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"La oportunidad golpea a tu puerta todos los días. Pero no basta con eso: a la oportunidad hay que abrirle la puerta, hacerla pasar y cuidarla mucho, para que no se vaya”.

domingo, 10 de abril de 2011

Vacaciones


Éstas debían ser unas excelentes vacaciones, pero como mi año escolar estuvo a punto de terminar en tragedia: yo reprobando el sexto grado y expulsado de la escuela. Mi padre decidió hacerme la vida imposible, al igual que se la habían hecho a él durante el año mis profesores (jefe y de asignaturas), inspectores y director del colegio.
Mi buena estrella hizo posible el milagro, por lo que pasé de curso y los profesores decidieron confiar en mí y permitir que me quedara “por algún tiempo” más en el colegio. A mi padre no le bastó con castigarme dejándome sin mis juegos, si no que a la lista agregó un profesor de matemáticas para el día lunes, una profesora de lenguaje para el jueves y un curso de inglés para los martes, miércoles y viernes.
Sólo cuando voy al curso de inglés salgo a la calle y me siento un poco libre, pero esto me ha de durar, creo, hasta hoy o mañana. La Coordinadora llamará a mi padre y se acabará todo.
Ocurre que dentro de las actividades del curso debíamos presentar una obra de teatro, la aprendimos, ensayamos, vimos algunos detalles y la teníamos que presentar hoy. Hasta aquí todo bien ¿cierto?
Bueno para iniciar nuestra obra teníamos que utilizar una vestimenta adecuada. Mi maquillaje ya estaba listo, por ello fui al baño para cambiarme de ropa. Entré y todo estaba bastante silencioso, pero comencé a escuchar un ruidito, unas eses (ssssss) y una respiración o algo así. Sentí algo de temor.
Aguardé en silencio un instante y todo continuó igual. Entonces con mucho sigilo y casi aguantando la respiración me fui acercando hasta el sitio de donde provenían esos extraños sonidos: era de uno de los baños, cuya puerta estaba, aparentemente, cerrada.
Entré al baño contiguo, me subí al retrete y me asomé de una vez. Mi corazón latía a cien por hora, mis manos me sudaban, sentía que mis piernas apenas me podían sostener y por mi garganta no podía pasar ni un poco de saliva.
Cuando me asomé todo fue uno: el grito, la caída abrupta, los golpes en las paredes, los portazos y la Coordinadora con cara de general del ejército.
La verdad es que lo que ocurrió fue una suerte de malos entendidos. Yo entré a cambiarme de ropa, sólo eso, pero ese ruido extraño me obligó a asomarme rápidamente porque me sentí algo raro. Allí me di cuenta que al otro lado estaba uno de los integrantes de mi grupo, de rodillas y mirando al cielo ¡estaba rezando! ¿A quién se le ocurre hacerlo en un baño? Él estaba absorto en esto cuando de pronto me vio aparecer y gritó como un loco, su grito tuvo tal efecto en mí que perdí el equilibrio y resbalé golpeando las paredes del baño. En tanto, mi compañero pateaba la puerta cuyo cerrojo se había trabado en su terrible desesperación, por lo que continuó dando gritos. Cuando al fin pudo salir, en vez de correr despavorido, sólo se quedó alelado mirando a la Coordinadora – quien a raíz del boche llegó en segundos al lugar – luego caminó hacia atrás dos o un paso y se desmayó.
Aún sin restablecerme de mi caída, sentí que la puerta de mi baño se abría y que aquella mujer se abalanzaba sobre mí jalándome de una oreja para sacarme del baño profiriendo un sin fin de amenazas. Ya en su oficina intenté explicarle mil veces lo sucedido, pero ella sólo hablaba y hablaba, paseándose de un lado a otro y alzando sus manos al cielo.
Estando ya en casa, vi llegar a mi papá del trabajo con pizzas y bebidas, aún no sabe nada…pensé. A pesar de ello tengo mis dudas, porque constantemente sentí que me observaba durante la cena. En la noche mientras yo dormía entró en mi cuarto y besó mi frente. Entonces seguí durmiendo y soñando con lo que habría sido la mejor actuación de mi vida, si ya mi vestuario y maquillaje de Satanás habían quedado perfectos…mi despliegue en el escenario habría sido fenomenal.