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miércoles, 7 de enero de 2015

Algo extraño


Ese hombre estaba ahí, sentado a los pies de mi cama, mirándome fijamente. Su vestimenta era de otra época: camisa blanca con vuelos, traje negro con una tela como aterciopelada, sus zapatos, también negros, brillaban como recién lustrados.

Su rostro era más bien pálido, sus labios delgados definían una leve sonrisa, sus cejas bien pobladas y oscuras. Sus ojos eran negros, de mirada intensa y penetrante, tan invasiva que sentí cómo se clavaba en mis ojos y recorría cada uno de mis pensamientos, incluso aquel, ese pensamiento que me hizo temblar de temor y que con terror, provocó que infantilmente, cubriera mi rostro con las sábanas…era mi minuto, el minuto, el momento de despedirme  había llegado pero, ni siquiera podía gritar, ni un hilo de voz salía de mi boca. La muerte estaba allí, sentada junto a mi cama.

 

 

 

 

 

 

domingo, 10 de abril de 2011

Vacaciones


Éstas debían ser unas excelentes vacaciones, pero como mi año escolar estuvo a punto de terminar en tragedia: yo reprobando el sexto grado y expulsado de la escuela. Mi padre decidió hacerme la vida imposible, al igual que se la habían hecho a él durante el año mis profesores (jefe y de asignaturas), inspectores y director del colegio.
Mi buena estrella hizo posible el milagro, por lo que pasé de curso y los profesores decidieron confiar en mí y permitir que me quedara “por algún tiempo” más en el colegio. A mi padre no le bastó con castigarme dejándome sin mis juegos, si no que a la lista agregó un profesor de matemáticas para el día lunes, una profesora de lenguaje para el jueves y un curso de inglés para los martes, miércoles y viernes.
Sólo cuando voy al curso de inglés salgo a la calle y me siento un poco libre, pero esto me ha de durar, creo, hasta hoy o mañana. La Coordinadora llamará a mi padre y se acabará todo.
Ocurre que dentro de las actividades del curso debíamos presentar una obra de teatro, la aprendimos, ensayamos, vimos algunos detalles y la teníamos que presentar hoy. Hasta aquí todo bien ¿cierto?
Bueno para iniciar nuestra obra teníamos que utilizar una vestimenta adecuada. Mi maquillaje ya estaba listo, por ello fui al baño para cambiarme de ropa. Entré y todo estaba bastante silencioso, pero comencé a escuchar un ruidito, unas eses (ssssss) y una respiración o algo así. Sentí algo de temor.
Aguardé en silencio un instante y todo continuó igual. Entonces con mucho sigilo y casi aguantando la respiración me fui acercando hasta el sitio de donde provenían esos extraños sonidos: era de uno de los baños, cuya puerta estaba, aparentemente, cerrada.
Entré al baño contiguo, me subí al retrete y me asomé de una vez. Mi corazón latía a cien por hora, mis manos me sudaban, sentía que mis piernas apenas me podían sostener y por mi garganta no podía pasar ni un poco de saliva.
Cuando me asomé todo fue uno: el grito, la caída abrupta, los golpes en las paredes, los portazos y la Coordinadora con cara de general del ejército.
La verdad es que lo que ocurrió fue una suerte de malos entendidos. Yo entré a cambiarme de ropa, sólo eso, pero ese ruido extraño me obligó a asomarme rápidamente porque me sentí algo raro. Allí me di cuenta que al otro lado estaba uno de los integrantes de mi grupo, de rodillas y mirando al cielo ¡estaba rezando! ¿A quién se le ocurre hacerlo en un baño? Él estaba absorto en esto cuando de pronto me vio aparecer y gritó como un loco, su grito tuvo tal efecto en mí que perdí el equilibrio y resbalé golpeando las paredes del baño. En tanto, mi compañero pateaba la puerta cuyo cerrojo se había trabado en su terrible desesperación, por lo que continuó dando gritos. Cuando al fin pudo salir, en vez de correr despavorido, sólo se quedó alelado mirando a la Coordinadora – quien a raíz del boche llegó en segundos al lugar – luego caminó hacia atrás dos o un paso y se desmayó.
Aún sin restablecerme de mi caída, sentí que la puerta de mi baño se abría y que aquella mujer se abalanzaba sobre mí jalándome de una oreja para sacarme del baño profiriendo un sin fin de amenazas. Ya en su oficina intenté explicarle mil veces lo sucedido, pero ella sólo hablaba y hablaba, paseándose de un lado a otro y alzando sus manos al cielo.
Estando ya en casa, vi llegar a mi papá del trabajo con pizzas y bebidas, aún no sabe nada…pensé. A pesar de ello tengo mis dudas, porque constantemente sentí que me observaba durante la cena. En la noche mientras yo dormía entró en mi cuarto y besó mi frente. Entonces seguí durmiendo y soñando con lo que habría sido la mejor actuación de mi vida, si ya mi vestuario y maquillaje de Satanás habían quedado perfectos…mi despliegue en el escenario habría sido fenomenal.

viernes, 28 de enero de 2011

Una historia más


Estoy muerta, sí así tal cual como lo acabas de leer. Yo, una joven normal, tranquila y llena de vida morí hace algunos días. Mi caso apareció incluso en la noticias “Una joven ingresa a la posta de urgencia con una puñalada a nivel toráxico, se presume que el agresor…”
En fin, yo me dedicaba a escribir en una revista, un día un editor se comunicó conmigo invitándome a que me reuniera con él. Así lo hice, nos tomamos un café mientras él me relataba los detalles para la publicación de un libro con mis historias, todo iba de maravillas, de pronto él sacó algo así como un cuchillo, sentí un dolor atroz, luego la sirena de la ambulancia…y salí de mi cuerpo, sin entender nada.
Al momento en que comprendí un poco lo que sucedía, también comprendí que nunca encontrarían al culpable ¿por qué? simple, él era, cómo decirlo, parte de mi mente, uno de mis personajes.
Hace unas semanas había escrito la historia de un asesino, el tipo asesinaba a una escritora, tal cual como ella lo relataba en una de sus novelas…y así fue que morí. Pensé fervientemente en una solución, no deseaba quedarme aquí en este mundo como un alma en pena. Entonces fui a mi departamento y busqué la historia, de un lado a otro, mas no la podía hallar y no entendía. Ahí caí en la cuenta que este cuento no lo había terminado de corregir, por lo que debía estar en el cajón donde guardaba comúnmente los relatos que aún les faltaba algún detalle.
Ahí estaba, era el primero, lo tomé, lo leí y corregí algunos errores. Mientras hacía esto me di cuenta que en mi habitación sucedían cosas. Los objetos volvían a su antiguo lugar, pues a su paso la policía había dejado todo al revés. Seguí realizando cambios, pero noté que no podía cambiar la historia, es decir, podía corregir las faltas de ortografía, cambiar una palabra o frase por otra, pero la historia no. Se acabó, todo se acabó.
Lloré, lloré desconsoladamente y me detuve cuando me di cuenta que la historia no tenía final, no había alcanzado a escribirlo, entonces tomé mi lápiz y comencé.
Fue inútil, por más que traté de escribir que sólo había quedado herida o en coma y que luego volvía a su vida normal, no lo logré. Al momento de terminar todo lo que había escrito se borraba inmediatamente. Pasó el tiempo lentamente mientras yo trataba de buscar la forma de ayudarme. Entonces vino la idea, que en realidad no era una nueva idea, ya que sólo me dediqué a escribir lo que estaba viviendo o “muriendo” ahora.
Al terminar la novela, la dejé sobre el escritorio, allí colocaba siempre los trabajos terminados, mi representante pasaba y los llevaba a la revista. En esta ocasión la vi llegar, tomar la historia, leerla e irse feliz.
La historia no fue publicada en la revista, pensé que como yo había muerto, lo más probable es que ya tenían a otra persona, pero no fue por eso. Mi representante fue directo a una editorial, la publicaron y fue todo un éxito.
Y yo sigo aquí, no como alma en pena, sino que terminando de escribir todas aquellas historias que siempre dejé a la mitad por diversos motivos: por distracción, porque no me parecían lo suficientemente buenas o porque no tenía tiempo, ahora el tiempo me sobra…creo.

domingo, 16 de enero de 2011

Las cartas no mienten

La acompañé, yo no tenía nada que ver con la historia, pero ya me había involucrado, sin quererlo, pero ya estaba allí ¿qué más podía hacer? Todo comenzó por una insensatez de mi parte, digo insensatez porque ya me habían dicho que esto no era para mí.
Hace algún tiempo me empeciné en aprender a leer las cartas, fui de un lado a otro, pero ninguno de los personajes que quisieron enseñarme me convenció. Hasta que llegué donde una bruja, una mujer pequeña, delgadísima y muy anciana; ella me señaló que yo no era una de las elegidas, que no debía insistir, pero claro está que no le hice caso. Fui día a día a insistirle que me enseñara todo lo que ella sabía, hasta que por fin aceptó.
Pasaron los meses y me entregó todos sus saberes, luego de ello me pidió que fuera a un lugar donde aprendería más. Debía llegar a un sitio donde el dueño de casa, brujo también, ya estaba muerto y su esposa e hija mantenían contacto con él, allí obtendría el poder que me faltaba…después de todo yo no era una de las elegidas.
Bueno, aprendí lo suficiente como para tirarle las cartas a medio mundo sin la menor precaución, cosa que siempre se me señaló que debía hacer: cuidarme. Fue así como Norma, una amiga, me pidió que le leyera las cartas a una conocida de ella. Acepté sin problemas y le pedí que la llevara a la consulta.
Así llegó Natalia a mi consulta, le leí las cartas, pero lo que vi allí me dejó helada. Aparecía ella involucrada en una secta, no una cualquiera, una que adoraba al demonio haciendo ritos y sacrificios. Ella era sólo una niña, no tenía más de quince años, le indiqué que se alejara de esa gente, pues su vida corría peligro. Quizás fue una lectura más en ese instante, pero las cosas fueron sucediendo unas tras otras.
Lo primero fue que ese mismo día en la noche entraron a robar a mi local, desvalijándolo casi por completo, debido a ello llegó a mis manos la grabación de estos hechos. La policía no le dio mayor importancia a esta grabación, pues no aparecía nadie, supuestamente nadie; ninguna persona de cuerpo y alma aparecía en las imágines en realidad, pero yo reparé en lo que ellos llamaron “reflejos de las linternas” eran una serie de luces o mejor dicho esferas de luz que deambulaban de aquí para allá, recorriendo todo el lugar. Entonces decidí revisar el video desde el principio, nunca había prestado mayor atención a esa cámara.
Las imágenes pasaban frente a mí sin mayor novedad, hasta el momento en que entró esa chica, Natalia, todo se oscureció y no porque fuese tarde, era mediodía. Una vez que ella llegó yo decidí cerrar la puerta para no ser interrumpidas, aún así había una tiniebla inexplicable, pero eso no fue todo, una serie de figuras, fantasmas, sí eran como fantasmas que recorrían todo mi local hasta que ella se fue. Recuerdo que mientras le leía las cartas sentí que el ambiente estaba denso y frío, mas pensé que era idea mía.
Con todo ese material fui donde la bruja que ya conocía. Pretendía mostrarle todo, pero ella de buenas a primeras me dijo que ya me había dicho que esto no era para mí, que debía cuidarme y no le había hecho caso, por lo que lo mejor que podía hacer era alejarme, pues traería problemas a mi vida y a la de ella ¿qué creen? Una vez más no le obedecí.
Fui a la casa de Norma con todo el material, ella tan curiosa como yo deseaba verlo con muchas ganas, luego me dijo que hablaría con la mamá de la menor.
Al día siguiente, cuando ya me prestaba a cerrar mi local, llegaron Norma, Natalia y su madre. No tuve otra opción que invitarlas a pasar y conversar sobre aquella situación. La madre conocía una bruja, una que nos podría ayudar, pero deberíamos realizar un largo viaje.
No sé en qué estaba, pero me embarqué en esta locura. A los días estábamos todas instaladas en el auto de Norma, viajando hacia el norte, hacia un lugar llamado Salamanca, ahí en ese lugar había un pequeño poblado donde debíamos llegar. Se hizo tarde, estaba todo absolutamente oscuro y siguiendo las indicaciones de la mamá fuimos a parar a la punta de un cerro, así literalmente; aunque para mi gusto era un precipicio, al mirar desde la ventana del auto no se veía nada, ni un tercio de camino, sólo una profundidad inconmensurable, era un hoyo insondable y corría un viento increíble que hacía que el auto se moviera intensamente. La madre le pidió a Norma que la dejara bajar y así lo hizo, el viento casi la arrastraba. Creo que recién ahí me vine a dar cuenta que me había dejado llevar hacia algo bastante peligroso y me arrepentí de no haberle hecho caso a mi bruja.
Bajamos el cerro para llegar al camino, durante ese trayecto yo sólo deseaba estar luego en el lugar al cual debíamos llegar. Continuamos hasta encontrar una comisaría, ya a esa altura era de madrugada, allí se nos señaló cómo llegar. Seguimos las indicaciones del carabinero, estábamos ya a cuadras del lugar, la madre y la hija dormían profundamente, le grito a Norma para que tenga cuidado, ya que por la orilla del camino iba un hombre. Nadie despertó, yo miré hacia atrás y Norma miró por su espejo retrovisor y ambas vimos lo mismo, no había nadie… el hombre había desaparecido, nos miramos asintiendo haber visto lo mismo.
Por fin llegamos al lugar, una mujer mayor nos esperaba. Ella les realizó unos baños de purificación a la madre y a la hija, mientras Norma y yo descansábamos en una pieza. En realidad más que descansar sólo deseábamos irnos luego, era mucha aventura para una sola noche, estábamos en eso y comentando el recibimiento del tipo ese, cuando comencé a recordar un sueño, Norma me miró un tanto incrédula, pero después de todo lo que habíamos vivido, cualquier cosa era creíble. No era un sueño mío, era de otra persona, pero yo participaba en él y esta persona me lo había relatado, ocurre que me veía en un cuarto donde habían dos camas, en una de ellas estaba yo sentada leyéndole las cartas a una anciana.
Sentí que este era el lugar, llamé a la dueña de ese sueño, pidiéndole disculpas por la hora y luego detalles del sueño. Me describió exactamente el lugar y a la mujer… ¿sería esta una trampa, una broma o qué sé yo? Norma comenzó a sentir temor, después de toda esta cabra chica pertenecía a una secta.
Ya estaba amaneciendo, madre e hija se veían bastante más recuperadas y la bruja nos insistía en que por lo menos desayunáramos. Aceptamos, con cierto recelo.
• ¿Por qué siguen aquí? Recibieron varios mensajes en el camino como para no llegar, para regresar y huir de esta situación.
Vaya, nos insiste en que tomemos desayuno y luego nos sale con esta pachoteada, Norma y yo no entendíamos nada, pero como ya estábamos bastante asustadas decidimos movernos con la mayor cautela posible.
• Nuestra intención es sólo de ayuda, ya que al parecer Natalia se encuentra en una situación un tanto delicada y …
Qué importaban las tonteras que decíamos, la bruja se paró y detrás de ella salieron la madre y la hija. Mi amiga y yo decidimos que era hora de irnos, porque la cosa se estaba colocando un poco complicada. Tomamos nuestras cosas con sigilo y caminamos hacia la puerta de salida, con nuestras miradas fijas en el auto.
• ¿Por qué se van, acaso han visto alguna mala cara?
¡Ay, no! Lo que nos faltaba, nos pillaron justo y tan calladitas que íbamos, ésto no me está pasando a mí, ésto no me está pasando a mí, es sólo un sueño, sí, sólo tengo que despertar y listo…por más que repitiera en mi mente esas frases, la realidad era otra. Tuvimos que regresar. La bruja quería que yo le leyera las cartas, le insistí en que esto sólo era una tontera, que yo no las sabía leer bien, que ni siquiera era una de las elegidas, pero nada. No entendía razones y yo no estaba tampoco dispuesta a contrariarla, sentía que no estaba en condiciones de hacerlo.
Entonces, me llevó a la habitación donde horas atrás habíamos estado descansando, recordé aquel sueño que me habían contado, mi estómago daba vueltas. Nos sentamos y comenzamos la lectura. Al finalizar la bruja estaba absolutamente consternada, comenzó a gritar, a tirarse el pelo y a correr por todo el cuarto. Aproveché que estaba totalmente alterada para acercarme lentamente a la puerta, apenas tomé la manilla, la abrí y salí huyendo del lugar junto a mi amiga.
Dimos mil vueltas por ese pueblo, hasta que oscureció, de pronto vimos en el horizonte una estrella muy luminosa. La estrella se comenzó a acercar, hasta que notamos que era una esfera de luz, de las mismas que había visto en mi consulta el día que llegó Natalia. Le pedí a Norma que la siguiera, después de todo lo vivido, esto era otra situación tan rara como las anteriores, pero ésta no me causaba temor, así es que así lo hicimos. Luego de un rato logramos llegar a la comisaría, le insistí a mi amiga que no se detuviera, que yo recordaba por donde seguir. Ya estábamos a punto de llegar a la carretera y aquella esfera seguía ahí arriba.
La esfera nos acompañó durante la mayor parte del trayecto. Un poco más tranquilas, pero siempre en silencio, Norma me pidió que le explicara lo ocurrido. A esta altura no confiaba en nada ni nadie, por lo que le hablé sobre lo curioso de ese lugar, una excusa cualquiera para evadir la situación, aunque de verdad que el pueblo era extraño, ya que en él sólo habitaban mujeres, en todas las vueltas que dimos sólo las vimos a ellas y los pocos hombres que vimos no sobrepasaban los tres, ellos tenían una mirada perdida y un lento caminar arrastrando sus pies. Parecían zombis.
Hoy que ya han pasado años de esa aventura, puedo decir lo que realmente sucedió. Cuando le leía las cartas a la bruja, pasaban por mi mente las escenas del sueño que me habían contado, por lo que debía pensar con rapidez y rogando no ser detectada. Según el sueño en el momento en que yo le leyera las cartas a esta mujer, ella se apoderaría de mí, o mejor dicho, de mi mente; desde ese día en adelante sería una esclava de ella y cada vez que ella lo deseara yo debería leerle las cartas, pero todo a través de sueños, es decir ella se aparecería en mi mente cuando yo estuviera durmiendo obligándome a revelarle lo que dijeran los naipes, consumiéndome así lentamente.
Esto era una locura, mas yo ya estaba ahí y debía zafarme del lío en el cual me había metido y si el sueño era cierto o no, no deseaba averiguarlo, por ello le inventé a la bruja una serie de acontecimientos mitad verdad y mitad mentira mientras rogaba a no sé quien que me ayudara. Entonces sucedió lo que ya mi imaginación no podría soportar, pero que sí soportó. Apareció la esfera de luz y la bruja montó en cólera, momento que yo aproveché para huir.
Cuando llegué a mi casa comprendí que a lo mejor sí era una de las elegidas, que esta bruja había hecho todo para saber algo que ella con sus poderes no podía adivinar, pero que yo sí se lo podría revelar y al parecer eso era algo bastante peligroso, ya que esa esfera de luz había aparecido en varias ocasiones para salvarme. Estaba pensando en el riesgo y recordé lo que me había recomendado mi bruja y decidí ir a hablar con ella, pero la última vez que intenté hacerlo me cerró la puerta en la nariz. Entonces la cordura se apoderó de mí, pero como en tantas ocasiones no le haría caso y fui a la casa del brujo que estaba muerto.
Al llegar me enteré que la madre había muerto, sólo quedaba la hija bruja, quien podía comunicarse con ambos. Ella me contó que su madre había muerto luchando con una bruja que deseaba apoderarse de la mente de una de las elegidas.
• ¿Y qué es eso de ser elegida o quiénes son las elegidas?
• Las elegidas son las princesas de la magia blanca y de la negra, ambos grupos las desean, unos para hacer el bien y otros para hacer el mal. Mis padres se encargaban de protegerlas y ahora, después de muertos aún lo hacen…cuánto las odio, todas ellas me quitaron a mis padres, aún ahora lo siguen haciendo.
Cuando tú viniste yo pensé que eras una de ellas y arreglé todo para que fueras a parar al otro bando, pero por lo que veo, era cierto lo que me dijeron mis padres: tú no eres una de las elegidas, sino ya no estarías aquí.
En eso aparecieron las esferas de luz y, a buen entendedor pocas palabras, tomé todas mis cosas y salí rapidito del lugar. Cerré definitivamente mi consulta, quemé todo el material, sólo me quedé con mis cartas, que están bien guardadas, casi escondidas.
He decidido hacer el bien, pero por mi cuenta, como ser humano común y corriente, sin pertenecer a ningún “bando”, por lo mismo cambié de ciudad, llegué a un lugar donde nadie me conoce, lejos de todo, aunque a veces creo ver las esferas de luz rondando cerca de mi casa.

martes, 8 de junio de 2010

El hombre camino a casa

Viajaba tarde, venía de un carrete en la casa de una amiga. Estaba un tanto cansada y preocupada, pues al otro día tendría que levantarme temprano a trabajar y no había dejado nada listo.
Mientras manejaba, en mi mente iba organizando la serie de tareas que debería realizar una vez que llegara a mi casa, primero poner a hervir agua para cocinarme unos tallarines para el día siguiente, mientras se calienta el agua, regar mis plantas, luego esto, lo otro y unas cuantas actividades más. Estaba en eso, cuando de pronto aparece de la nada un hombre en medio de la calle, no lo atropellé ni nada de eso, sólo que apareció allí sin más y yo no lo había visto ¡el susto que me llevé!
El hombre era mayor, pero no debía tener más de setenta años. Su ropa era vieja, pero impecablemente limpia. En su pecho colgaba un letrero y en sus manos llevaba un tarro.
Eso fue todo lo que alcancé a ver y fue suficiente para quedar bastante impresionada. Sentí algo extraño y un frío recorrió mi cuerpo al notar que los autos pasaban a gran velocidad por su lado, casi encima de él.
Quedé bastante preocupada ¿qué hacía ese hombre ahí, cómo los demás pasaban casi sin notar su presencia? Quizás cuantas veces yo pasé así como ahora y sólo hoy reparé en él ¡qué terrible! Esa calle era parte del recorrido habitual que yo realizaba para llegar a mi casa luego del trabajo.
Lo peor es que al día siguiente, al regresar a mi hogar, lo volví a ver, el escenario era el mismo y para los demás conductores él parecía ser parte del paisaje. Esta vez noté que a un metro de distancia de él habían dos conos de color naranja fosforescentes que servían un poco para cubrir el espacio y evitarle el ser dañado.
Día a día todo seguía igual, pero logré notar que cada cierto rato levantaba su tarro hacia los autos que pasaban haciendo el ademán de pedir dinero.
¿Qué decía su letrero? No tenía idea, durante varias semanas de observación no había logrado mucho, por lo que me propuse averiguarlo.
Al día siguiente reduje con anticipación la velocidad, para no tener problemas con los otros conductores, simulé estar buscando una calle. Al divisarlo me concentré en el letrero que decía “Tengo cáncer”.
Sentí pena, esa diminuta palabra cáncer es capaz de causar tanto dolor. Guardé silencio hasta llegar a la casa.
Pasó el tiempo y la vida continuó como siempre, salvo por un pequeño detalle. Estaba almorzando con algunos compañeros de trabajo y les comenté sobre el hombre, pero a pesar que la mayoría hacía el mismo recorrido que yo, nunca lo habían visto, les insistí dándoles más detalles, pero de nada sirvió, por lo visto yo no era la única que había pasado por allí un centenar de veces sin verlo.
Después noté que luego de esta conversación ninguno me hizo algún comentario de haberlo visto. Supuse que no les importaba.
Por circunstancias de la vida, a los meses después me tuve que cambiar de casa, pero dentro de la misma comuna, por lo que también cambié de recorrido.
Al tercer día de pasar por mi nuevo camino de regreso a casa, me encuentro con el mismo escenario, el hombre con cáncer pidiendo dinero. Al principio pensé que era sólo una coincidencia, que como en el sector estaban arreglando algunas calles, él había buscado una tan transitada como aquella o qué sé yo.
Algunos días después llevé a uno de mis compañeros de trabajo a su casa, al llegar al lugar le avisé para que viera al hombre…no vio nada, es decir nada de nada, me faltó poco para detenerme en seco frente al hombre con cáncer, pero nada. No insistí, pero quedé perpleja.
Las semanas siguientes fueron duras, todos me miraban un tanto extrañados o realizaban comentarios por lo bajo al verme pasar. Me sentí absolutamente observada.
Una de mis compañeras quedó de ir a mi casa a buscar unos documentos, al llegar la invité a pasar, con el temor de ser rechazada, mas entró sin problemas. Estuvimos conversando un rato y riendo de las tonteras que hacíamos comúnmente en la pega, luego hubo un silencio abrumador.
- Yo también lo he visto
¿Qué? quedé con ataque, todo este tiempo sintiendo que estaba loca y ella la linda también lo había visto. Me relató su experiencia, muy parecida a la mía por lo demás, con la gran diferencia que ella no insistió en preguntar a los demás como yo. Bueno, no todos somos iguales.
- Ese es el punto, tú eres diferente o algo así, por eso lo puedes ver… ese hombre está muerto, murió hace muchos años.
Quedé aterrada, no pude seguir la conversación, sólo fui capaz de pedirle que no comentara nada de esto. La verdad es que ella me lo pidió primero, estaba muy interesada en ello. La entendí, yo sabía lo incómodo que era sentirse observada hasta al estornudar. También me insistió en que me quedara tranquila, que pronto todo pasaría y no lo vería más. Si esto era cierto ¡feliz!
Esta experiencia más que llenarme de miedo me hizo tratar de averiguar más. Busqué información sobre la gente que podía ver fantasmas, me ayudó bastante, pero sentía que algo más faltaba y sabía que no me equivocaba. Entonces comencé a pensar que mi compañera de trabajo lo había matado y por eso estaba tan interesada en mi silencio.
Pasaron alrededor de tres días, estaba en casa pues ya era tarde, el sol había abandonado el cielo cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta, miré por la ventana y ahí estaba él. No sé qué me ocurrió, pero corrí hacia la puerta, la abrí y ya no estaba, salí a la calle y nada. Entré a la casa y sentí miedo, allí alguien me esperaba, sentía su presencia. Luego no sé más, sólo desperté en una sala de hospital, con mi familia a mí alrededor. Me preguntaban qué me sucedía…no entendía nada.
Me decían que nadie había llamado a la puerta, que siempre habíamos estado todos juntos. Mi esposo se sentó a mi lado, me hizo una serie de preguntas, yo le conté lo que había vivido durante todo este tiempo, le pedí que hablara con mi compañera de trabajo, ella podría confirmar toda mi historia.
Al siguiente día mi esposo estaba muy serio, se notaba que había descubierto todo, pero no fue así, me dijo que la mujer de la cual le había hablado no estaba allí. Entonces le señalé la vez que ella había estado en casa…sólo me miró y salió de la habitación.
Ya era de noche y estaba dormida, desperté sintiendo un frío que calaba los huesos, abrí los ojos y a los pies de la cama lo vi a él. Vestía un traje negro, era un modelo muy antiguo. Su rostro estaba más pálido que nunca, sus ojos estaban clavados en los míos, levantó una de sus manos y colocando su dedo índice sobre sus labios desapareció. Entendí claramente su mensaje.
Fui dada de alta, sólo el stress me provocó un leve estado de delirio. Mi familia estaba más tranquila.
Para mantener dicha tranquilidad yo guardé silencio, no toqué más el tema, como me lo había indicado aquel hombre. Aún así averigüé un poco más y descubrí que no estaba equivocada. Mi compañera de trabajo sí existía o había existido, fue una mujer que trabajó por muchos años en la empresa en la que ahora yo estaba, un día en que ella regresaba a su casa había atropellado a un hombre que pedía limosna. Cayó en una terrible depresión que la llevó al suicidio, en el parte policial sus más cercanos decían que ella insistía en que veía al hombre que había atropellado... ambos estaban muertos.
En ocasiones, camino a mi hogar lo veo, veo al hombre con cáncer y sé que ella estará esperándome en casa. Si logras ver a uno, pronto verás al otro…es así, así lo he vivido yo y así lo vivirás tú.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Halloween


Mi novio y yo acostumbrábamos a discutir, pero esta vez era diferente...puse término a la relación. Luego de ello me fui a mi casa a disfrutar de la soledad, no sólo porque ya no estaría con él, sino porque literalmente no había nadie en casa.
Entonces disfrutaba yo de este nuevo y agradable silencio cuando de pronto comienza a sonar el timbre de mi casa y no sólo eso, también escuché golpes y gritos, a hurtadillas miré por una de las ventanas y escuché atentamente...era mi amiga. Salí corriendo y un tanto asustada al oirla llamar así a mi puerta. Al abrirle, se lanza sobre mi tomándome por los hombros, abrazándome y dando chillidos de alegría entremezclados con mil preguntas.
Cuando logré zafarme de ella y hacerla entrar a la casa...y en razón, me vine a enterar que mi "ex" había ido a su casa a buscarme, rogándole que no me negara, que él sabía que yo estaba ahí y, cuando finalmente o aparentemente consiguió hacerlo entender que yo no estaba allí, él con voz temblorosa le rogó que me diera un mensaje: "dile a Golondrina que me perdone"...
En ese instante a mi amiga se le vino el cielo y el infierno, todo encima, las mejores y peores películas, teleseries y noticias pasaron por su mente. Agarró a mi "ex" de la ropa, lo tironeó, lo abofeteó...todo pidiendo explicaciones y enviándolo al quinto infierno al no obtener respuesta alguna.
Después entró a su casa para tomar un poco de aire y pensar con la cabeza más fría...la verdad es que no alcanzó ni a sentarse cuando partió de una a mi casa para saber si estaba viva, muerta o herida.
Luego de su relato me largué a reír mientras, entre risas le explicaba lo sucedido finalizando con un "menos mal que lo hice". Apenas terminamos de charlar sonó nuevamente el timbre, otra vez de manera insistente, con golpes en la puerta y gritos. Guardamos inmediatamente silencio y nos miramos fijamente...los llamados siguieron, pero ahora los oíamos más cerca...sabíamos que era él. Instintivamente corrimos y buscamos algún lugar para ocultarnos, ya que él había entrado saltando la reja y para peor la puerta de la casa era de servicio.
Entró a la casa, me llamaba en forma insistente y al no recibir respuesta comenzó a buscar por el interior, pasaron algunos segundos parecidos a horas, hasta que encontró a mi amiga, estaba se ocultaba detrás de una puerta y cuando éste la abrió, ella no halló nada mejor que decirle "Hola, Golondrina está en la pieza de sus padres".
En fracción de segundos llegó allí, justo cuando yo abría la puerta del closet de mis padres, lo miré diciéndole "vete de una vez"...y se marchó.
Ya solas otra vez, nos miramos y nos largamos a reír...este había sido nuestro propio Halloween.

sábado, 3 de octubre de 2009

Sucesos

Parte ll

Hace algún tiempo atrás me ocurrieron una serie de sucesos, algo trágico en mi vida, fui expulsada de mi hogar, me vi de pronto dentro de un letrero publicitario y perdí a mi padre. Todo esto fue uno, así de repente.
Yo pasaba por la vida así sin más, sin nada que hacer, sólo dedicada al estudio…tenía una vida fácil y llevadera. Hasta ese día.
Cuando lo perdí todo me dediqué a vagar por las calles viendo a la gente pasar, viendo que todo continuaba como antes, salvo mi vida que ya no era la misma de antes. Debía terminar la carrera que estaba estudiando, tenía que hacer algo con mi vida, pues bien, comencé por aquello en lo que había quedado luego de que mi padre me echara de la casa. Metí nuevamente mis manos en los bolsillos buscando el billete de mil pesos, no me serviría demasiado la verdad, pues no podría hacer mucho con él, es decir no me alcanzaría para arrendar una pieza, menos un cuarto de hotel, ni pensar en comida; aunque esto último tenía más sentido, si bien no sería un gran festín pero sí podría conseguir un poco de pan o un sándwich, de esos que venden en cualquier esquina.
Antes de ir a comprar me detuve, saqué el billete de mi bolsillo, me acerqué a un farol buscando un poco más de luz y lo observé detalladamente. Luego de un rato noté que había algo extraño en él, algo diferente a los demás, pero esto no significaba que fuese falso, sino que era distinto: tenía un aroma, tenía un color, tenía algo, quizás no era algo muy obvio, pero definitivamente era diferente.
En ese instante vinieron a mi mente una serie de imágenes de los hechos que últimamente había vivido, entonces, me di cuenta que debía volver, era prioritario regresar y observar nuevamente ese letrero publicitario.
Finalmente llegué frente a él, lo miré detenidamente, de pronto me di cuenta que en uno de sus extremos había un gran cofre con monedas y billetes, saqué mi billete colocándolo al lado de uno de los que aparecían en el spot, si bien no era igual, se le parecía bastante. Cuidándome de no ser vista por los seres que vivían allí, ya que mi experiencia me indicaba que eran bastante peligrosos, recorté una moneda, la más pequeña pensando que a lo mejor eso me salvaría de algo, de terminar como mi padre.
Una vez que tuve el trozo de papel en mis manos éste, de inmediato se convirtió en una moneda de verdad ¡era real! Absolutamente real, pero cómo no me di cuenta antes, cómo no noté que había algo raro, mi padre jamás me había dado dinero, ni un veinte y ocurre que ese día, ese fatídico día me dio sin más ni más MIL pesos, de donde tanto desprendimiento, sé que ésta no es una gran cantidad, pero para él eso era demasiado. Lo que es peor a mi no me extrañó ni me llamó la atención este hecho y ahora me encontraba en esta situación.
La disyuntiva era recortar el dinero suficiente como para tener con qué arrendar algo para pasar la noche, sacar todo el dinero o seguir mi camino sin mirar atrás, me senté en la vereda a pensar un poco; en realidad no alcancé a sentarme cuando decidí qué era lo mejor. Caminé dos cuadras más abajo y me compré un rico completo y una bebida, no estaba dispuesta a terminar como “los peores” como llamaron ellos a mi padre y quién sabe a cuantos más. Estaba disfrutando de mi comida cuando divisé a lo lejos que algo se movía en el aviso, decidí alejarme.
Pasé la noche en la casa de una amiga, en la mañana temprano me fui a la universidad a ver los avisos que aparecían en la bolsa de trabajo: había uno en una revista. Me dirigí al lugar llevando escrita la historia de lo que me había sucedido recientemente, la encontraron fenomenal y quedé contratada. Tenía resuelto mi problema.
Al llegar a la casa de mi amiga, le conté las novedades solicitándole alojamiento hasta que recibiera mi primer sueldo…me aceptaron. Mi amiga me preguntó si alguien sabía que yo me estaba quedando allí, la miré extrañada, le indiqué que no y le pregunté a qué se debía su comentario. Me llevó hasta la habitación que me habían prestado, abrió la puerta señalándome lo que había llegado para mi en el transcurso de la mañana… ¡era un baúl! Pero no cualquier baúl, era el del aviso, sentí que mis días estaban contados, que ese era mi destino y por más que tratara no podría huir, lo presentí en el mismo momento cuando, la noche anterior, vi que algo se movía en ese letrero, pero yo preferí alejarme lo que ahora me resultaba imposible.
Le pedí que me dejara sola, ella no sabía nada, sólo lo que había aparecido en la prensa. Me senté frente al baúl y lo miré, no entendía nada. Comenzó a moverse, como si alguien tratara de abrirlo, se levantó la tapa y apareció un canario…el lindo canarito. Tenía un aspecto suave, casi bondadoso, pero yo lo conocía muy bien.
- ¿Por qué huiste? Te hemos estado buscando, anoche decidí seguirte para evitar que volvieras a desaparecer.
Este pájaro estaba loco (o la loca era yo, que es peor) cómo pretendía que me quedara, era un peligro estar allí, ellos no entendían razones, no les importaba nada. Además no sabía cómo yo había llegado allí, todo fue muy rápido e inesperado.
- Tú eres parte de la profecía, todo estaba escrito, tú serías quien nos salvaría y ahora que te hallamos no te volveremos a perder.
Su amenaza fue clara y precisa, ya no tenía dudas de que este era mi fin, quizás qué más diría la famosa profecía. Me pidió que entrara al baúl, lo hice y en fracción de segundos estaba nuevamente dentro del letrero, todo estaba igual, demasiado igual…la moneda que yo había sacado estaba allí, las letras también, todo como si nunca hubiesen sido recortadas. Comencé a entender un poco más.
La ardilla se acercó, al parecer se dio cuenta que yo entendía muy poco o nada, me comentó que no me harían daño si yo no lo quería. No me sentí en absoluto más aliviada, pero me señaló que la profecía indicaba que si ellos perdían alguna parte de ella desaparecerían completamente en poco tiempo, debido a esto perseguían a quienes osaban recortar alguna parte del spot. Sabían que eran una tentación constante, más aún cuando al sacar cualquier trozo éste se hacía real. Entonces un día cualquiera llegaría alguien que con un simple lápiz los ayudaría, esa era yo, y los mantendría vivos para siempre.
Los interrumpí señalándoles que yo era una humana, por lo tanto eso de “siempre” era un poco difícil, pero ellos tenían todo planeado, al vivir con ellos me volvería inmortal.
- Pero ¿cómo explicarán mi aparición en este letrero? Este aviso es de animales, no de humanos
Aquí es donde cometí el gran error de mi vida, este era el momento preciso en que debía guardar silencio, pensé que me ayudaba, pero me engañaba completamente. Me convirtieron en uno de ellos, en un animal y cada noche puedo volver a ser una persona, nada más que para rehacer las partes dañadas y escribir las historias que publico, las que mi amiga encuentra día a día dentro del baúl.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sucesos

Parte l

Cursaba el último semestre de mi carrera de Pedagogía en Inglés cuando fui expulsada del hogar. Mi padre gritó que no quería verme más. Era un hombre gordo, alto, de enormes pies, que cubría casi todo el umbral, ocultando a mi madre y a la empleada, que lloraban a moco tendido en el hall.
Por primera vez percibí aspectos de la avenida en que vivíamos, de los que jamás me había percatado. Hasta la forma del poste de la luz me pareció diferente. A un gigantesco limonero del jardín del vecino no lo había visto nunca. Caminé con las manos en los bolsillos, el rostro algo encendido, mirando esa calle de tantos años donde descubrí un grifo, el tronco acromegálico de un aromo, detalles algunos que jamás había notado y otros que adquirían dimensiones diferentes.
¿Qué podía hacer con mil pesos en el bolsillo?
Continué caminando sin expectativa alguna, pensando que mi vida de ahora en adelante seguiría así o que siempre había sido así y yo jamás me había dado cuenta. Definitivamente el optimismo, mi principal característica, se había quedado en casa junto a todo lo demás.
Iba sumida en estos lastimeros pensamientos, ignorando que existen cosas peores. De pronto llegué a una plaza que jamás había visto, pero bueno, ya se habrán dado cuenta que mi capacidad de observación no es una de las mejores, en fin, ahí estaba y todo me parecía extraño o porqué no decirlo, un tanto misterioso.
En el lugar habían grandes y frondosos árboles que coexistían con una infinidad de animales, esto definitivamente no era una plaza, mi confusión se debió a que al principio una neblina muy espesa lo cubría todo; miré a mí alrededor, sin embargo no veía nada hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y mi mente se negaba a creer lo que ocurría…
¡Un círculo! Sí un círculo, no obstante no era cualquier círculo, éste estaba formado por un grupo de animales que discutían acaloradamente.

- ¡No y no, no estoy de acuerdo! – gritaba una ardilla.
-Entonces qué haremos con ella – preguntó un ratón refiriéndose a una sombra que estaba junto a ellos.

Esto sí que no lo podía creer, tanto estudiar para comprender otro idioma y ocurre que ahora en fracción de segundos podía entender a los animales, y eso no era todo…

- Hagámosla desaparecer como a los otros humanos y listo – esto lo dijo un lindo canarito.
- ¡Un momento! – exclamé y aquí vino lo peor.

Estoy segura que no lo creerán, ocurre que además de entender lo que decían podía hablar con ellos, por ende traté de convencerlos, porque a esa altura tenía claro que estaban hablando de aquella sombra. Mientras estaba en eso, me di cuenta que no eran animales de carne y hueso en realidad, tampoco tridimensionales, ni nada parecido; eran planos y delgados, eran de papel.
Me contaron algunos de los problemas que habían tenido con los humanos que en un momento determinado cruzaron hasta esta dimensión al igual que esa sombra; unos los rallaron, otros los quemaron, otros, “los peores” como los llamaban, cortaban trozos para coleccionarlos.
Mientras escuchaba, me dediqué a observar detenidamente el lugar, la verdad era que no me resultaba tan extraño como en un principio, de hecho hasta me era familiar. Seguí abstraída en estas cavilaciones, hasta que por fin di en el clavo.

- ¡Ustedes son un aviso, un comercial! Sí el spot que veo cada mañana al pasar en el autobús

Todos me miraron, no entendían mi entusiasmo, tampoco yo, después de todo no sabía cómo había entrado esa persona allí, ni cómo podría salir, así es que puse mayor atención para poder ayudarlos, típico de las historias que una lee, el que ayuda a los demás recibe a cambio alguna recompensa y que mejor que sacar a esa persona de allí.
El asunto era muy simple y sencillo: la sombra era uno de “los peores” tiempo atrás recortó una parte esencial y si no la recuperaban a tiempo desaparecerían todos para siempre, aquella parte era un diálogo en inglés, saqué de mi bolsillo un lápiz y lo escribí. No bien había cumplido mi misión, les pedí que la dejaran ir con una gran sonrisa en mi rostro, por el contrario, ellos estaban furiosos y gritaban que se había cumplido la profecía. En ese mismo instante el canario encendió un fósforo, por lo que logré ver el rostro de aquella sombra, era mi padre; el canario dejó caer el fósforo y las llamas no se dejaron esperar consumiéndolo todo.
Fue espantoso, horrorizada corrí a mi casa, pero ésta estaba toda abrazada en llamas, grité, lloré, sin embargo ya no se podía hacer nada, absolutamente nada.
Mientras bomberos y toda clase de gentes corrían de un lado a otro, llegó la prensa, un periodista se me acercó y me preguntó por lo sucedido, le relaté mi historia y por supuesto no me creyó. Desde ese preciso instante es que me encuentro escribiendo historias para una revista y… el billete de mil pesos es parte de otro cuento.