también de recordar esos característicos comentarios que recaen sobre ti justo cuando tu mente había logrado sobrepasar la barrera del dolor:
- ¡uuuh, qué pálida estás!
- ¿te duele algo?
O alguno de esos comentarios soeces cuando no hablas, no haces, ni actúas como los demás desean:
- No, déjala anda con la regla - esto es casi como “no te preocupes está loca, está enferma
pero no es contagioso”…creo que definitivamente prefieren estar cerca de un borracho odioso a estar junto a una dama en su periodo menstrual. No es que yo odie esta etapa…es sólo que prefiero no hablar de ella.
Aunque sí debería hacerlo, ya que me serviría para liberar todas aquellas energías negativas que de ella se desencadenan, por ejemplo decir lo desagradable que es tenerla en el verano o cuando tu trabajo queda tan cerca de tu casa que vas en bicicleta y andas con ella. Cuando estás lista para tu paseo de fin de año y…te llega, peor aún, cuando tienes listos los preparativos para una noche romántica y…te llega o cuando tienes listas tus maletas, pasajes, felices vacaciones y…te llega.
Ni hablar cuando llega esa amiga buena honda que te señala que no te debes preocupar, que para eso ahora existen los tampones ¡admiro a aquellas que los pueden usar! Cómo lo hacen, que separa las piernas, que dobla un poco las rodillas, que respira profundo o mejor no respires, que mételo con cuidado, que hazlo rápido, ¡qué terrible!
Pero obviamente me alegro porque los tiempos han cambiado, no como cuando nuestras madres, abuelas y bisabuelas eran jóvenes; ellas no se podían bañar, pues según los expertos de la época se enfermaban. Usaban pañitos, que claro, como no estaban adheridos a su ropa interior era bastante probable que se corrieran y les quedara la escoba, es decir quedaran todas manchadas con sangre y lo peor, había que lavarlos.
Por suerte en mi periodo más fatal, cuando aún no sabía que las pastillas anticonceptivas no sólo servían para no tener hijos, sino que también te ayudaban a regular tu menstruación y hacer desaparecer el dolor. Estuve cerca de una muy buena amiga, con ella nos burlábamos de esta pesadilla, le sacábamos la lengua al dolor y reíamos a carcajadas.
Dicen por ahí que es muy común que en lugares donde hay varias mujeres, éstas terminen teniendo la menstruación en la misma fecha; no sé si es verdad, hasta hoy no lo he podido comprobar, pero nosotras comúnmente coincidíamos en la fecha y si no, pues nos daba lo mismo. Entonces nos juntábamos en mi casa para realizar un secreto del tiempo de nuestras abuelitas, era muy simple y sencillo, bastaba con tener cerca unos vasos y una botella de licor de manzanilla, este licor superaba con creces a las agüitas de manzanilla tradicional. Nos servíamos un vaso para cada una y a la salud de nuestra querida menstruación lo bebíamos disfrutando su exquisito sabor.
Así el malestar y el dolor pasaban a segundo plano, ya que cada trago estaba acompañado de una larga y entretenida conversación. Se los recomiendo.

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

sábado, 4 de abril de 2009

Trans - agrio

“Cambia todo cambia, cambia todo cambia…”

Esta preciosa canción fue utilizada como parte de la propaganda de la transformación que se realizó al medio de transporte público en Santiago.
Todo era magnífico y color rosa. Buses a todo trapo, cuyas puertas sólo podían abrirse al detener la marcha. Los pasajeros viajaban sentados, con una frecuencia de recorridos suficiente y hasta con Zamorano al lado.
Un 12 de febrero se dio inicio al flamante proyecto, ese día y los que siguieron quedó la escoba. Una serie de comunas habían quedado sin locomoción y otras que tenían no daban abasto.
Era tragicómico enterarse a través de las noticias que muchos de los conductores no llegaron a su lugar de trabajo por no tener locomoción ¡plop! Estamos en el país de Condorito.
Mientras algunos celebraban el poder salir a realizar un trámite pagando un solo pasaje, otros se quejaban que debido a la cantidad de trasbordos y el tiempo de espera, gastaban más que antes.
Todo un proyecto que prometía un viaje cómodo y rápido, que nos permitiría estar más tiempo con nuestra familia. Aún recuerdo el comercial que presentaba a un papá llegando temprano a casa, a ese abuelito que viajaba sentado…sólo era publicidad, un montaje como de teleserie.
Pero todo no es malo, muchos escolares ganaron espacio, estos conductores sí los llevan y hasta algunos los saludan de manera cordial. Otro punto a favor es que se detienen en los pasos de cebra…claro que hay excepciones.
En fin, que hubo cambio, lo hubo; que no fue el mejor, no lo fue; que han sucedido cosas descabelladas y otras que más vale reír, es así.
Una de ellas fue cuando uno de los buses troncales quedó atorado en un paso bajo nivel. La gente miraba la escena y esbozaba una sonrisa mientras se detenía a ver qué iba ha suceder…y creo que aún estamos esperando...