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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

sábado, 3 de octubre de 2009

Sucesos

Parte ll

Hace algún tiempo atrás me ocurrieron una serie de sucesos, algo trágico en mi vida, fui expulsada de mi hogar, me vi de pronto dentro de un letrero publicitario y perdí a mi padre. Todo esto fue uno, así de repente.
Yo pasaba por la vida así sin más, sin nada que hacer, sólo dedicada al estudio…tenía una vida fácil y llevadera. Hasta ese día.
Cuando lo perdí todo me dediqué a vagar por las calles viendo a la gente pasar, viendo que todo continuaba como antes, salvo mi vida que ya no era la misma de antes. Debía terminar la carrera que estaba estudiando, tenía que hacer algo con mi vida, pues bien, comencé por aquello en lo que había quedado luego de que mi padre me echara de la casa. Metí nuevamente mis manos en los bolsillos buscando el billete de mil pesos, no me serviría demasiado la verdad, pues no podría hacer mucho con él, es decir no me alcanzaría para arrendar una pieza, menos un cuarto de hotel, ni pensar en comida; aunque esto último tenía más sentido, si bien no sería un gran festín pero sí podría conseguir un poco de pan o un sándwich, de esos que venden en cualquier esquina.
Antes de ir a comprar me detuve, saqué el billete de mi bolsillo, me acerqué a un farol buscando un poco más de luz y lo observé detalladamente. Luego de un rato noté que había algo extraño en él, algo diferente a los demás, pero esto no significaba que fuese falso, sino que era distinto: tenía un aroma, tenía un color, tenía algo, quizás no era algo muy obvio, pero definitivamente era diferente.
En ese instante vinieron a mi mente una serie de imágenes de los hechos que últimamente había vivido, entonces, me di cuenta que debía volver, era prioritario regresar y observar nuevamente ese letrero publicitario.
Finalmente llegué frente a él, lo miré detenidamente, de pronto me di cuenta que en uno de sus extremos había un gran cofre con monedas y billetes, saqué mi billete colocándolo al lado de uno de los que aparecían en el spot, si bien no era igual, se le parecía bastante. Cuidándome de no ser vista por los seres que vivían allí, ya que mi experiencia me indicaba que eran bastante peligrosos, recorté una moneda, la más pequeña pensando que a lo mejor eso me salvaría de algo, de terminar como mi padre.
Una vez que tuve el trozo de papel en mis manos éste, de inmediato se convirtió en una moneda de verdad ¡era real! Absolutamente real, pero cómo no me di cuenta antes, cómo no noté que había algo raro, mi padre jamás me había dado dinero, ni un veinte y ocurre que ese día, ese fatídico día me dio sin más ni más MIL pesos, de donde tanto desprendimiento, sé que ésta no es una gran cantidad, pero para él eso era demasiado. Lo que es peor a mi no me extrañó ni me llamó la atención este hecho y ahora me encontraba en esta situación.
La disyuntiva era recortar el dinero suficiente como para tener con qué arrendar algo para pasar la noche, sacar todo el dinero o seguir mi camino sin mirar atrás, me senté en la vereda a pensar un poco; en realidad no alcancé a sentarme cuando decidí qué era lo mejor. Caminé dos cuadras más abajo y me compré un rico completo y una bebida, no estaba dispuesta a terminar como “los peores” como llamaron ellos a mi padre y quién sabe a cuantos más. Estaba disfrutando de mi comida cuando divisé a lo lejos que algo se movía en el aviso, decidí alejarme.
Pasé la noche en la casa de una amiga, en la mañana temprano me fui a la universidad a ver los avisos que aparecían en la bolsa de trabajo: había uno en una revista. Me dirigí al lugar llevando escrita la historia de lo que me había sucedido recientemente, la encontraron fenomenal y quedé contratada. Tenía resuelto mi problema.
Al llegar a la casa de mi amiga, le conté las novedades solicitándole alojamiento hasta que recibiera mi primer sueldo…me aceptaron. Mi amiga me preguntó si alguien sabía que yo me estaba quedando allí, la miré extrañada, le indiqué que no y le pregunté a qué se debía su comentario. Me llevó hasta la habitación que me habían prestado, abrió la puerta señalándome lo que había llegado para mi en el transcurso de la mañana… ¡era un baúl! Pero no cualquier baúl, era el del aviso, sentí que mis días estaban contados, que ese era mi destino y por más que tratara no podría huir, lo presentí en el mismo momento cuando, la noche anterior, vi que algo se movía en ese letrero, pero yo preferí alejarme lo que ahora me resultaba imposible.
Le pedí que me dejara sola, ella no sabía nada, sólo lo que había aparecido en la prensa. Me senté frente al baúl y lo miré, no entendía nada. Comenzó a moverse, como si alguien tratara de abrirlo, se levantó la tapa y apareció un canario…el lindo canarito. Tenía un aspecto suave, casi bondadoso, pero yo lo conocía muy bien.
- ¿Por qué huiste? Te hemos estado buscando, anoche decidí seguirte para evitar que volvieras a desaparecer.
Este pájaro estaba loco (o la loca era yo, que es peor) cómo pretendía que me quedara, era un peligro estar allí, ellos no entendían razones, no les importaba nada. Además no sabía cómo yo había llegado allí, todo fue muy rápido e inesperado.
- Tú eres parte de la profecía, todo estaba escrito, tú serías quien nos salvaría y ahora que te hallamos no te volveremos a perder.
Su amenaza fue clara y precisa, ya no tenía dudas de que este era mi fin, quizás qué más diría la famosa profecía. Me pidió que entrara al baúl, lo hice y en fracción de segundos estaba nuevamente dentro del letrero, todo estaba igual, demasiado igual…la moneda que yo había sacado estaba allí, las letras también, todo como si nunca hubiesen sido recortadas. Comencé a entender un poco más.
La ardilla se acercó, al parecer se dio cuenta que yo entendía muy poco o nada, me comentó que no me harían daño si yo no lo quería. No me sentí en absoluto más aliviada, pero me señaló que la profecía indicaba que si ellos perdían alguna parte de ella desaparecerían completamente en poco tiempo, debido a esto perseguían a quienes osaban recortar alguna parte del spot. Sabían que eran una tentación constante, más aún cuando al sacar cualquier trozo éste se hacía real. Entonces un día cualquiera llegaría alguien que con un simple lápiz los ayudaría, esa era yo, y los mantendría vivos para siempre.
Los interrumpí señalándoles que yo era una humana, por lo tanto eso de “siempre” era un poco difícil, pero ellos tenían todo planeado, al vivir con ellos me volvería inmortal.
- Pero ¿cómo explicarán mi aparición en este letrero? Este aviso es de animales, no de humanos
Aquí es donde cometí el gran error de mi vida, este era el momento preciso en que debía guardar silencio, pensé que me ayudaba, pero me engañaba completamente. Me convirtieron en uno de ellos, en un animal y cada noche puedo volver a ser una persona, nada más que para rehacer las partes dañadas y escribir las historias que publico, las que mi amiga encuentra día a día dentro del baúl.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Uuuuuuuu! que miedo...no me acercaré nunca más a un aviso publicitario!!!!
Isis

Anónimo dijo...

Tambièn puede suceder que un baùl nos parezca sospechoso, ya que nuestra escritora podrìa estar allì adentro...muy buena historia, y asì dicen que las segundas partes no son buenas.

Anónimo dijo...

Cuando encuentre un billete en mis bolsillos creo que lo mejor que podrìa hacer es tirarlo a la basura