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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

sábado, 29 de octubre de 2011

Apis Mellifera


Ayer vi la película “Bee movie”. Lloré un poco, pero luego me recuperé y tomé la drástica decisión de salvar al mundo. Dentro de estos días me corresponderá hacer guardia en la piquera y desde allí defenderé mi hogar. La verdad, no me molesta si vienen algunas hormigas a robar nuestra miel, pues son bastante organizadas y laboriosas, pero los hombres ¡se la llevan gratis!
¿Les dije en algún momento que soy una abeja? Me imagino que sí. Debo organizar pronto un plan que permita abastecer a la colmena y de pasadita desarrollar un negocio de exportación de los productos estrella: miel, propóleo, polen, cera, jalea real y otros.
Cuando cumpla veintidós días de edad saldré a polinizar y a recoger polen y néctar algunos de los productos necesarios, allí aprovecharé para hacer los contactos que se requerirán para el negocio. A los cuarenta y cinco días de edad podré morir tranquila.

sábado, 2 de julio de 2011

Madre

Estoy en el aeropuerto esperando que llegue el vuelo 397 procedente de Europa. Según lo que señala la pantalla informativa el avión viene con una hora de retraso, así es que aquí estoy viendo pasar gente de allá para acá, no es muy entretenido, pero no se me ocurrió haber traído un libro para leer un poco u otra cosa.
Si ella, mi madre, estuviera en mi lugar, de seguro todo sería diferente: primero habría traído algo para entretenerse, algo que luego dejaría para instalarse a conversar de la vida con quien estuviese a su lado. Segundo, habría dedicado el tiempo en recorrer cada uno de los negocios que aquí hay, para luego pensar en el que le gustaría trabajar a ella o en inventar una tienda nueva. Tercero, cualquier locura, incluso buscarme un nuevo novio, pues no le gusta el que tengo.
Yo la considero muy alegre, aunque ella dice que sólo es optimista, pues sabe que algún día cambiaré.

domingo, 10 de abril de 2011

Vacaciones


Éstas debían ser unas excelentes vacaciones, pero como mi año escolar estuvo a punto de terminar en tragedia: yo reprobando el sexto grado y expulsado de la escuela. Mi padre decidió hacerme la vida imposible, al igual que se la habían hecho a él durante el año mis profesores (jefe y de asignaturas), inspectores y director del colegio.
Mi buena estrella hizo posible el milagro, por lo que pasé de curso y los profesores decidieron confiar en mí y permitir que me quedara “por algún tiempo” más en el colegio. A mi padre no le bastó con castigarme dejándome sin mis juegos, si no que a la lista agregó un profesor de matemáticas para el día lunes, una profesora de lenguaje para el jueves y un curso de inglés para los martes, miércoles y viernes.
Sólo cuando voy al curso de inglés salgo a la calle y me siento un poco libre, pero esto me ha de durar, creo, hasta hoy o mañana. La Coordinadora llamará a mi padre y se acabará todo.
Ocurre que dentro de las actividades del curso debíamos presentar una obra de teatro, la aprendimos, ensayamos, vimos algunos detalles y la teníamos que presentar hoy. Hasta aquí todo bien ¿cierto?
Bueno para iniciar nuestra obra teníamos que utilizar una vestimenta adecuada. Mi maquillaje ya estaba listo, por ello fui al baño para cambiarme de ropa. Entré y todo estaba bastante silencioso, pero comencé a escuchar un ruidito, unas eses (ssssss) y una respiración o algo así. Sentí algo de temor.
Aguardé en silencio un instante y todo continuó igual. Entonces con mucho sigilo y casi aguantando la respiración me fui acercando hasta el sitio de donde provenían esos extraños sonidos: era de uno de los baños, cuya puerta estaba, aparentemente, cerrada.
Entré al baño contiguo, me subí al retrete y me asomé de una vez. Mi corazón latía a cien por hora, mis manos me sudaban, sentía que mis piernas apenas me podían sostener y por mi garganta no podía pasar ni un poco de saliva.
Cuando me asomé todo fue uno: el grito, la caída abrupta, los golpes en las paredes, los portazos y la Coordinadora con cara de general del ejército.
La verdad es que lo que ocurrió fue una suerte de malos entendidos. Yo entré a cambiarme de ropa, sólo eso, pero ese ruido extraño me obligó a asomarme rápidamente porque me sentí algo raro. Allí me di cuenta que al otro lado estaba uno de los integrantes de mi grupo, de rodillas y mirando al cielo ¡estaba rezando! ¿A quién se le ocurre hacerlo en un baño? Él estaba absorto en esto cuando de pronto me vio aparecer y gritó como un loco, su grito tuvo tal efecto en mí que perdí el equilibrio y resbalé golpeando las paredes del baño. En tanto, mi compañero pateaba la puerta cuyo cerrojo se había trabado en su terrible desesperación, por lo que continuó dando gritos. Cuando al fin pudo salir, en vez de correr despavorido, sólo se quedó alelado mirando a la Coordinadora – quien a raíz del boche llegó en segundos al lugar – luego caminó hacia atrás dos o un paso y se desmayó.
Aún sin restablecerme de mi caída, sentí que la puerta de mi baño se abría y que aquella mujer se abalanzaba sobre mí jalándome de una oreja para sacarme del baño profiriendo un sin fin de amenazas. Ya en su oficina intenté explicarle mil veces lo sucedido, pero ella sólo hablaba y hablaba, paseándose de un lado a otro y alzando sus manos al cielo.
Estando ya en casa, vi llegar a mi papá del trabajo con pizzas y bebidas, aún no sabe nada…pensé. A pesar de ello tengo mis dudas, porque constantemente sentí que me observaba durante la cena. En la noche mientras yo dormía entró en mi cuarto y besó mi frente. Entonces seguí durmiendo y soñando con lo que habría sido la mejor actuación de mi vida, si ya mi vestuario y maquillaje de Satanás habían quedado perfectos…mi despliegue en el escenario habría sido fenomenal.

martes, 15 de marzo de 2011

Los sin vida

Una tarde mientras estaba en la escuela vi al papá de mi compañero de curso, era un hombre un tanto mayor que se paseaba por la sala de entrada llevando sus manos en los bolsillos. Javier, su hijo, era igual a él y sus otros dos hijos, que también asistían a este colegio eran su vivo retrato: alto, delgado y colorín.
Este hombre llegaba cada mañana a dejar a sus retoños al colegio y junto a su esposa, también colorina, los besaban en la frente despidiéndose de cada uno de ellos.
Era costumbre ver a este hombre, en el transcurso del primer recreo, en una banca del patio leyendo el diario o conversando con alguno de sus hijos.
En el segundo recreo, lo podía ver paseándose por el patio sólo o hablando con algún inspector. Más tarde, ya en nuestra hora de almuerzo, se sentaba junto a toda su familia en el mesón más alejado del comedor y allí ellos compartían la comida que compraban en el mismo casino. Ya en la tarde, a la hora de salida, llegaba él y su señora a retirar a sus hijos.
Por mi cabeza se paseaban un sin número de preguntas que yo deseaba responder, entonces comencé a llegar antes que ellos a la escuela, así pude ver que cada día era igual al otro, cada vez el beso en la frente y toda vez ellos juntos.
Al toque del timbre para el recreo salía de los primeros, incluso pedí que me cambiaran de puesto cerca de la puerta y desde allí podía observar el instante preciso en que este hombre hacía su ingreso al patio. Me sentaba en una banca, en el rincón más alejado y veía todo lo que sucedía.
Me llamaba la atención que este hombre pasara tanto tiempo aquí ¿acaso no tenía trabajo? ¿No tenía nada más que hacer? ¿no tenía vida propia? ¿Cómo podía pasar allí metido en el colegio?
En fin, mi interés aumentó de tal manera que no me conformé con las respuestas insulsas de mis otros compañeros:
- ¡Ah! El papá del Javier – dijo uno.
- Sí lo he visto, parece que ayer andaba por el patio – respondió otro.
- ¿El papá del Javi? No sé quien es – dijeron los despistados de siempre.
Por lo que decidí averiguar un poco más sobre este hombre sin vida.
Al colocar su nombre en un buscador de internet supe que era el dueño de una empresa muy famosa cuyo rendimiento anual le dejaba grandes ganancias, según algunas entrevistas que allí aparecían.
En las tardes me sentaba en una plaza que había frente a su casa y lo veía jugar con sus hijos. El fin de semana transcurría en ir a la feria el día sábado en la mañana, la tarde era día de visitas; en tanto, el domingo era misa matutina y andar en bicicleta en la tarde. Todo en familia.
Pasado un tiempo mis amigos se alejaron de mí, pues decían que yo ya no tenía vida propia y que sólo vivía preocupado de esa familia, la familia de los sin vida.

martes, 22 de febrero de 2011

Comida casera


Tengo un novio, o algo así, salimos hace algún tiempo, nada muy formal. Comúnmente recorremos sitios fuera de la ciudad, pues andamos a escondidas. Ninguno de los dos es casado ni nada de eso, pero preferimos que nadie de nuestro círculo cercano se enteré, no sé porqué, pero así se han dado las cosas.
Uno de los lugares que hemos visitado con frecuencia ha sido un local de comida casera. Cada vez que vamos lo pasamos excelente y la comida es exquisita.
Hace un mes, estando sola en casa, me entretuve viendo televisión. Estaban dando un programa sobre comida típica. Estaba muy concentrada en ello cuando de pronto veo a una mujer similar a mí, con una amplia sonrisa, comiendo unas ricas empanadas de mariscos… ¡era mi rostro el que ocupaba toda la pantalla del televisor!
La cámara siguió recorriendo el local y sus ricas preparaciones, para finalmente posarse sobre una de las tantas parejas que se encontraban en el lugar. Era yo otra vez y junto a mí un joven que tomaba mi mano y me sonreía. He aquí que mi secreto dejaba de ser secreto – pensé mientras escuchaba el incesante timbre del teléfono de mi casa, al que luego se sumó mi celular y el insistente clic de los mensajes de texto que entraban, todo en el mismo instante. Por lo visto no era la única que veía el programa en ese momento.
El resto de la tarde la pasé revisando que en algún momento la llamada entrante fuera la de él, pero ningún número coincidía. A lo mejor él estaba igual que yo. Y de salir a la calle, ni hablar.
Así pasaron varios días, quizás semanas, la verdad es que no recuerdo con exactitud cuánto tiempo pasó. Sólo sé que un grupo de personas vestidas de blanco, cocineros supongo, entraron a mi casa forzando la puerta de entrada e invitándome a ser entrevistada.
Creo que me volví famosa, pues al salir de casa sentí el resplandor de las luces y los flashes sobre mí. Para pasar inadvertida por la ciudad me llevaron al canal de tv en una ambulancia.
Una vez en el set vi que el conductor del programa llevaba también delantal blanco, por lo que asumí que era un programa sobre comida, pero estaba más interesado por mi niñez que en las recetas, fabulosas por lo demás, que yo dominaba a la perfección. En un momento pregunté por mi novio, después de todo él también había sido enfocado por las cámaras, la mirada del periodista me pareció extraña y luego de un instante vi todo borroso…”este debía ser uno de esos típicos programas de farándula” fue lo último que recuerdo haber pensado.
Al siguiente día continuó la entrevista, pero al ver que yo no me sentía en condiciones de hablar, me pidió que le relatara en forma escrita lo sucedido, por eso aún estoy aquí; mi cuarto de paredes blancas y blandas me parece cómodo. Cada mañana me maquillan para mi próxima entrevista y en las tardes escribo tratando de recordar lo sucedido, pero sólo logro llenar el cuaderno que me dieron con algunas recetas caseras que aprendí de mi abuela. En ocasiones dejan pasar a algunos de mis admiradores, ellos traen las fotografías que lograron tomarme en algún momento, en ellas aparezco sola o con ellos, yo las tomo, las observo un rato y luego se las autografío. Se van un tanto tristes, pues no logro recordarlos, pero es tanta la gente que me visita que el recordar a cada fans me resulta imposible.

viernes, 28 de enero de 2011

Una historia más


Estoy muerta, sí así tal cual como lo acabas de leer. Yo, una joven normal, tranquila y llena de vida morí hace algunos días. Mi caso apareció incluso en la noticias “Una joven ingresa a la posta de urgencia con una puñalada a nivel toráxico, se presume que el agresor…”
En fin, yo me dedicaba a escribir en una revista, un día un editor se comunicó conmigo invitándome a que me reuniera con él. Así lo hice, nos tomamos un café mientras él me relataba los detalles para la publicación de un libro con mis historias, todo iba de maravillas, de pronto él sacó algo así como un cuchillo, sentí un dolor atroz, luego la sirena de la ambulancia…y salí de mi cuerpo, sin entender nada.
Al momento en que comprendí un poco lo que sucedía, también comprendí que nunca encontrarían al culpable ¿por qué? simple, él era, cómo decirlo, parte de mi mente, uno de mis personajes.
Hace unas semanas había escrito la historia de un asesino, el tipo asesinaba a una escritora, tal cual como ella lo relataba en una de sus novelas…y así fue que morí. Pensé fervientemente en una solución, no deseaba quedarme aquí en este mundo como un alma en pena. Entonces fui a mi departamento y busqué la historia, de un lado a otro, mas no la podía hallar y no entendía. Ahí caí en la cuenta que este cuento no lo había terminado de corregir, por lo que debía estar en el cajón donde guardaba comúnmente los relatos que aún les faltaba algún detalle.
Ahí estaba, era el primero, lo tomé, lo leí y corregí algunos errores. Mientras hacía esto me di cuenta que en mi habitación sucedían cosas. Los objetos volvían a su antiguo lugar, pues a su paso la policía había dejado todo al revés. Seguí realizando cambios, pero noté que no podía cambiar la historia, es decir, podía corregir las faltas de ortografía, cambiar una palabra o frase por otra, pero la historia no. Se acabó, todo se acabó.
Lloré, lloré desconsoladamente y me detuve cuando me di cuenta que la historia no tenía final, no había alcanzado a escribirlo, entonces tomé mi lápiz y comencé.
Fue inútil, por más que traté de escribir que sólo había quedado herida o en coma y que luego volvía a su vida normal, no lo logré. Al momento de terminar todo lo que había escrito se borraba inmediatamente. Pasó el tiempo lentamente mientras yo trataba de buscar la forma de ayudarme. Entonces vino la idea, que en realidad no era una nueva idea, ya que sólo me dediqué a escribir lo que estaba viviendo o “muriendo” ahora.
Al terminar la novela, la dejé sobre el escritorio, allí colocaba siempre los trabajos terminados, mi representante pasaba y los llevaba a la revista. En esta ocasión la vi llegar, tomar la historia, leerla e irse feliz.
La historia no fue publicada en la revista, pensé que como yo había muerto, lo más probable es que ya tenían a otra persona, pero no fue por eso. Mi representante fue directo a una editorial, la publicaron y fue todo un éxito.
Y yo sigo aquí, no como alma en pena, sino que terminando de escribir todas aquellas historias que siempre dejé a la mitad por diversos motivos: por distracción, porque no me parecían lo suficientemente buenas o porque no tenía tiempo, ahora el tiempo me sobra…creo.

domingo, 16 de enero de 2011

Las cartas no mienten

La acompañé, yo no tenía nada que ver con la historia, pero ya me había involucrado, sin quererlo, pero ya estaba allí ¿qué más podía hacer? Todo comenzó por una insensatez de mi parte, digo insensatez porque ya me habían dicho que esto no era para mí.
Hace algún tiempo me empeciné en aprender a leer las cartas, fui de un lado a otro, pero ninguno de los personajes que quisieron enseñarme me convenció. Hasta que llegué donde una bruja, una mujer pequeña, delgadísima y muy anciana; ella me señaló que yo no era una de las elegidas, que no debía insistir, pero claro está que no le hice caso. Fui día a día a insistirle que me enseñara todo lo que ella sabía, hasta que por fin aceptó.
Pasaron los meses y me entregó todos sus saberes, luego de ello me pidió que fuera a un lugar donde aprendería más. Debía llegar a un sitio donde el dueño de casa, brujo también, ya estaba muerto y su esposa e hija mantenían contacto con él, allí obtendría el poder que me faltaba…después de todo yo no era una de las elegidas.
Bueno, aprendí lo suficiente como para tirarle las cartas a medio mundo sin la menor precaución, cosa que siempre se me señaló que debía hacer: cuidarme. Fue así como Norma, una amiga, me pidió que le leyera las cartas a una conocida de ella. Acepté sin problemas y le pedí que la llevara a la consulta.
Así llegó Natalia a mi consulta, le leí las cartas, pero lo que vi allí me dejó helada. Aparecía ella involucrada en una secta, no una cualquiera, una que adoraba al demonio haciendo ritos y sacrificios. Ella era sólo una niña, no tenía más de quince años, le indiqué que se alejara de esa gente, pues su vida corría peligro. Quizás fue una lectura más en ese instante, pero las cosas fueron sucediendo unas tras otras.
Lo primero fue que ese mismo día en la noche entraron a robar a mi local, desvalijándolo casi por completo, debido a ello llegó a mis manos la grabación de estos hechos. La policía no le dio mayor importancia a esta grabación, pues no aparecía nadie, supuestamente nadie; ninguna persona de cuerpo y alma aparecía en las imágines en realidad, pero yo reparé en lo que ellos llamaron “reflejos de las linternas” eran una serie de luces o mejor dicho esferas de luz que deambulaban de aquí para allá, recorriendo todo el lugar. Entonces decidí revisar el video desde el principio, nunca había prestado mayor atención a esa cámara.
Las imágenes pasaban frente a mí sin mayor novedad, hasta el momento en que entró esa chica, Natalia, todo se oscureció y no porque fuese tarde, era mediodía. Una vez que ella llegó yo decidí cerrar la puerta para no ser interrumpidas, aún así había una tiniebla inexplicable, pero eso no fue todo, una serie de figuras, fantasmas, sí eran como fantasmas que recorrían todo mi local hasta que ella se fue. Recuerdo que mientras le leía las cartas sentí que el ambiente estaba denso y frío, mas pensé que era idea mía.
Con todo ese material fui donde la bruja que ya conocía. Pretendía mostrarle todo, pero ella de buenas a primeras me dijo que ya me había dicho que esto no era para mí, que debía cuidarme y no le había hecho caso, por lo que lo mejor que podía hacer era alejarme, pues traería problemas a mi vida y a la de ella ¿qué creen? Una vez más no le obedecí.
Fui a la casa de Norma con todo el material, ella tan curiosa como yo deseaba verlo con muchas ganas, luego me dijo que hablaría con la mamá de la menor.
Al día siguiente, cuando ya me prestaba a cerrar mi local, llegaron Norma, Natalia y su madre. No tuve otra opción que invitarlas a pasar y conversar sobre aquella situación. La madre conocía una bruja, una que nos podría ayudar, pero deberíamos realizar un largo viaje.
No sé en qué estaba, pero me embarqué en esta locura. A los días estábamos todas instaladas en el auto de Norma, viajando hacia el norte, hacia un lugar llamado Salamanca, ahí en ese lugar había un pequeño poblado donde debíamos llegar. Se hizo tarde, estaba todo absolutamente oscuro y siguiendo las indicaciones de la mamá fuimos a parar a la punta de un cerro, así literalmente; aunque para mi gusto era un precipicio, al mirar desde la ventana del auto no se veía nada, ni un tercio de camino, sólo una profundidad inconmensurable, era un hoyo insondable y corría un viento increíble que hacía que el auto se moviera intensamente. La madre le pidió a Norma que la dejara bajar y así lo hizo, el viento casi la arrastraba. Creo que recién ahí me vine a dar cuenta que me había dejado llevar hacia algo bastante peligroso y me arrepentí de no haberle hecho caso a mi bruja.
Bajamos el cerro para llegar al camino, durante ese trayecto yo sólo deseaba estar luego en el lugar al cual debíamos llegar. Continuamos hasta encontrar una comisaría, ya a esa altura era de madrugada, allí se nos señaló cómo llegar. Seguimos las indicaciones del carabinero, estábamos ya a cuadras del lugar, la madre y la hija dormían profundamente, le grito a Norma para que tenga cuidado, ya que por la orilla del camino iba un hombre. Nadie despertó, yo miré hacia atrás y Norma miró por su espejo retrovisor y ambas vimos lo mismo, no había nadie… el hombre había desaparecido, nos miramos asintiendo haber visto lo mismo.
Por fin llegamos al lugar, una mujer mayor nos esperaba. Ella les realizó unos baños de purificación a la madre y a la hija, mientras Norma y yo descansábamos en una pieza. En realidad más que descansar sólo deseábamos irnos luego, era mucha aventura para una sola noche, estábamos en eso y comentando el recibimiento del tipo ese, cuando comencé a recordar un sueño, Norma me miró un tanto incrédula, pero después de todo lo que habíamos vivido, cualquier cosa era creíble. No era un sueño mío, era de otra persona, pero yo participaba en él y esta persona me lo había relatado, ocurre que me veía en un cuarto donde habían dos camas, en una de ellas estaba yo sentada leyéndole las cartas a una anciana.
Sentí que este era el lugar, llamé a la dueña de ese sueño, pidiéndole disculpas por la hora y luego detalles del sueño. Me describió exactamente el lugar y a la mujer… ¿sería esta una trampa, una broma o qué sé yo? Norma comenzó a sentir temor, después de toda esta cabra chica pertenecía a una secta.
Ya estaba amaneciendo, madre e hija se veían bastante más recuperadas y la bruja nos insistía en que por lo menos desayunáramos. Aceptamos, con cierto recelo.
• ¿Por qué siguen aquí? Recibieron varios mensajes en el camino como para no llegar, para regresar y huir de esta situación.
Vaya, nos insiste en que tomemos desayuno y luego nos sale con esta pachoteada, Norma y yo no entendíamos nada, pero como ya estábamos bastante asustadas decidimos movernos con la mayor cautela posible.
• Nuestra intención es sólo de ayuda, ya que al parecer Natalia se encuentra en una situación un tanto delicada y …
Qué importaban las tonteras que decíamos, la bruja se paró y detrás de ella salieron la madre y la hija. Mi amiga y yo decidimos que era hora de irnos, porque la cosa se estaba colocando un poco complicada. Tomamos nuestras cosas con sigilo y caminamos hacia la puerta de salida, con nuestras miradas fijas en el auto.
• ¿Por qué se van, acaso han visto alguna mala cara?
¡Ay, no! Lo que nos faltaba, nos pillaron justo y tan calladitas que íbamos, ésto no me está pasando a mí, ésto no me está pasando a mí, es sólo un sueño, sí, sólo tengo que despertar y listo…por más que repitiera en mi mente esas frases, la realidad era otra. Tuvimos que regresar. La bruja quería que yo le leyera las cartas, le insistí en que esto sólo era una tontera, que yo no las sabía leer bien, que ni siquiera era una de las elegidas, pero nada. No entendía razones y yo no estaba tampoco dispuesta a contrariarla, sentía que no estaba en condiciones de hacerlo.
Entonces, me llevó a la habitación donde horas atrás habíamos estado descansando, recordé aquel sueño que me habían contado, mi estómago daba vueltas. Nos sentamos y comenzamos la lectura. Al finalizar la bruja estaba absolutamente consternada, comenzó a gritar, a tirarse el pelo y a correr por todo el cuarto. Aproveché que estaba totalmente alterada para acercarme lentamente a la puerta, apenas tomé la manilla, la abrí y salí huyendo del lugar junto a mi amiga.
Dimos mil vueltas por ese pueblo, hasta que oscureció, de pronto vimos en el horizonte una estrella muy luminosa. La estrella se comenzó a acercar, hasta que notamos que era una esfera de luz, de las mismas que había visto en mi consulta el día que llegó Natalia. Le pedí a Norma que la siguiera, después de todo lo vivido, esto era otra situación tan rara como las anteriores, pero ésta no me causaba temor, así es que así lo hicimos. Luego de un rato logramos llegar a la comisaría, le insistí a mi amiga que no se detuviera, que yo recordaba por donde seguir. Ya estábamos a punto de llegar a la carretera y aquella esfera seguía ahí arriba.
La esfera nos acompañó durante la mayor parte del trayecto. Un poco más tranquilas, pero siempre en silencio, Norma me pidió que le explicara lo ocurrido. A esta altura no confiaba en nada ni nadie, por lo que le hablé sobre lo curioso de ese lugar, una excusa cualquiera para evadir la situación, aunque de verdad que el pueblo era extraño, ya que en él sólo habitaban mujeres, en todas las vueltas que dimos sólo las vimos a ellas y los pocos hombres que vimos no sobrepasaban los tres, ellos tenían una mirada perdida y un lento caminar arrastrando sus pies. Parecían zombis.
Hoy que ya han pasado años de esa aventura, puedo decir lo que realmente sucedió. Cuando le leía las cartas a la bruja, pasaban por mi mente las escenas del sueño que me habían contado, por lo que debía pensar con rapidez y rogando no ser detectada. Según el sueño en el momento en que yo le leyera las cartas a esta mujer, ella se apoderaría de mí, o mejor dicho, de mi mente; desde ese día en adelante sería una esclava de ella y cada vez que ella lo deseara yo debería leerle las cartas, pero todo a través de sueños, es decir ella se aparecería en mi mente cuando yo estuviera durmiendo obligándome a revelarle lo que dijeran los naipes, consumiéndome así lentamente.
Esto era una locura, mas yo ya estaba ahí y debía zafarme del lío en el cual me había metido y si el sueño era cierto o no, no deseaba averiguarlo, por ello le inventé a la bruja una serie de acontecimientos mitad verdad y mitad mentira mientras rogaba a no sé quien que me ayudara. Entonces sucedió lo que ya mi imaginación no podría soportar, pero que sí soportó. Apareció la esfera de luz y la bruja montó en cólera, momento que yo aproveché para huir.
Cuando llegué a mi casa comprendí que a lo mejor sí era una de las elegidas, que esta bruja había hecho todo para saber algo que ella con sus poderes no podía adivinar, pero que yo sí se lo podría revelar y al parecer eso era algo bastante peligroso, ya que esa esfera de luz había aparecido en varias ocasiones para salvarme. Estaba pensando en el riesgo y recordé lo que me había recomendado mi bruja y decidí ir a hablar con ella, pero la última vez que intenté hacerlo me cerró la puerta en la nariz. Entonces la cordura se apoderó de mí, pero como en tantas ocasiones no le haría caso y fui a la casa del brujo que estaba muerto.
Al llegar me enteré que la madre había muerto, sólo quedaba la hija bruja, quien podía comunicarse con ambos. Ella me contó que su madre había muerto luchando con una bruja que deseaba apoderarse de la mente de una de las elegidas.
• ¿Y qué es eso de ser elegida o quiénes son las elegidas?
• Las elegidas son las princesas de la magia blanca y de la negra, ambos grupos las desean, unos para hacer el bien y otros para hacer el mal. Mis padres se encargaban de protegerlas y ahora, después de muertos aún lo hacen…cuánto las odio, todas ellas me quitaron a mis padres, aún ahora lo siguen haciendo.
Cuando tú viniste yo pensé que eras una de ellas y arreglé todo para que fueras a parar al otro bando, pero por lo que veo, era cierto lo que me dijeron mis padres: tú no eres una de las elegidas, sino ya no estarías aquí.
En eso aparecieron las esferas de luz y, a buen entendedor pocas palabras, tomé todas mis cosas y salí rapidito del lugar. Cerré definitivamente mi consulta, quemé todo el material, sólo me quedé con mis cartas, que están bien guardadas, casi escondidas.
He decidido hacer el bien, pero por mi cuenta, como ser humano común y corriente, sin pertenecer a ningún “bando”, por lo mismo cambié de ciudad, llegué a un lugar donde nadie me conoce, lejos de todo, aunque a veces creo ver las esferas de luz rondando cerca de mi casa.