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jueves, 27 de septiembre de 2012

En el metro


Sintió las campanas y supo de inmediato que iba a morir… 

Lo siento, no puedo continuar con la historia…

Voy viajando en el metro y, con mucha suerte encontré un asiento. Aproveché y saqué mi libreta para escribir un relato que se me vino a la mente, minutos antes,  mientras esperaba que llegara un tren más o menos desocupado.
Comencé a escribir, pero al sentirme observada, tuve que dejarlo. Ocurre que a mi lado va de pie un tipo, quien no saca sus ojos de mi libreta.
Ahora, no quiero que piensen ¡pero qué quisquillosa! Si el tipo sólo está mirando, no tiene nada de malo. Cierto, eso a mí tampoco me parece mal, pero ocurre que va leyendo cada palabra y línea que yo anoto. Lo peor vendrá después, ustedes ya notaron que la historia no la terminé, si apenas la pude iniciar. Claro que lo que sí escribí es lo que ustedes están leyendo ahora y que él también ha podido leer.
Ustedes se preguntarán ¿entonces cómo supo que lo peor venía después? Pregunta que él también se está haciendo… ¡PLAS! …ya ocurrió.
Él llevaba sobre su oreja un lápiz, tanto bajar la cabeza para leer lo que estoy anotando que el lápiz cedió y cayó sobre mi libreta…se disculpó y lo tomó rápidamente, no sin antes cruzar nuestras miradas.
Creo que es algo simpático…acaba de sonreír. 
Y por lo que veo tiene lindos dientes…ha vuelto a sonreír y se ha ruborizado. 
Me parece que no sólo es simpático y por la reacción que está teniendo en este instante, él piensa igual de mí.
Bueno, definitivamente el relato que inicié hace un rato, lo terminaré más tarde, pues el tipo se sentó a mi lado y ya no quiere leer, quiere conversar un poco conmigo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Día 5: El recital

   Cuando sentí su cercanía, me sentí un poco incómoda y le pedí que me fuera a dejar a mi casa...después de todo él me fue a buscar...

   Sonó el timbre de la casa, salí a ver quién llamaba. Era él, era Rodrigo. Le dije que mi hermano no estaba, pero...

  • No lo vengo a ver a él...vengo por ti.
   Esto no lo esperaba, mi corazón casi se salió de mi pecho al escuchar esta declaración.
  • Voy al recital y quiero llevarte conmigo.
  • Pucha, es que estoy sola y no sé si...
  • ¿Bueno vas o no vas? - preguntó cortante.
   En fracción de segundos decidí que era ahora o nunca, que sólo se vive una vez, que carpe diem, etc, etc. Así es que le pedí que me esperara un instante. Entré en mi casa, me arreglé y dejé sobre la mesa del comedor una nota que decía "voy y vuelvo".
   Caminamos hasta la parada tomados de la mano y el resto del trayecto fue igual. Ya en el estadio, cantamos y bailamos cada canción, yo me las sabía todas.
   Terminado el espectáculo, nos fuimos a comer algo y luego caminamos por la ciudad. La noche estaba preciosa, el cielo lleno de estrellas.
   Al llegar a una plaza, nos sentamos en una banca y nos pusimos a conversar. Mientras conversábamos, él acariciaba mis manos, mi pelo. Después de un rato, me abrazó y sentí que una de sus manos se deslizaba de manera lenta e imprudente por mi cuerpo, en tanto me susurraba al oído: "vamos a mi casa...".
   No me gustó para nada el rumbo que estaba tomando nuestra cita, por ello le pedí que me llevara a casa y guardé silencio el resto del camino.
   Cuando entré en mi casa mi madre me miró diciendo "veo que volviste"
  • Sí mamá, tal cual como lo escribí en la nota.

jueves, 23 de agosto de 2012

Día 4: La marcha

      Salí de la sala con mucho sigilo, cuidando que la profesora y mis compañeras no se dieran cuenta de lo que pretendía hacer. Oculté mi mochila bajo el chaleco y me dirigí al patio de atrás del colegio, salté el muro que colindaba con el cementerio de las monjas y, así, a través de las tumbas llegué a la puerta principal, por ende a la calle. Tomé la micro y llegué a la esquina donde nos íbamos a juntar con mis amigas.

      La marcha dio inicio  a su largo recorrido a los minutos después de haber yo llegado. Caminamos cuadras y cuadras lanzando cientos de panfletos, leyendo un sin fin de pancartas que cargaban aquellas personas que caminaban junto a nosotras.
      No noté en qué momento llegamos a las afueras de la ciudad, mis amigas tampoco. Allí nos esperaban unas micros y autos para llevarnos a la ciudad vecina donde terminaría todo con un gran acto.
      Mis amigas y yo nos miramos perplejas, pues ninguna se había dado cuenta de todo lo que habíamos caminado y no teníamos idea de cómo volver, además de andar sin dinero. Estábamos ahí decidiendo qué hacer mientras veíamos como todos se iban. En eso, frente a nosotras pasa lentamente, una camioneta con algunas personas en su parte trasera... una de aquellas personas era él:

  • Rodrigo
      No lo dudé ni un segundo, corrí y me subí a la camioneta... mis amigas me siguieron.
      Fue increíble, estuvimos juntos cantando y bailando. Lo único que comimos fueron unas manzanas que nos regaló el dueño de un negocio.
      Ya avanzada la tarde, llegó la hora de regresar, cómo lo haríamos... no sé, lo único que tenía claro era que estaba feliz, cansada y mis tripas rugían de hambre. Rodrigo debía quedarse, entonces nos despedimos y junto a mis amigas comenzamos a caminar. Llegamos a una plaza, nos subimos a un autobús pidiéndole permiso al chofer y rogando que nos aguantara la patudes y... así sucedió.
      Llegué a mi casa bastante tarde con la excusa de haber estado haciendo una tarea y el corazón rebosante de alegría con lo que acababa de vivir.

lunes, 13 de agosto de 2012

Día 3: Un encuentro casual

   Hoy fui al museo con unas amigas, al salir y dirigirnos a tomar una micro a casa lo vi, o él me vio...no lo sé, es decir no sé quien vio primero a quien, sólo sé que nos miramos, nos sonreímos y ambos nos acercamos a saludarnos...¡por fin alguien que no se hace el loco, el que no te ve, el importante, el que te ignora, etc.!
   Le presenté a mis amigas, ellas lo miraban embobadas, creo que debí pellizcarlas para que disimularan un poco, pero no me importó, pues él al parecer no lo notó. 
   Luego de conversar un rato, me pidió que lo acompañara al museo, yo un poco confundida lo miraba a él y a mis amigas, estas últimas de inmediato reaccionaron e inventaron mil cosas para que me fuera con él y no me preocupara por ellas, así es que regresé al museo y vi nuevamente la muestra, sólo que esta vez con otra compañía.
   El museo entero me pareció nuevo e interesante. Lo recorrimos completamente tomados de las manos. Él no me pidió ser su pareja ni nada de eso, pero estar allí, tomados de las manos me hizo sentir especial o mejor dicho ser alguien especial para él.
   Al salir del museo nos fuimos juntos y me dejó, al igual que la otra vez, a la mitad del camino entre su casa y la mía. Se despidió con un beso en mi mejilla y se fue.
   No sé cuánto me demoré en llegar a casa, ni qué camino tomé, pero en la puerta estaban mis amigas, ansiosas de saber los detalles de este encuentro.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Día 2: Conociendo algo más de él


          Claro está que no han pasado dos días, pero prefiero vivir esto como si cada momento hubiera ocurrido el día anterior.
            Lo que sucedió esta vez fue que mi hermano me pidió que lo acompañara a una nueva reunión, yo no lo podía creer, le pedí alguna explicación y lo único que conseguí fue saber que Rodrigo había pedido expresamente que yo fuera. Después de esta respuesta y de sentirme en las nubes no quise saber nada más.
            Llegamos al lugar de costumbre y todo ocurrió idem.
            Cuando quedamos solos me invitó a su casa. Quedaba cerca. Entramos y me presentó a su mamá, una señora muy simpática y reservada. Juntos nos sentamos en un sillón, allí Rodrigo apareció con una guitarra y se puso a cantar, así pasamos la mayor parte de la tarde.
            Luego fue a dejarme a mí casa, justo al llegar a la mitad del camino entre su casa y la mía se detuvo, me dijo que sólo hasta ahí podía dejarme, se despidió y se fue.

jueves, 21 de junio de 2012

martes, 29 de mayo de 2012

Día 1: Así nos conocimos

Fui a la reunión. Después de mucho hablar y hablar conseguí convencer a mi hermano de que no debía temer por mí, que era capaz de participar en una reunión manteniendo absoluto silencio...él no perdería protagonismo, esto era lo que más le importaba y le encontraba toda la razón, al fin y al cabo eran sus amigos y yo me estaba inmiscuyendo en su metro cuadrado. 
 Al llegar fui presentada al grupo como "la hermana de" y eso fue todo, luego permanecí sentada al borde de la mesa mientras ellos tomaban decisiones. 
 Cuando dieron por finalizada la primera parte de la junta sirvieron unas bebidas y un picoteo e iniciaron una conversación más distendida. Aquí aproveché de pararme y recorrer aquella casa, que no tenía nada de peculiar, pero el estar tanto rato allí tratando de ser invisible fue algo agotador. 
 Luego de un rato al parecer había vuelto a ser visible, pues en ese instante se acercó a mí un chico. Él se presentó y amablemente se dedicó a charlar conmigo. Me pareció agradable y bastante "potable" (buenmozo). Al rato dieron inicio a la segunda parte de la reunión, la que no duró más de una hora. 
 Nos disponíamos a partir con mi hermano cuando se nos acercó Rodrigo, el muchacho con el que había estado conversando hace un rato y, colocándole una mano en el hombro a mi hermano le dice que yo me iré con él, ya que le he realizado una serie de acotaciones muy interesantes, por lo que desea hablar un poco más y...
 - No te preocupes yo la voy a dejar después a la casa. 
 Mi hermano me miró, hizo un gesto de despedida y se fue. ¡Linda la cosa! pensé en ese instante. Al parecer nuevamente me había vuelto invisible y no sé como lo hice, pues a mí nadie me preguntó nada. 
 Bueno, la verdad es que yo a él nunca le dije cosa alguna es decir, esas "acotaciones interesantes" nunca existieron, pero me pareció tan entretenida la forma de lograr quedarse un rato más conmigo, que guardé silencio, el mismo silencio que me había pedido guardar insistentemente mi hermano. 
 Salimos juntos a la calle y conversamos de todo un poco...simplemente me dejé querer y quizás mañana o pasado o en otra reunión nos volvamos a ver. Sentí que era el inicio de algo, no sé exactamente qué, pero estoy esperando ver lo que sigue.

jueves, 10 de mayo de 2012

Verdecitos

Teníamos un club, todos los jueves nos reuníamos en la casa de uno de nuestros amigos. Allí en el patio sus papás habían construido una caseta de madera.
Cada tarde de jueves, llegábamos al lugar, cerrábamos la puerta y dábamos inicio a nuestra secreta reunión, la verdad, es que no sé qué tan seguro era el lugar como para mantener un secreto, ya que las tablas que conformaban la caseta presentaban importantes separaciones, las que perfectamente permitían filtrar cualquier conversación.
 Un día, en plena reunión, Sebastián, uno de los integrantes del club, que estaba sentado junto a mí, comenzó a murmurar algo indescifrable, lo que llamó mi atención y me hizo tratar de entender lo que decía, pero me era imposible escucharlo a él y a la vez la voz chillona de Jessica, la presidenta del club. Ella daba una síntesis de la reunión anterior. Al parecer nadie notaba que Sebastián hablaba con la pared o con alguien.
- ¿Sebastián qué haces?
- Converso
- Sí, ya lo noté pero ¿con quién?
- Con ellos – me contestó señalándome un agujero que se formaba en la separación de algunas tablas.
 Miré hacia el lugar indicado y no vi nada, salvo las tablas, entonces me acerqué más y nada. Volví a mi asiento e intenté poner atención a la reunión que estaba a punto de comenzar, claro que sin dejar de escuchar a Sebastián, quien reía y conversaba de manera muy entusiasmada.
- ¿Qué hacen allí sentaditos?
- ¿Por qué son verdecitos?
- ¿Qué hacen allí sentaditos y verdecitos?
 Al cabo de dos o tres reuniones, en las cuales mi amigo seguía con la misma conducta, alcancé a escuchar o entender que hablaba con algo así como unos duendes, ya que entre aquellas tablas sólo podía ubicarse un ser pequeño, claro está que eran varios, de color verde y que estaban sentados. Salí detrás de él para realizarle algunas preguntas y sus respuestas me dejaron un tanto perpleja: “Mis amigos verdecitos que están allí sentaditos son marcianitos”. Al escuchar tal afirmación me quedé paralizada, no pude moverme ni un paso más, en tanto Sebastián continuaba hablando y caminando, al parecer no notaba que yo estaba unos cuantos metros atrás.
 Pasó un minuto, dos o tres, no sé cuánto, pero yo seguía ahí sin poder moverme, entonces allí vino lo terrible e increíble: apareció una gran luz desde el cielo que se posó sobre Sebastián y lo levantó… ¡fue abducido!
 Ha pasado cerca de un mes, nadie habla sobre la ausencia de Sebastián, parece que nunca existió, pero durante cada reunión miro hacia las tablas separadas, como buscando algo. Hoy por fin lo he visto: lo veo ahí sentadito, verdecito y hablándome de su nueva vida.

lunes, 6 de febrero de 2012

Día de los enamorados

Hoy es el día de los enamorados, debido a ello me di un baño con pétalos de rosas, me coloqué perfume y me puse mi vestido regalón, también me maquillé un poco, a pesar que no acostumbro hacerlo, pero hoy es un día muy especial, así es que por lo mismo me tomé el pelo en un moño coqueto; ese típico peinado que todos, o la mayoría, dicen que te asienta.
Me he mirado como cien veces en el espejo, procurando ver que cada detalle esté como yo lo deseo y una vez que sienta que todo está bien podré salir ¡antes ni muerta!
De salir, voy a salir, pero no es que tenga una cita, es decir no tengo pareja; aunque sé que mi enamorado está ahí esperando afuera, en la florería, a orilla de la playa, en el colectivo, paseando por la calle, comprando en una pizzería, en cualquier lugar y en todos lados. Debido a ello siempre voy atenta y hoy, especialmente alerta.

sábado, 29 de octubre de 2011

Apis Mellifera


Ayer vi la película “Bee movie”. Lloré un poco, pero luego me recuperé y tomé la drástica decisión de salvar al mundo. Dentro de estos días me corresponderá hacer guardia en la piquera y desde allí defenderé mi hogar. La verdad, no me molesta si vienen algunas hormigas a robar nuestra miel, pues son bastante organizadas y laboriosas, pero los hombres ¡se la llevan gratis!
¿Les dije en algún momento que soy una abeja? Me imagino que sí. Debo organizar pronto un plan que permita abastecer a la colmena y de pasadita desarrollar un negocio de exportación de los productos estrella: miel, propóleo, polen, cera, jalea real y otros.
Cuando cumpla veintidós días de edad saldré a polinizar y a recoger polen y néctar algunos de los productos necesarios, allí aprovecharé para hacer los contactos que se requerirán para el negocio. A los cuarenta y cinco días de edad podré morir tranquila.

sábado, 2 de julio de 2011

Madre

Estoy en el aeropuerto esperando que llegue el vuelo 397 procedente de Europa. Según lo que señala la pantalla informativa el avión viene con una hora de retraso, así es que aquí estoy viendo pasar gente de allá para acá, no es muy entretenido, pero no se me ocurrió haber traído un libro para leer un poco u otra cosa.
Si ella, mi madre, estuviera en mi lugar, de seguro todo sería diferente: primero habría traído algo para entretenerse, algo que luego dejaría para instalarse a conversar de la vida con quien estuviese a su lado. Segundo, habría dedicado el tiempo en recorrer cada uno de los negocios que aquí hay, para luego pensar en el que le gustaría trabajar a ella o en inventar una tienda nueva. Tercero, cualquier locura, incluso buscarme un nuevo novio, pues no le gusta el que tengo.
Yo la considero muy alegre, aunque ella dice que sólo es optimista, pues sabe que algún día cambiaré.

domingo, 10 de abril de 2011

Vacaciones


Éstas debían ser unas excelentes vacaciones, pero como mi año escolar estuvo a punto de terminar en tragedia: yo reprobando el sexto grado y expulsado de la escuela. Mi padre decidió hacerme la vida imposible, al igual que se la habían hecho a él durante el año mis profesores (jefe y de asignaturas), inspectores y director del colegio.
Mi buena estrella hizo posible el milagro, por lo que pasé de curso y los profesores decidieron confiar en mí y permitir que me quedara “por algún tiempo” más en el colegio. A mi padre no le bastó con castigarme dejándome sin mis juegos, si no que a la lista agregó un profesor de matemáticas para el día lunes, una profesora de lenguaje para el jueves y un curso de inglés para los martes, miércoles y viernes.
Sólo cuando voy al curso de inglés salgo a la calle y me siento un poco libre, pero esto me ha de durar, creo, hasta hoy o mañana. La Coordinadora llamará a mi padre y se acabará todo.
Ocurre que dentro de las actividades del curso debíamos presentar una obra de teatro, la aprendimos, ensayamos, vimos algunos detalles y la teníamos que presentar hoy. Hasta aquí todo bien ¿cierto?
Bueno para iniciar nuestra obra teníamos que utilizar una vestimenta adecuada. Mi maquillaje ya estaba listo, por ello fui al baño para cambiarme de ropa. Entré y todo estaba bastante silencioso, pero comencé a escuchar un ruidito, unas eses (ssssss) y una respiración o algo así. Sentí algo de temor.
Aguardé en silencio un instante y todo continuó igual. Entonces con mucho sigilo y casi aguantando la respiración me fui acercando hasta el sitio de donde provenían esos extraños sonidos: era de uno de los baños, cuya puerta estaba, aparentemente, cerrada.
Entré al baño contiguo, me subí al retrete y me asomé de una vez. Mi corazón latía a cien por hora, mis manos me sudaban, sentía que mis piernas apenas me podían sostener y por mi garganta no podía pasar ni un poco de saliva.
Cuando me asomé todo fue uno: el grito, la caída abrupta, los golpes en las paredes, los portazos y la Coordinadora con cara de general del ejército.
La verdad es que lo que ocurrió fue una suerte de malos entendidos. Yo entré a cambiarme de ropa, sólo eso, pero ese ruido extraño me obligó a asomarme rápidamente porque me sentí algo raro. Allí me di cuenta que al otro lado estaba uno de los integrantes de mi grupo, de rodillas y mirando al cielo ¡estaba rezando! ¿A quién se le ocurre hacerlo en un baño? Él estaba absorto en esto cuando de pronto me vio aparecer y gritó como un loco, su grito tuvo tal efecto en mí que perdí el equilibrio y resbalé golpeando las paredes del baño. En tanto, mi compañero pateaba la puerta cuyo cerrojo se había trabado en su terrible desesperación, por lo que continuó dando gritos. Cuando al fin pudo salir, en vez de correr despavorido, sólo se quedó alelado mirando a la Coordinadora – quien a raíz del boche llegó en segundos al lugar – luego caminó hacia atrás dos o un paso y se desmayó.
Aún sin restablecerme de mi caída, sentí que la puerta de mi baño se abría y que aquella mujer se abalanzaba sobre mí jalándome de una oreja para sacarme del baño profiriendo un sin fin de amenazas. Ya en su oficina intenté explicarle mil veces lo sucedido, pero ella sólo hablaba y hablaba, paseándose de un lado a otro y alzando sus manos al cielo.
Estando ya en casa, vi llegar a mi papá del trabajo con pizzas y bebidas, aún no sabe nada…pensé. A pesar de ello tengo mis dudas, porque constantemente sentí que me observaba durante la cena. En la noche mientras yo dormía entró en mi cuarto y besó mi frente. Entonces seguí durmiendo y soñando con lo que habría sido la mejor actuación de mi vida, si ya mi vestuario y maquillaje de Satanás habían quedado perfectos…mi despliegue en el escenario habría sido fenomenal.

martes, 15 de marzo de 2011

Los sin vida

Una tarde mientras estaba en la escuela vi al papá de mi compañero de curso, era un hombre un tanto mayor que se paseaba por la sala de entrada llevando sus manos en los bolsillos. Javier, su hijo, era igual a él y sus otros dos hijos, que también asistían a este colegio eran su vivo retrato: alto, delgado y colorín.
Este hombre llegaba cada mañana a dejar a sus retoños al colegio y junto a su esposa, también colorina, los besaban en la frente despidiéndose de cada uno de ellos.
Era costumbre ver a este hombre, en el transcurso del primer recreo, en una banca del patio leyendo el diario o conversando con alguno de sus hijos.
En el segundo recreo, lo podía ver paseándose por el patio sólo o hablando con algún inspector. Más tarde, ya en nuestra hora de almuerzo, se sentaba junto a toda su familia en el mesón más alejado del comedor y allí ellos compartían la comida que compraban en el mismo casino. Ya en la tarde, a la hora de salida, llegaba él y su señora a retirar a sus hijos.
Por mi cabeza se paseaban un sin número de preguntas que yo deseaba responder, entonces comencé a llegar antes que ellos a la escuela, así pude ver que cada día era igual al otro, cada vez el beso en la frente y toda vez ellos juntos.
Al toque del timbre para el recreo salía de los primeros, incluso pedí que me cambiaran de puesto cerca de la puerta y desde allí podía observar el instante preciso en que este hombre hacía su ingreso al patio. Me sentaba en una banca, en el rincón más alejado y veía todo lo que sucedía.
Me llamaba la atención que este hombre pasara tanto tiempo aquí ¿acaso no tenía trabajo? ¿No tenía nada más que hacer? ¿no tenía vida propia? ¿Cómo podía pasar allí metido en el colegio?
En fin, mi interés aumentó de tal manera que no me conformé con las respuestas insulsas de mis otros compañeros:
- ¡Ah! El papá del Javier – dijo uno.
- Sí lo he visto, parece que ayer andaba por el patio – respondió otro.
- ¿El papá del Javi? No sé quien es – dijeron los despistados de siempre.
Por lo que decidí averiguar un poco más sobre este hombre sin vida.
Al colocar su nombre en un buscador de internet supe que era el dueño de una empresa muy famosa cuyo rendimiento anual le dejaba grandes ganancias, según algunas entrevistas que allí aparecían.
En las tardes me sentaba en una plaza que había frente a su casa y lo veía jugar con sus hijos. El fin de semana transcurría en ir a la feria el día sábado en la mañana, la tarde era día de visitas; en tanto, el domingo era misa matutina y andar en bicicleta en la tarde. Todo en familia.
Pasado un tiempo mis amigos se alejaron de mí, pues decían que yo ya no tenía vida propia y que sólo vivía preocupado de esa familia, la familia de los sin vida.

martes, 22 de febrero de 2011

Comida casera


Tengo un novio, o algo así, salimos hace algún tiempo, nada muy formal. Comúnmente recorremos sitios fuera de la ciudad, pues andamos a escondidas. Ninguno de los dos es casado ni nada de eso, pero preferimos que nadie de nuestro círculo cercano se enteré, no sé porqué, pero así se han dado las cosas.
Uno de los lugares que hemos visitado con frecuencia ha sido un local de comida casera. Cada vez que vamos lo pasamos excelente y la comida es exquisita.
Hace un mes, estando sola en casa, me entretuve viendo televisión. Estaban dando un programa sobre comida típica. Estaba muy concentrada en ello cuando de pronto veo a una mujer similar a mí, con una amplia sonrisa, comiendo unas ricas empanadas de mariscos… ¡era mi rostro el que ocupaba toda la pantalla del televisor!
La cámara siguió recorriendo el local y sus ricas preparaciones, para finalmente posarse sobre una de las tantas parejas que se encontraban en el lugar. Era yo otra vez y junto a mí un joven que tomaba mi mano y me sonreía. He aquí que mi secreto dejaba de ser secreto – pensé mientras escuchaba el incesante timbre del teléfono de mi casa, al que luego se sumó mi celular y el insistente clic de los mensajes de texto que entraban, todo en el mismo instante. Por lo visto no era la única que veía el programa en ese momento.
El resto de la tarde la pasé revisando que en algún momento la llamada entrante fuera la de él, pero ningún número coincidía. A lo mejor él estaba igual que yo. Y de salir a la calle, ni hablar.
Así pasaron varios días, quizás semanas, la verdad es que no recuerdo con exactitud cuánto tiempo pasó. Sólo sé que un grupo de personas vestidas de blanco, cocineros supongo, entraron a mi casa forzando la puerta de entrada e invitándome a ser entrevistada.
Creo que me volví famosa, pues al salir de casa sentí el resplandor de las luces y los flashes sobre mí. Para pasar inadvertida por la ciudad me llevaron al canal de tv en una ambulancia.
Una vez en el set vi que el conductor del programa llevaba también delantal blanco, por lo que asumí que era un programa sobre comida, pero estaba más interesado por mi niñez que en las recetas, fabulosas por lo demás, que yo dominaba a la perfección. En un momento pregunté por mi novio, después de todo él también había sido enfocado por las cámaras, la mirada del periodista me pareció extraña y luego de un instante vi todo borroso…”este debía ser uno de esos típicos programas de farándula” fue lo último que recuerdo haber pensado.
Al siguiente día continuó la entrevista, pero al ver que yo no me sentía en condiciones de hablar, me pidió que le relatara en forma escrita lo sucedido, por eso aún estoy aquí; mi cuarto de paredes blancas y blandas me parece cómodo. Cada mañana me maquillan para mi próxima entrevista y en las tardes escribo tratando de recordar lo sucedido, pero sólo logro llenar el cuaderno que me dieron con algunas recetas caseras que aprendí de mi abuela. En ocasiones dejan pasar a algunos de mis admiradores, ellos traen las fotografías que lograron tomarme en algún momento, en ellas aparezco sola o con ellos, yo las tomo, las observo un rato y luego se las autografío. Se van un tanto tristes, pues no logro recordarlos, pero es tanta la gente que me visita que el recordar a cada fans me resulta imposible.

viernes, 28 de enero de 2011

Una historia más


Estoy muerta, sí así tal cual como lo acabas de leer. Yo, una joven normal, tranquila y llena de vida morí hace algunos días. Mi caso apareció incluso en la noticias “Una joven ingresa a la posta de urgencia con una puñalada a nivel toráxico, se presume que el agresor…”
En fin, yo me dedicaba a escribir en una revista, un día un editor se comunicó conmigo invitándome a que me reuniera con él. Así lo hice, nos tomamos un café mientras él me relataba los detalles para la publicación de un libro con mis historias, todo iba de maravillas, de pronto él sacó algo así como un cuchillo, sentí un dolor atroz, luego la sirena de la ambulancia…y salí de mi cuerpo, sin entender nada.
Al momento en que comprendí un poco lo que sucedía, también comprendí que nunca encontrarían al culpable ¿por qué? simple, él era, cómo decirlo, parte de mi mente, uno de mis personajes.
Hace unas semanas había escrito la historia de un asesino, el tipo asesinaba a una escritora, tal cual como ella lo relataba en una de sus novelas…y así fue que morí. Pensé fervientemente en una solución, no deseaba quedarme aquí en este mundo como un alma en pena. Entonces fui a mi departamento y busqué la historia, de un lado a otro, mas no la podía hallar y no entendía. Ahí caí en la cuenta que este cuento no lo había terminado de corregir, por lo que debía estar en el cajón donde guardaba comúnmente los relatos que aún les faltaba algún detalle.
Ahí estaba, era el primero, lo tomé, lo leí y corregí algunos errores. Mientras hacía esto me di cuenta que en mi habitación sucedían cosas. Los objetos volvían a su antiguo lugar, pues a su paso la policía había dejado todo al revés. Seguí realizando cambios, pero noté que no podía cambiar la historia, es decir, podía corregir las faltas de ortografía, cambiar una palabra o frase por otra, pero la historia no. Se acabó, todo se acabó.
Lloré, lloré desconsoladamente y me detuve cuando me di cuenta que la historia no tenía final, no había alcanzado a escribirlo, entonces tomé mi lápiz y comencé.
Fue inútil, por más que traté de escribir que sólo había quedado herida o en coma y que luego volvía a su vida normal, no lo logré. Al momento de terminar todo lo que había escrito se borraba inmediatamente. Pasó el tiempo lentamente mientras yo trataba de buscar la forma de ayudarme. Entonces vino la idea, que en realidad no era una nueva idea, ya que sólo me dediqué a escribir lo que estaba viviendo o “muriendo” ahora.
Al terminar la novela, la dejé sobre el escritorio, allí colocaba siempre los trabajos terminados, mi representante pasaba y los llevaba a la revista. En esta ocasión la vi llegar, tomar la historia, leerla e irse feliz.
La historia no fue publicada en la revista, pensé que como yo había muerto, lo más probable es que ya tenían a otra persona, pero no fue por eso. Mi representante fue directo a una editorial, la publicaron y fue todo un éxito.
Y yo sigo aquí, no como alma en pena, sino que terminando de escribir todas aquellas historias que siempre dejé a la mitad por diversos motivos: por distracción, porque no me parecían lo suficientemente buenas o porque no tenía tiempo, ahora el tiempo me sobra…creo.

domingo, 16 de enero de 2011

Las cartas no mienten

La acompañé, yo no tenía nada que ver con la historia, pero ya me había involucrado, sin quererlo, pero ya estaba allí ¿qué más podía hacer? Todo comenzó por una insensatez de mi parte, digo insensatez porque ya me habían dicho que esto no era para mí.
Hace algún tiempo me empeciné en aprender a leer las cartas, fui de un lado a otro, pero ninguno de los personajes que quisieron enseñarme me convenció. Hasta que llegué donde una bruja, una mujer pequeña, delgadísima y muy anciana; ella me señaló que yo no era una de las elegidas, que no debía insistir, pero claro está que no le hice caso. Fui día a día a insistirle que me enseñara todo lo que ella sabía, hasta que por fin aceptó.
Pasaron los meses y me entregó todos sus saberes, luego de ello me pidió que fuera a un lugar donde aprendería más. Debía llegar a un sitio donde el dueño de casa, brujo también, ya estaba muerto y su esposa e hija mantenían contacto con él, allí obtendría el poder que me faltaba…después de todo yo no era una de las elegidas.
Bueno, aprendí lo suficiente como para tirarle las cartas a medio mundo sin la menor precaución, cosa que siempre se me señaló que debía hacer: cuidarme. Fue así como Norma, una amiga, me pidió que le leyera las cartas a una conocida de ella. Acepté sin problemas y le pedí que la llevara a la consulta.
Así llegó Natalia a mi consulta, le leí las cartas, pero lo que vi allí me dejó helada. Aparecía ella involucrada en una secta, no una cualquiera, una que adoraba al demonio haciendo ritos y sacrificios. Ella era sólo una niña, no tenía más de quince años, le indiqué que se alejara de esa gente, pues su vida corría peligro. Quizás fue una lectura más en ese instante, pero las cosas fueron sucediendo unas tras otras.
Lo primero fue que ese mismo día en la noche entraron a robar a mi local, desvalijándolo casi por completo, debido a ello llegó a mis manos la grabación de estos hechos. La policía no le dio mayor importancia a esta grabación, pues no aparecía nadie, supuestamente nadie; ninguna persona de cuerpo y alma aparecía en las imágines en realidad, pero yo reparé en lo que ellos llamaron “reflejos de las linternas” eran una serie de luces o mejor dicho esferas de luz que deambulaban de aquí para allá, recorriendo todo el lugar. Entonces decidí revisar el video desde el principio, nunca había prestado mayor atención a esa cámara.
Las imágenes pasaban frente a mí sin mayor novedad, hasta el momento en que entró esa chica, Natalia, todo se oscureció y no porque fuese tarde, era mediodía. Una vez que ella llegó yo decidí cerrar la puerta para no ser interrumpidas, aún así había una tiniebla inexplicable, pero eso no fue todo, una serie de figuras, fantasmas, sí eran como fantasmas que recorrían todo mi local hasta que ella se fue. Recuerdo que mientras le leía las cartas sentí que el ambiente estaba denso y frío, mas pensé que era idea mía.
Con todo ese material fui donde la bruja que ya conocía. Pretendía mostrarle todo, pero ella de buenas a primeras me dijo que ya me había dicho que esto no era para mí, que debía cuidarme y no le había hecho caso, por lo que lo mejor que podía hacer era alejarme, pues traería problemas a mi vida y a la de ella ¿qué creen? Una vez más no le obedecí.
Fui a la casa de Norma con todo el material, ella tan curiosa como yo deseaba verlo con muchas ganas, luego me dijo que hablaría con la mamá de la menor.
Al día siguiente, cuando ya me prestaba a cerrar mi local, llegaron Norma, Natalia y su madre. No tuve otra opción que invitarlas a pasar y conversar sobre aquella situación. La madre conocía una bruja, una que nos podría ayudar, pero deberíamos realizar un largo viaje.
No sé en qué estaba, pero me embarqué en esta locura. A los días estábamos todas instaladas en el auto de Norma, viajando hacia el norte, hacia un lugar llamado Salamanca, ahí en ese lugar había un pequeño poblado donde debíamos llegar. Se hizo tarde, estaba todo absolutamente oscuro y siguiendo las indicaciones de la mamá fuimos a parar a la punta de un cerro, así literalmente; aunque para mi gusto era un precipicio, al mirar desde la ventana del auto no se veía nada, ni un tercio de camino, sólo una profundidad inconmensurable, era un hoyo insondable y corría un viento increíble que hacía que el auto se moviera intensamente. La madre le pidió a Norma que la dejara bajar y así lo hizo, el viento casi la arrastraba. Creo que recién ahí me vine a dar cuenta que me había dejado llevar hacia algo bastante peligroso y me arrepentí de no haberle hecho caso a mi bruja.
Bajamos el cerro para llegar al camino, durante ese trayecto yo sólo deseaba estar luego en el lugar al cual debíamos llegar. Continuamos hasta encontrar una comisaría, ya a esa altura era de madrugada, allí se nos señaló cómo llegar. Seguimos las indicaciones del carabinero, estábamos ya a cuadras del lugar, la madre y la hija dormían profundamente, le grito a Norma para que tenga cuidado, ya que por la orilla del camino iba un hombre. Nadie despertó, yo miré hacia atrás y Norma miró por su espejo retrovisor y ambas vimos lo mismo, no había nadie… el hombre había desaparecido, nos miramos asintiendo haber visto lo mismo.
Por fin llegamos al lugar, una mujer mayor nos esperaba. Ella les realizó unos baños de purificación a la madre y a la hija, mientras Norma y yo descansábamos en una pieza. En realidad más que descansar sólo deseábamos irnos luego, era mucha aventura para una sola noche, estábamos en eso y comentando el recibimiento del tipo ese, cuando comencé a recordar un sueño, Norma me miró un tanto incrédula, pero después de todo lo que habíamos vivido, cualquier cosa era creíble. No era un sueño mío, era de otra persona, pero yo participaba en él y esta persona me lo había relatado, ocurre que me veía en un cuarto donde habían dos camas, en una de ellas estaba yo sentada leyéndole las cartas a una anciana.
Sentí que este era el lugar, llamé a la dueña de ese sueño, pidiéndole disculpas por la hora y luego detalles del sueño. Me describió exactamente el lugar y a la mujer… ¿sería esta una trampa, una broma o qué sé yo? Norma comenzó a sentir temor, después de toda esta cabra chica pertenecía a una secta.
Ya estaba amaneciendo, madre e hija se veían bastante más recuperadas y la bruja nos insistía en que por lo menos desayunáramos. Aceptamos, con cierto recelo.
• ¿Por qué siguen aquí? Recibieron varios mensajes en el camino como para no llegar, para regresar y huir de esta situación.
Vaya, nos insiste en que tomemos desayuno y luego nos sale con esta pachoteada, Norma y yo no entendíamos nada, pero como ya estábamos bastante asustadas decidimos movernos con la mayor cautela posible.
• Nuestra intención es sólo de ayuda, ya que al parecer Natalia se encuentra en una situación un tanto delicada y …
Qué importaban las tonteras que decíamos, la bruja se paró y detrás de ella salieron la madre y la hija. Mi amiga y yo decidimos que era hora de irnos, porque la cosa se estaba colocando un poco complicada. Tomamos nuestras cosas con sigilo y caminamos hacia la puerta de salida, con nuestras miradas fijas en el auto.
• ¿Por qué se van, acaso han visto alguna mala cara?
¡Ay, no! Lo que nos faltaba, nos pillaron justo y tan calladitas que íbamos, ésto no me está pasando a mí, ésto no me está pasando a mí, es sólo un sueño, sí, sólo tengo que despertar y listo…por más que repitiera en mi mente esas frases, la realidad era otra. Tuvimos que regresar. La bruja quería que yo le leyera las cartas, le insistí en que esto sólo era una tontera, que yo no las sabía leer bien, que ni siquiera era una de las elegidas, pero nada. No entendía razones y yo no estaba tampoco dispuesta a contrariarla, sentía que no estaba en condiciones de hacerlo.
Entonces, me llevó a la habitación donde horas atrás habíamos estado descansando, recordé aquel sueño que me habían contado, mi estómago daba vueltas. Nos sentamos y comenzamos la lectura. Al finalizar la bruja estaba absolutamente consternada, comenzó a gritar, a tirarse el pelo y a correr por todo el cuarto. Aproveché que estaba totalmente alterada para acercarme lentamente a la puerta, apenas tomé la manilla, la abrí y salí huyendo del lugar junto a mi amiga.
Dimos mil vueltas por ese pueblo, hasta que oscureció, de pronto vimos en el horizonte una estrella muy luminosa. La estrella se comenzó a acercar, hasta que notamos que era una esfera de luz, de las mismas que había visto en mi consulta el día que llegó Natalia. Le pedí a Norma que la siguiera, después de todo lo vivido, esto era otra situación tan rara como las anteriores, pero ésta no me causaba temor, así es que así lo hicimos. Luego de un rato logramos llegar a la comisaría, le insistí a mi amiga que no se detuviera, que yo recordaba por donde seguir. Ya estábamos a punto de llegar a la carretera y aquella esfera seguía ahí arriba.
La esfera nos acompañó durante la mayor parte del trayecto. Un poco más tranquilas, pero siempre en silencio, Norma me pidió que le explicara lo ocurrido. A esta altura no confiaba en nada ni nadie, por lo que le hablé sobre lo curioso de ese lugar, una excusa cualquiera para evadir la situación, aunque de verdad que el pueblo era extraño, ya que en él sólo habitaban mujeres, en todas las vueltas que dimos sólo las vimos a ellas y los pocos hombres que vimos no sobrepasaban los tres, ellos tenían una mirada perdida y un lento caminar arrastrando sus pies. Parecían zombis.
Hoy que ya han pasado años de esa aventura, puedo decir lo que realmente sucedió. Cuando le leía las cartas a la bruja, pasaban por mi mente las escenas del sueño que me habían contado, por lo que debía pensar con rapidez y rogando no ser detectada. Según el sueño en el momento en que yo le leyera las cartas a esta mujer, ella se apoderaría de mí, o mejor dicho, de mi mente; desde ese día en adelante sería una esclava de ella y cada vez que ella lo deseara yo debería leerle las cartas, pero todo a través de sueños, es decir ella se aparecería en mi mente cuando yo estuviera durmiendo obligándome a revelarle lo que dijeran los naipes, consumiéndome así lentamente.
Esto era una locura, mas yo ya estaba ahí y debía zafarme del lío en el cual me había metido y si el sueño era cierto o no, no deseaba averiguarlo, por ello le inventé a la bruja una serie de acontecimientos mitad verdad y mitad mentira mientras rogaba a no sé quien que me ayudara. Entonces sucedió lo que ya mi imaginación no podría soportar, pero que sí soportó. Apareció la esfera de luz y la bruja montó en cólera, momento que yo aproveché para huir.
Cuando llegué a mi casa comprendí que a lo mejor sí era una de las elegidas, que esta bruja había hecho todo para saber algo que ella con sus poderes no podía adivinar, pero que yo sí se lo podría revelar y al parecer eso era algo bastante peligroso, ya que esa esfera de luz había aparecido en varias ocasiones para salvarme. Estaba pensando en el riesgo y recordé lo que me había recomendado mi bruja y decidí ir a hablar con ella, pero la última vez que intenté hacerlo me cerró la puerta en la nariz. Entonces la cordura se apoderó de mí, pero como en tantas ocasiones no le haría caso y fui a la casa del brujo que estaba muerto.
Al llegar me enteré que la madre había muerto, sólo quedaba la hija bruja, quien podía comunicarse con ambos. Ella me contó que su madre había muerto luchando con una bruja que deseaba apoderarse de la mente de una de las elegidas.
• ¿Y qué es eso de ser elegida o quiénes son las elegidas?
• Las elegidas son las princesas de la magia blanca y de la negra, ambos grupos las desean, unos para hacer el bien y otros para hacer el mal. Mis padres se encargaban de protegerlas y ahora, después de muertos aún lo hacen…cuánto las odio, todas ellas me quitaron a mis padres, aún ahora lo siguen haciendo.
Cuando tú viniste yo pensé que eras una de ellas y arreglé todo para que fueras a parar al otro bando, pero por lo que veo, era cierto lo que me dijeron mis padres: tú no eres una de las elegidas, sino ya no estarías aquí.
En eso aparecieron las esferas de luz y, a buen entendedor pocas palabras, tomé todas mis cosas y salí rapidito del lugar. Cerré definitivamente mi consulta, quemé todo el material, sólo me quedé con mis cartas, que están bien guardadas, casi escondidas.
He decidido hacer el bien, pero por mi cuenta, como ser humano común y corriente, sin pertenecer a ningún “bando”, por lo mismo cambié de ciudad, llegué a un lugar donde nadie me conoce, lejos de todo, aunque a veces creo ver las esferas de luz rondando cerca de mi casa.

viernes, 17 de diciembre de 2010

El abuelo


(¡Feliz Cumpleaños!)

Iba el abuelo con paso cansino llevando a su Calandria de la mano, al llegar al bar de la esquina entran acercándose a la mesa del rincón.
Allí el anciano sentó a su lado a la niña con nombre de pájaro, ella, una grácil pequeña de no más de cuatro años, de largos rizos dorados, bebía su mamadera mirando jugar al viejo una partida de dominó junto a sus amigos.
Luego, de camino a casa, la pequeña mira con ojos intensos y crespas pestañas a su abuelo, va feliz; lleva un gran tesoro en sus bolsillos.
Al anochecer llegó La Muerte a jugar una partida y ganó el juego. La niña metió sus manos en sus bolsillos y sacó su tesoro, colocó junto al anciano todas las tapas de botella que había recogido en el bar. Le cerró los ojos y besó su frente.

martes, 3 de agosto de 2010

María no más


¡Fue horrible, lo que hice fue horrible! Pero todo fue por su culpa, la culpa fue de ella y, él también la ayudó, yo ya lo sabía.
Él, es mi esposo y Ella, mi mejor amiga. Hoy a cada uno de ellos les coloco antes de nombrarlos el prefijo “ex” y logro sentir algo de alivio.
Ella y yo éramos amigas del tiempo en que las amigas eran de verdad. Cuando conocí a Miguel, mi esposo, ella ya era parte de mi vida.
Todo iba bien y por qué no decirlo, normal, absolutamente normal.
Al tiempo de haberme casado tuve un hijo y por supuesto, ella fue su madrina.
Cuando nos reuníamos en casa y se hacía tarde, ella se quedaba allí o Miguel la iba a dejar. Jamás sospeché nada, pero eso sólo fue al principio. Con el tiempo fui notando cosas, cosas que sólo mi intuición pudo ver, pero todos me decían que estaba en un error.
Fue así como le pedí a María, mi amiga, que me leyera las cartas, una y otra vez, pero siempre él aparecía como inocente y yo una paranoica.
Hablé con mi madre sobre mi sospecha: él me engañaba… lloró desconsoladamente, no podía creer que su hija estuviera viviendo su mismo calvario. Entonces, me dio un dato, la dirección de una bruja, pero ella me acompañaría.
Lo pensé unos días, finalmente decidí que era lo mejor y fuimos.
El día estaba helado y una neblina espesa me impedía ver el camino, por suerte iba con mi madre. Llegamos a un lugar de campo, a las afueras de Santiago, creo. Caminamos por un largo sendero de tierra y entramos a una casa que ya se venía abajo.
Adentro había un corredor largo, oscuro y con puertas a ambos lados, todo era murmullo. Las personas apoyadas en la pared esperaban su turno, en tanto en voz baja relataban a otros sus tristes vidas. Al ingresar a esa especie de sala de espera, sentí un frío que me calaba los huesos, parecía como haber entrado al Cementerio Católico de Santiago. Seguí hasta el fondo donde había un patio absolutamente árido, mientras me dirigía hacia allí, las personas me miraban de pies a cabeza de una forma un tanto extraña y algunos, habían tanto hombres como mujeres, me preguntaban que a quien venía a ver, mi madre señaló que a la señora María y se instaló al costado de una puerta detrás de algunas personas.
Me acerqué al lugar donde estaba mi madre, mientras divisaba lo que ocurría en el interior de aquellas habitaciones. Me impresionó una donde todo era tiniebla y oscuridad. Era un cuarto en el que se veían las vigas del cielo, las paredes tenían al descubierto los ladrillos que la formaban y el piso era de tierra. Junto a una mesa estaba sentada una mujer mayor, con sus ojos cerrados, que fumaba afanosamente un puro cuyo humo lanzaba inmediatamente por la boca hacia una vela encendida que estaba frente a ella. La vela era de color negro y tenía la forma de un pene. La mujer entreabrió sus ojos y los clavó en mí, me fui a toda prisa al lado de mi madre.
Me quedé junto a mi mamá esperando eternamente mi turno, las personas entraban una a una a la habitación hasta que llegó mi turno. Entré con mi madre, yo estaba un poco asustada, pero la mujer que me esperaba adentro era una abuelita muy simpática. Ella me pasó un frasco solicitándome que lo llenara con orina, con mi orina, así es que entré al baño y listo.
Al entregarle el frasco no me lo quiso recibir y con un gesto me señaló que lo dejara sobre la mesa. En ese instante encendió una luz frente a él y comenzó a relatar mi vida entera, finalizando con la confirmación de mis dudas…él me engañaba.
Ya de regreso a mi casa pensé en cada una de las indicaciones que me había dado y en el montón de frascos y yerbas que traía en mi bolso.
Durante el mes que siguió debí encender una vela todos los días martes, todos los viernes realizarme baños con yerbas, luego debía secarlas y quemarlas. Junto a esto, una vez a la semana le llevaba un frasquito con mi orina, el que ella evaluaba y me daba nuevas o las mismas indicaciones. Gasté un dineral.
Por suerte mis plegarias y esfuerzos fueron escuchados y Miguel fue trasladado por su trabajo, yo no lo acompañé ¡qué lata! Irme al fin del mundo sin ni una comodidad. Durante ese tiempo fui feliz, a pesar que lo veía sólo el fin de semana.
Mas como la felicidad tiene su otra cara, debía volver a ella y así es como él regresó y junto a él todos los males.
Las primeras semanas todo marchaba de maravillas, pero poco a poco esto fue cambiando aunque yo haya seguido al pie de la letra las recomendaciones de la señora María. Todo iba de mal en peor, si hasta terminamos durmiendo en cuartos separados.
Lo dejé todo de lado y fui donde otra bruja… ¡también se llamaba María! La situación no fue muy diferente a la anterior y los resultados igual de desastrosos, así lo sentía yo, incluso me pregunté ¿por qué todas se llamaban así?...tonteras mías.
Mi esposo nuevamente fue trasladado, en esta ocasión fuera del país y por insistencia de María, mi amiga, esta vez viajé con él, pero antes hicimos una gran fiesta, la que grabamos para llevarnos un lindo recuerdo.
Llevábamos un tiempo fuera del país y comencé a extrañar a mis padres y amigos, entonces busqué el video de la fiesta de despedida, comencé a verlo un día, luego dos y así sucesivamente, al punto que ya me sabía los diálogos de buenos deseos de memoria. Miguel comentaba que me notaba un poco rara, por lo que decidió llevarme al médico…estaba embarazada.
Este periodo no fue diferente a lo que ya había vivido hasta ahora, sólo me agobiaba un recuerdo, resonaban en mi cabeza las palabras que mi amiga había dedicado para nosotros en el video. Allí decía sentirse feliz de que viajaran tres y volvieran cuatro…ella se llamaba María, leía las cartas, era una bruja.
Pasaron dos años antes de volver a mi país, donde me reencontré con mi familia y amigos. Mi amiga estaba un poco distante y nunca más quiso leerme las cartas, insistiendo siempre en que todo era idea mía. En el fondo sabía que no podía estar eternamente mintiéndome.
Ya estábamos nuevamente instalados, nuestras vidas seguían como siempre. Mi madre vino a visitarnos, claro que ella sabía que me encontraría sola; entonces comenzó a relatarme algo increíble.
Ella paseaba por la Plaza de Armas cuando decidió sentarse en una de las bancas del lugar, estaba muy preocupada por mí y sentía que me debía ayudar, entonces se le acercó un hombre con quien se puso a conversar.
- Ese hombre sabía todo de ti hija mía, cuando le mostré unas fotos te reconoció de inmediato. Debes ir a verlo porque él te puede ayudar.
Pensé en ello y todas mis dudas afloraron nuevamente. No estaba de más el intentarlo, después de todo no se llamaba María como todas las otras brujas que había conocido hasta ahora.
Fui sola al lugar, luego de un rato este hombre se me acercó pidiéndome que guardara silencio, pues él reconocía mi dolor. Después de un instante más de silencio, me solicitó que lo acompañara. Caminamos algunas cuadras hasta llegar a una especie de cité, entramos e ingresamos a uno de los cuartos donde me pidió que me sentara, que le pasara las fotos y el dinero que llevaba en mi cartera. Todo era increíble, mi mamá esta vez no se había equivocado.
Miró muy concentrado cada fotografía, hasta que se detuvo en una. Comenzó a temblar y palideció sin dejar de mirarla, dijo algunas palabras, nada que yo pudiera entender. Entonces giró su rostro hacia mí y con sus ojos en blanco me señaló que había magia negra en combinación con magia roja, eso era no sólo para separarnos, sino que también para que yo muriera.
Este hombre era mi salvación, por fin me vería liberada de cualquier maleficio, pues él, a pesar del peligro que corría también su vida, me ayudaría. Entonces me preparó un agua de yerbas, mientras la bebía preparó un cigarro también con yerbas y lo fumamos. Me sentí un tanto mareada, pero él me ayudó llevándome hacia una cama que no había visto cuando entré allí. Me señaló que la magia negra había sido vencida, por eso me sentía así y que ahora debíamos derrotar a la magia roja; para ello comenzó a danzar a mi alrededor estirando sus brazos y tocando mi cuerpo con sus manos. Luego me quitó la ropa y tuvimos relaciones.
Desperté, estaba todo oscuro, busqué mi ropa y mis cosas. El hombre que salvó mi vida ya no estaba. Sólo perduraba en el aire el olor a yerbas.
Cuando llegué a casa me sentía feliz y me fui a la cama con esa grata sensación. Como a las cuatro de la madrugada desperté con una angustia atroz y lo único que lograba hacer era llorar.
Un poco más calmada, tomé el teléfono para hablar con María, al oír su voz del otro lado rompí a llorar otra vez pidiéndole perdón por lo que había hecho. Por su parte, como ella no entendía nada, sólo me preguntaba por los niños, que donde estaban, que si estaban bien, que si les había hecho algo y que sé yo. Ella sólo se preocupaba por ellos. Luego me pidió que me hiciera un agua con azúcar y le contara lo que estaba ocurriendo… y así lo hice.
Cuando terminé la historia, me señaló que me realizara un test de embarazo, el del SIDA y que fuera a ver a un psicólogo, después colgó y no supe más de ella.
A la semana, ya no daba más y conversé con Miguel. Él me gritó, me zarandeó, tomó a los niños y se fue a la casa de su mamá.
Decidí cambiarme de casa, vivo en un departamento en otro barrio. Nunca me atreví a ir nuevamente donde ese hombre, ni siquiera a buscar las fotografías, a pesar de que en una de ellas estaba la persona que me había hecho tanto daño.
Yo sé que la culpa de todo la tienen ellos, ellos me empujaron a hacer lo que hice. Él siempre tuvo otra, no sé cómo explicarlo, sólo sé decir que mi intuición así me lo señala. Y ella, siempre sensata, María, mi ex - amiga, lo sabía todo, de hecho lo encubría. Quizás, ahora estén juntos burlándose de mí, como los odio. Aborrezco a María, todas las brujas llamadas como ella me confirmaron que él me engañaba, menos ella.
Desde que llegué a este nuevo lugar, tengo una muy buena vecina que me escucha y me aconseja. Ella me asegura que no estaré sola por mucho tiempo, que todo pasará… Hoy supe que ella se llama María.

martes, 8 de junio de 2010

El hombre camino a casa

Viajaba tarde, venía de un carrete en la casa de una amiga. Estaba un tanto cansada y preocupada, pues al otro día tendría que levantarme temprano a trabajar y no había dejado nada listo.
Mientras manejaba, en mi mente iba organizando la serie de tareas que debería realizar una vez que llegara a mi casa, primero poner a hervir agua para cocinarme unos tallarines para el día siguiente, mientras se calienta el agua, regar mis plantas, luego esto, lo otro y unas cuantas actividades más. Estaba en eso, cuando de pronto aparece de la nada un hombre en medio de la calle, no lo atropellé ni nada de eso, sólo que apareció allí sin más y yo no lo había visto ¡el susto que me llevé!
El hombre era mayor, pero no debía tener más de setenta años. Su ropa era vieja, pero impecablemente limpia. En su pecho colgaba un letrero y en sus manos llevaba un tarro.
Eso fue todo lo que alcancé a ver y fue suficiente para quedar bastante impresionada. Sentí algo extraño y un frío recorrió mi cuerpo al notar que los autos pasaban a gran velocidad por su lado, casi encima de él.
Quedé bastante preocupada ¿qué hacía ese hombre ahí, cómo los demás pasaban casi sin notar su presencia? Quizás cuantas veces yo pasé así como ahora y sólo hoy reparé en él ¡qué terrible! Esa calle era parte del recorrido habitual que yo realizaba para llegar a mi casa luego del trabajo.
Lo peor es que al día siguiente, al regresar a mi hogar, lo volví a ver, el escenario era el mismo y para los demás conductores él parecía ser parte del paisaje. Esta vez noté que a un metro de distancia de él habían dos conos de color naranja fosforescentes que servían un poco para cubrir el espacio y evitarle el ser dañado.
Día a día todo seguía igual, pero logré notar que cada cierto rato levantaba su tarro hacia los autos que pasaban haciendo el ademán de pedir dinero.
¿Qué decía su letrero? No tenía idea, durante varias semanas de observación no había logrado mucho, por lo que me propuse averiguarlo.
Al día siguiente reduje con anticipación la velocidad, para no tener problemas con los otros conductores, simulé estar buscando una calle. Al divisarlo me concentré en el letrero que decía “Tengo cáncer”.
Sentí pena, esa diminuta palabra cáncer es capaz de causar tanto dolor. Guardé silencio hasta llegar a la casa.
Pasó el tiempo y la vida continuó como siempre, salvo por un pequeño detalle. Estaba almorzando con algunos compañeros de trabajo y les comenté sobre el hombre, pero a pesar que la mayoría hacía el mismo recorrido que yo, nunca lo habían visto, les insistí dándoles más detalles, pero de nada sirvió, por lo visto yo no era la única que había pasado por allí un centenar de veces sin verlo.
Después noté que luego de esta conversación ninguno me hizo algún comentario de haberlo visto. Supuse que no les importaba.
Por circunstancias de la vida, a los meses después me tuve que cambiar de casa, pero dentro de la misma comuna, por lo que también cambié de recorrido.
Al tercer día de pasar por mi nuevo camino de regreso a casa, me encuentro con el mismo escenario, el hombre con cáncer pidiendo dinero. Al principio pensé que era sólo una coincidencia, que como en el sector estaban arreglando algunas calles, él había buscado una tan transitada como aquella o qué sé yo.
Algunos días después llevé a uno de mis compañeros de trabajo a su casa, al llegar al lugar le avisé para que viera al hombre…no vio nada, es decir nada de nada, me faltó poco para detenerme en seco frente al hombre con cáncer, pero nada. No insistí, pero quedé perpleja.
Las semanas siguientes fueron duras, todos me miraban un tanto extrañados o realizaban comentarios por lo bajo al verme pasar. Me sentí absolutamente observada.
Una de mis compañeras quedó de ir a mi casa a buscar unos documentos, al llegar la invité a pasar, con el temor de ser rechazada, mas entró sin problemas. Estuvimos conversando un rato y riendo de las tonteras que hacíamos comúnmente en la pega, luego hubo un silencio abrumador.
- Yo también lo he visto
¿Qué? quedé con ataque, todo este tiempo sintiendo que estaba loca y ella la linda también lo había visto. Me relató su experiencia, muy parecida a la mía por lo demás, con la gran diferencia que ella no insistió en preguntar a los demás como yo. Bueno, no todos somos iguales.
- Ese es el punto, tú eres diferente o algo así, por eso lo puedes ver… ese hombre está muerto, murió hace muchos años.
Quedé aterrada, no pude seguir la conversación, sólo fui capaz de pedirle que no comentara nada de esto. La verdad es que ella me lo pidió primero, estaba muy interesada en ello. La entendí, yo sabía lo incómodo que era sentirse observada hasta al estornudar. También me insistió en que me quedara tranquila, que pronto todo pasaría y no lo vería más. Si esto era cierto ¡feliz!
Esta experiencia más que llenarme de miedo me hizo tratar de averiguar más. Busqué información sobre la gente que podía ver fantasmas, me ayudó bastante, pero sentía que algo más faltaba y sabía que no me equivocaba. Entonces comencé a pensar que mi compañera de trabajo lo había matado y por eso estaba tan interesada en mi silencio.
Pasaron alrededor de tres días, estaba en casa pues ya era tarde, el sol había abandonado el cielo cuando escuché que alguien llamaba a mi puerta, miré por la ventana y ahí estaba él. No sé qué me ocurrió, pero corrí hacia la puerta, la abrí y ya no estaba, salí a la calle y nada. Entré a la casa y sentí miedo, allí alguien me esperaba, sentía su presencia. Luego no sé más, sólo desperté en una sala de hospital, con mi familia a mí alrededor. Me preguntaban qué me sucedía…no entendía nada.
Me decían que nadie había llamado a la puerta, que siempre habíamos estado todos juntos. Mi esposo se sentó a mi lado, me hizo una serie de preguntas, yo le conté lo que había vivido durante todo este tiempo, le pedí que hablara con mi compañera de trabajo, ella podría confirmar toda mi historia.
Al siguiente día mi esposo estaba muy serio, se notaba que había descubierto todo, pero no fue así, me dijo que la mujer de la cual le había hablado no estaba allí. Entonces le señalé la vez que ella había estado en casa…sólo me miró y salió de la habitación.
Ya era de noche y estaba dormida, desperté sintiendo un frío que calaba los huesos, abrí los ojos y a los pies de la cama lo vi a él. Vestía un traje negro, era un modelo muy antiguo. Su rostro estaba más pálido que nunca, sus ojos estaban clavados en los míos, levantó una de sus manos y colocando su dedo índice sobre sus labios desapareció. Entendí claramente su mensaje.
Fui dada de alta, sólo el stress me provocó un leve estado de delirio. Mi familia estaba más tranquila.
Para mantener dicha tranquilidad yo guardé silencio, no toqué más el tema, como me lo había indicado aquel hombre. Aún así averigüé un poco más y descubrí que no estaba equivocada. Mi compañera de trabajo sí existía o había existido, fue una mujer que trabajó por muchos años en la empresa en la que ahora yo estaba, un día en que ella regresaba a su casa había atropellado a un hombre que pedía limosna. Cayó en una terrible depresión que la llevó al suicidio, en el parte policial sus más cercanos decían que ella insistía en que veía al hombre que había atropellado... ambos estaban muertos.
En ocasiones, camino a mi hogar lo veo, veo al hombre con cáncer y sé que ella estará esperándome en casa. Si logras ver a uno, pronto verás al otro…es así, así lo he vivido yo y así lo vivirás tú.

domingo, 30 de mayo de 2010

¿Amiga?…la antiamiga

A lo largo de tu vida vas conociendo a una serie de personas. Gente que entra y sale de tu vida así sin más y otros que permanecen en ella por los siglos de los siglos. Todo fluye, todo se vive; aprendes de ellos o mejor dicho de las experiencias que vas teniendo junto a ellos.
Dentro de este mundo de relaciones hay unos seres a los que yo denomino “la antiamiga”, da lo mismo el sexo, porque en tu camino encontrarás hombres y mujeres que entran en esta categoría, el género es lo de menos. Pero lo que hacen con tu vida o, mejor dicho, lo que tú permites que te hagan, eso sí que es importante.
En tanto, yo la clasifico dentro del sexo femenino, porque era de ese sector el espécimen que pasó por mi vida.
Todo ocurrió lentamente, llevábamos años de conocernos, teníamos amigas en común y éramos asiduas visitantes de nuestros hogares. Por diversas razones dejamos de vernos por algunos años. Luego sucedió lo típico, alguna que se encontraba aburrida con su vida decide ubicar y reunir a sus excompañeros de algo… y así fue como volvimos a saber de nosotras, el tiempo no puede disolver una amistad como aquella.
Volvimos a reunirnos cada cierto tiempo en nuestras casas, ahora con hijos y maridos incluidos, éramos el grupo de siempre, ese con el que haces desorden en el colegio, ese con el que haces las tareas en la universidad, ese con el que te juntas en la hora de colación en tu trabajo.
Todo iba bien, hasta que comienzas a notar ciertos detalles que llaman tu atención: cada vez que acuerdas una reunión, la antiamiga tiene algún problema: que con quien dejo al niño, que mi marido no quiere que vaya, que no me dejó plata para salir, etc., etc., etc.
Siempre lo mismo, al final igual llega, ese era sólo el preámbulo, pero una vez que está ahí no escatima en comentarios y actitudes para hacer notar que está nerviosa y preocupada. Debido a ello tú te acercas para saber por qué no está disfrutando de la velada… error. De ahí en adelante te enteras de todo lo mal que lo está pasando, y no porque sus amigas sean aburridas, es que su esposo la engaña, su suegra la odia, tiene cero posibilidad de contar con la ayuda de su madre, pues ésta es otra que vive una situación parecida y bla, bla, bla.
El tiempo transcurre y te das cuenta que ya muchas no le prestan atención, entonces arremete con otra noticia, tan terrible y abrumadora… él la golpea.
La violencia de aquella noticia provoca que sus amigas más cercanas estemos atentas, la visitamos y la llamamos constantemente, todo para que a la primera señal de maltrato la denuncia sea interpuesta. Finalmente sólo detectas que él es bastante inmaduro y que ambos se tratan mal verbalmente. Igual sabes que hay un momento en que ellos estarán solos y que tú nada podrás hacer. Entonces aparecen otras ideas para poder ayudar, los consejos en pro de la salud mental de tu antiamiga. Le hablas de la posibilidad de independizarse, buscar un empleo, ir al psicólogo y finalmente separarse si tan mal lo está pasando.
Luego se cierne sobre el grupo otro balde de agua fría… tu antiamiga tiene cáncer. Se reúne el grupo, pero sin ella, con la seriedad que se trata un tema de estado hablamos de la situación, una de nosotras llora a moco tendido preguntándose por el destino del hijo, un pequeño de cuatro años, exquisito y de ojos vivaces. Otras tratamos de mantener la calma y analizar los posibles escenarios.
Finalmente decidimos proponerle el visitar a otro médico y… ella aceptó.
La encargada de dicha empresa fui yo. Entonces visitamos a un médico que merecía mi confianza, uno que no te ofrece cuchillo de buenas a primera, uno que además de tratar los síntomas busca la causa de ellos y uno que dará respuesta a tus dudas.
Llegamos a la consulta, le pedí que llevara todos los exámenes que le habían realizado, mis manos sudaban frío y sentía un terrible vacío en el estómago.
Cuando por fin la llamaron, entramos a una sala bastante pequeña, tibia, con apenas una ventana y bastante acogedora. El médico nos invitó a tomar asiento y que le relatáramos el motivo de nuestra visita. Allí ella inició su discurso, del mismo modo y con las mismas palabras que nos había dicho a nosotras, luego le entregó los exámenes. El médico los revisó uno a uno sin decir nada, mi estómago cada vez se apretaba más, en tanto mi mente me pedía que mantuviera la calma.
- Dentro de lo que me acabas de decir, señalaste que tenías crisis de pánico
- Sí y es terrible, me dieron unas pastillas… - alcanzó a decir antes de ser interrumpida por el doctor
- ¿Es decir que aún lo padeces? – y sin esperar respuesta - ¡imposible! a una persona con crisis de pánico no se le podría realizar un scanner y a ti te lo hicieron. Tú has viajado, para subirte a un avión debiste hacerlo dopada y no estarías encerrada aquí hablando conmigo en esta minúscula habitación, ya te habrías tirado por aquella ventana, sin importar el piso en el que estamos.
La miré y le sonreí, yo estaba feliz de saber que las crisis de pánico eran sólo un mal diagnóstico.
El doc tomó un lápiz y papel de su escritorio, comenzó a hacer un dibujo, una vez que lo terminó nos miró a ambas, luego mantuvo fija su mirada en mi antiamiga y dio inicio a una breve y sencilla explicación.
- La hipófisis está funcionando mal, esto se podría deber a una gama de situaciones y dentro de éstas el cáncer ¿esto es lo que te explicaron?
- Sí – contestó muy rápida y segura
- Bueno, el cáncer en tu caso es una posibilidad bastante remota por no decir inexistente de acuerdo a estos exámenes. Te recomiendo que sigas con tu médico y te realices el tratamiento que él indique.
Salimos de la consulta, mi estómago seguía igual, pero para mi antiamiga yo sonreía feliz y la felicitaba por tan buenas noticias. Después cada una regresó a su hogar.
Ya en mi casa mi angustia se mantenía en espera del grupo, ellas llegarían en un instante y realizaríamos otra reunión de estado. Todas llegaron a la hora señalada y les relaté lo sucedido con la frase final NUNCA TUVO CÁNCER.
- ¿Recuerdan lo que les dije la otra vez?- dijo Leticia, una de las miembros del grupo.
Todas lo recordábamos muy bien, tiempo atrás nos habíamos reunido en mi casa. Habíamos llegado todas, menos ella, faltaba nuestra antiamiga; en eso sonó el teléfono, era ella. Me pedía que llamara a su mamá y la convenciera de cuidar al bebé para que ella pudiera venir… no fue necesario, pues a los minutos llamó la mamá pidiéndome lo contrario, es decir, que la convenciera, a su hija, de no venir para evitarse problemas con el esposo. Yo sólo las escuché y les conté a las demás lo que estaba ocurriendo. Leticia nos miró y nos increpó a todas con un “¿hasta cuándo aguantamos esto? Para mí ya es suficiente, siempre que nos reunimos ella, venga o no, se convierte en el centro de toda la atención o mejor dicho, el centro de toda nuestra preocupación. Al final nos jode todo. No sé ustedes, pero creo que yo lo estaría pasando mejor en mi casa”. Tomó sus cosas y se fue.
Ya de regreso al cáncer, crisis de pánico y violencia intrafamiliar, muchas coincidimos en que en el fondo ella era feliz con esa vida y que cada una debía preocuparse que esto no la afectara, por lo mismo de ahora en adelante el que viniera o no a las reuniones, entre otras cosas, sería problema de ella.
Pasó un largo tiempo y todo iba de maravillas, cuando comenzaba con sus quejas, algunas se alejaban, otras la ignoraban y otras hacían como que la escuchaban moviendo la cabeza cada cierto rato o realizando un gesto expresivo con su rostro.
Yo me fui alejando, no del todo, me preocupaba su hijo, pobre pequeño qué culpa tenía. Evitaba llamarla y rara vez iba a su casa, sólo nos veíamos en las reuniones, a las que poco a poco dejé de asistir.
Finalmente me alejé no sólo de ella, sino que de todas mis amigas, pero igual me mantenía angustiada, por lo mismo decidí realizar un viaje fuera de Santiago, debía ser lo suficientemente lejos para poder descansar. Tomé un mapa de mi país y le lancé un dardo cuya punta fue a dar directo a Chiloé, lugar que cumplía absolutamente con lo que yo deseaba…estar muy lejos.
Al día siguiente estaba en la estación de trenes dispuesta a encontrar pasajes y, así fue, encontré boletos. Subí, me instalé en mi asiento e inicié mi viaje hacia el olvido y la sanación.
Al regresar, algo en mí había cambiado, yo era otra, mi estómago ya no me dolía, aprendí la lección…creo. A ella le gustaba llamar la atención, bien. A mí me dañaba la forma en que lo hacía, pues bien también y aléjate. Porque si te estás quemando lo primero que haces es alejarte de la fuente de calor, no te quedas ahí esperando a que el fuego te consuma. Junto con eso, aprendes a no generalizar, es decir, hay momentos en que el fuego te ayudará y momentos en que éste te hará daño. La amistad no tiene que ser así, no te debe lastimar.