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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

viernes, 29 de mayo de 2009

Pena 2

Esto no tiene nada que ver contigo, absolutamente nada, es decir no es sobre ti, es algo muy diferente, es una cosa muy distinta. No es contigo, tu persona no está involucrada en esto, definitivamente no lo está, por eso es que quiero que comprendas que esto…no tiene nada que ver contigo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Pena 3

Aquí estás otra vez, aquí justo a mi lado, aquí dentro de mí. La verdad es que ya ni te recordaba, no tenía la menor idea de que siempre estuviste por allí o por allá rondándome y ahora que te veo, que te siento, me doy cuenta que te conozco tanto, tanto que no deseo tenerte aquí, quiero verte lejos, muy lejos y sé que la esperanza se sobrepone a ti y te hará retroceder y desaparecer, soledad.

http://www.youtube.com/watch?v=vzpAFSw9V-s&feature=related “Te miro y tiemblo” Jarabe de Palo

martes, 19 de mayo de 2009

Pena 4

No me toques, pues tus manos se irán llenas de mí y cuando ellas rocen otra piel sentirán que están en el lugar equivocado.
No me beses, pues tus labios se irán llenos de mí y junto a otros labios sólo sentirán un tremendo vacío.
No me mires, pues tus ojos se irán llenos de mí y no verán a nadie sino sólo a mí.
No me escuches, pues tus oídos se irán llenos de mí y no escucharán otra voz más que mi voz.
No me inhales, pues tu nariz se llenará de mí y sólo sentirá mi aroma.
No te acerques, pues tu cuerpo, tu cuerpo entero se llenará de mí y cuando ya no estés y cuando ya no estemos juntos, me extrañarás y no podré hacer nada, no te podré ayudar, pues mi piel, mis besos, mi mirada, mis oídos, mi aroma y mi alma entera, se han ido contigo y me han dejado sola.

http://www.youtube.com/watch?v=x5HqLxPoFSs&NR=1 “Adiós” Jarabe de Palo

domingo, 17 de mayo de 2009

Pena 5

Pensé que te había perdido, siempre lo sentí así.
Pensé que te alejaba cuando no contestaba tus llamadas, cuando no asistía a nuestras citas, cuando rechazaba tus invitaciones, cuando te respondía con monosílabos.
Pero ahora, recién ahora me doy cuenta que no te perdí…porque la verdad es que nunca te tuve.

http://www.youtube.com/watch?v=hRXWeedkC_0&feature=related “Completo incompleto” Jarabe de Palo

(Registro de propiedad intelectual n°177787)

jueves, 7 de mayo de 2009

No dije nada

Hace algún tiempo atrás resulté ser la Yolanda Sultana para mis amigas. Cualquier vidente era una alpargata al lado mío y todo por una seguidilla de comentarios asertivos y bien intencionados que brotaban de mis labios frente a cualquier situación. Era casi como quedar en estado alucinatorio y decir todo lo que venía a mi mente, así, sin pensar nada, sin meditar en absoluto aquellas frases.
Mientras salían de mis labios palabras simples y rápidas, el rostro de mis amigas lo decía todo, algunos desencajados, otros fascinados, pero todos luego del trago amargo o dulce siempre agradecidos.
Todo terminó la ocasión en que Mili tuvo la mala idea de llevar a mi casa a cada nueva adquisición, esperando durante cada visita alguno de mis comentarios. El problema es que los tipos eran un chiste, alguno más agradable que otro, pero un chiste.
Lo más curioso es que a todos yo, de una u otra forma, los conocía o ellos me conocían de antes. Este detalle despertó la molestia de Mili, quien al momento de darse cuenta que los tipos me ubicaban de alguna forma, decidía de inmediato ponerle término a la relación.
El primero fue Alex, ella le mostró mi casa señalándole que allí vivía una amiga, él me nombró de inmediato y mientras pronunciaba mi nombre hubo un brillo en sus ojos que molestó bastante a la joven. Luego que cada uno regresó a su hogar, Mili salió derechito a mi casa, al verme dio inicio a un largo interrogatorio sobre un tal Alexi: que él decía conocerme, que nuestras madres eran amigas, que yo siempre iba a su casa y…en fin ya llevábamos más de media hora en preguntas y preguntas, pero yo seguía sin saber de quien me hablaba, hasta que le pregunté donde vivía este tipo y ahí por fin supe de quien se trataba, confirmando lo planteado por él.
Fue lo peor, no debí hacerlo, pero mi bocota me jugó una mala pasada. Al día siguiente tenía frente a mi puerta a Mili y Alex, casi una pareja feliz, sólo que ella durante toda la visita se dedicó a mirarnos, cualquier gesto o detalle le resultaba una gran verdad, su verdad.
En tanto para él y para mí sólo fue un grato reencuentro luego de varios años de ausencias, recordamos algunas historias y reímos a carcajadas. Fue una tarde agradable como las de antes.
Al tiempo después Mili fue a mi casa, conversamos de diversos temas hasta que apareció él en este diálogo y nada, me dijo que habían terminado, que ella había decidido que era lo mejor, que se dio cuenta que esto debía ser así cuando me escuchó nombrarlo. Casi me caí de poto al oír este comentario y ella se fue a su casa.
Durante semanas recorrió mi mente este comentario hasta que caí en la cuenta. El punto no era el modo en que yo lo nombré, es decir no aparecieron en mis ojos corazones ni nada de eso, no hubo en mí nada que le indicara a ella que yo le quisiera quitar a su mino. Sentí un gran alivio.
El punto fue que después de tanto darle y darle vueltas me di cuenta que ella siempre lo llamaba Alexi, en tanto yo lo nombraba Alex, de la misma manera que lo hacía la madre y la hermana de él. He ahí.
No pasó ni un mes cuando nuevamente la tuve frente a mi puerta con otro, esta vez un tal Mario, un charlatán de mala muerte bastante desagradable. Durante el rato que conversamos, más él que nosotras, supe todo sobre su vida, donde vivía, sus gustos, su signo del zodiaco, en fin todo. De pronto, sin discusión alguna, sin comentario inapropiado ni nada Mili se dio media vuelta y se fue.
Estupefacta la vi alejarse mientras el idiota continuaba hablando y hablando, lo miré directamente a su cara y le dije ¡oye síguela! Acto seguido lo tomé del brazo y lo empujé. Sin más nada que hacer, giró sobre sus talones y se fue tras ella.
Al día siguiente fue ella quien me tuvo a mi frente a su puerta, con cara de pocos amigos le señalé que ese cachito era de ella, por lo tanto si ella lo traía ella debía llevárselo.
Pasó el tiempo y otra vez llegó a mi casa con el charlatán, ocurrió casi lo mismo, sólo que esta vez cuando ella se fue él hizo caso omiso a mi exigencia de seguirla, es más, se encogió de hombros y siguió hablando como si nada. Pero como yo no estaba dispuesta a escucharlo, ni disfrutaba de su compañía mucho menos si Mili no estaba allí, abrí la reja y entré a mi casa cerrando la puerta tras de mi dejándolo allí parado mirando como yo me alejaba.
Mucho tiempo después nos volvimos a ver con Mili, pero no hicimos ningún comentario sobre lo ocurrido ese día, nuestra conversación fue absolutamente trivial.
Como en la cueca, no hay primera sin segunda, ni segunda sin tercera, al poco tiempo ya la tuve frente a mi puerta con otro tipo, que al conversar con él me di cuenta que era bastante simpático y absolutamente distinto a los demás. Él no hablaba de él, hablaba de su familia; él no hablaba de las cosas que le gustaban, sino que nos preguntaba nuestras preferencias. Así pasó el tiempo, los días, las semanas, hasta que de pronto un día cualquiera divisó a mi mamá… ¡la conocía! Ese fue el punto final para aquella relación, todo iba a las mil maravillas, era un tipo guapo, simpático, pero lamentablemente al igual que los otros me conocía y ese fue su pecado. No entiendo aún qué problema había en eso, pero que era terrible para ella, lo era.
Todo no termina aquí, al poco tiempo otra vez estaba frente a mi puerta, no sabía si abrir o salir arrancando a más no poder, ya que el nuevo, también me conocía de antes, él fue un compañero de la enseñanza básica, con suerte alcanzamos a estar juntos uno o dos cursos.
Producto de toda la experiencia vivida anteriormente sólo me dediqué a observarlos y a no emitir comentario alguno…me fue bastante bien.
Al tiempo Javier, que así se llamaba, y Mili se casaron, pero no vivieron felices para siempre. Si bien la salvé en reiteradas ocasiones, no estaba dispuesta a continuar con esta tortura, por lo que mientras más veces ella lo llevaba a mi casa mi silencio y falta de comentarios eran mayores. De hecho fui a su matrimonio por la iglesia sin decir ni media palabra y sentí un alivio inmenso al escucharlos decir sí, pero seguí sin decir nada. No fui a la fiesta, pero lo celebré con ganas y sin comentar nada. Incluso me reí porque Javier se casó de blanco, pero yo no dije nada.
En el fondo sólo deseaba que ella tomara la decisión que considerara más adecuada y no que se guiara por lo que yo pudiera decir. Además me parecía bastante ridículo el que ella los desechara única y exclusivamente por conocerme o por alguno de mis comentarios.
Me alegra haber aprendido la lección ¿cuál? Pues una muy simple y sencilla que dice que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, por lo que mi silencio se ha mantenido intacto, salvo hasta hoy donde les puedo contar que verlo llegar de blanco me dio la señal más clara y directa que de santo no tenía nada.
Este novio mantenía un empleo común, pero al llegar el fin de semana siempre le tocaba cerrar. Desde el principio de su pololeo Mili creyó esto a ojos cerrados y durante el primer tiempo de casados también, pero poco a poco fue notando la existencia de ciertos detalles que la llevaron a descubrir que su blanco y radiante novio era un…Una tarde cualquiera lo esperó a la salida de su trabajo, totalmente oculta, con el firme propósito de seguirlo y descubrir la verdad, pues tal cual como ella lo imaginaba, él salió del trabajo a la misma hora de siempre, pero no caminó hacia la calle donde debía tomar el bus en dirección a su casa, sino que caminó en el sentido contrario y entró a un local. Mili esperó un instante afuera, hasta que vio llegar a un grupo de mujeres y se coló entre ellas.
Adentro estaba todo a media luz, se sentó en la barra y pidió un trago, definitivamente lo necesitaba. Cada vez fue llegando más y más gente, la mayoría mujeres. Pasado un rato cambió la música, apareció un animador quien daba la bienvenida a todas esas mujeres que visitaban el local, luego con voz estridente presentó lo que todas esperaban y, apareció él, sí el esposo de Mili, en ese instante todo fue uno para ella, las luces, la música, el baile, la ropa tirada en el escenario, las mujeres gritando enardecidas, los cientos de billetes atrapados en los calzoncillos, perdón en los diminutos calzoncillos de Javier.
Mili sólo miraba y creía estar soñando, entonces decidió regresar a casa. No supo como llegó a su casa, pero lo hizo. Tomó sus cosas y se fue a casa de sus padres sin decir ni media palabra. Javier no la buscó, pues entendió perfectamente lo que ocurría.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)