A lo largo de tu vida vas conociendo a una serie de personas. Gente que entra y sale de tu vida así sin más y otros que permanecen en ella por los siglos de los siglos. Todo fluye, todo se vive; aprendes de ellos o mejor dicho de las experiencias que vas teniendo junto a ellos.
Dentro de este mundo de relaciones hay unos seres a los que yo denomino “la antiamiga”, da lo mismo el sexo, porque en tu camino encontrarás hombres y mujeres que entran en esta categoría, el género es lo de menos. Pero lo que hacen con tu vida o, mejor dicho, lo que tú permites que te hagan, eso sí que es importante.
En tanto, yo la clasifico dentro del sexo femenino, porque era de ese sector el espécimen que pasó por mi vida.
Todo ocurrió lentamente, llevábamos años de conocernos, teníamos amigas en común y éramos asiduas visitantes de nuestros hogares. Por diversas razones dejamos de vernos por algunos años. Luego sucedió lo típico, alguna que se encontraba aburrida con su vida decide ubicar y reunir a sus excompañeros de algo… y así fue como volvimos a saber de nosotras, el tiempo no puede disolver una amistad como aquella.
Volvimos a reunirnos cada cierto tiempo en nuestras casas, ahora con hijos y maridos incluidos, éramos el grupo de siempre, ese con el que haces desorden en el colegio, ese con el que haces las tareas en la universidad, ese con el que te juntas en la hora de colación en tu trabajo.
Todo iba bien, hasta que comienzas a notar ciertos detalles que llaman tu atención: cada vez que acuerdas una reunión, la antiamiga tiene algún problema: que con quien dejo al niño, que mi marido no quiere que vaya, que no me dejó plata para salir, etc., etc., etc.
Siempre lo mismo, al final igual llega, ese era sólo el preámbulo, pero una vez que está ahí no escatima en comentarios y actitudes para hacer notar que está nerviosa y preocupada. Debido a ello tú te acercas para saber por qué no está disfrutando de la velada… error. De ahí en adelante te enteras de todo lo mal que lo está pasando, y no porque sus amigas sean aburridas, es que su esposo la engaña, su suegra la odia, tiene cero posibilidad de contar con la ayuda de su madre, pues ésta es otra que vive una situación parecida y bla, bla, bla.
El tiempo transcurre y te das cuenta que ya muchas no le prestan atención, entonces arremete con otra noticia, tan terrible y abrumadora… él la golpea.
La violencia de aquella noticia provoca que sus amigas más cercanas estemos atentas, la visitamos y la llamamos constantemente, todo para que a la primera señal de maltrato la denuncia sea interpuesta. Finalmente sólo detectas que él es bastante inmaduro y que ambos se tratan mal verbalmente. Igual sabes que hay un momento en que ellos estarán solos y que tú nada podrás hacer. Entonces aparecen otras ideas para poder ayudar, los consejos en pro de la salud mental de tu antiamiga. Le hablas de la posibilidad de independizarse, buscar un empleo, ir al psicólogo y finalmente separarse si tan mal lo está pasando.
Luego se cierne sobre el grupo otro balde de agua fría… tu antiamiga tiene cáncer. Se reúne el grupo, pero sin ella, con la seriedad que se trata un tema de estado hablamos de la situación, una de nosotras llora a moco tendido preguntándose por el destino del hijo, un pequeño de cuatro años, exquisito y de ojos vivaces. Otras tratamos de mantener la calma y analizar los posibles escenarios.
Finalmente decidimos proponerle el visitar a otro médico y… ella aceptó.
La encargada de dicha empresa fui yo. Entonces visitamos a un médico que merecía mi confianza, uno que no te ofrece cuchillo de buenas a primera, uno que además de tratar los síntomas busca la causa de ellos y uno que dará respuesta a tus dudas.
Llegamos a la consulta, le pedí que llevara todos los exámenes que le habían realizado, mis manos sudaban frío y sentía un terrible vacío en el estómago.
Cuando por fin la llamaron, entramos a una sala bastante pequeña, tibia, con apenas una ventana y bastante acogedora. El médico nos invitó a tomar asiento y que le relatáramos el motivo de nuestra visita. Allí ella inició su discurso, del mismo modo y con las mismas palabras que nos había dicho a nosotras, luego le entregó los exámenes. El médico los revisó uno a uno sin decir nada, mi estómago cada vez se apretaba más, en tanto mi mente me pedía que mantuviera la calma.
- Dentro de lo que me acabas de decir, señalaste que tenías crisis de pánico
- Sí y es terrible, me dieron unas pastillas… - alcanzó a decir antes de ser interrumpida por el doctor
- ¿Es decir que aún lo padeces? – y sin esperar respuesta - ¡imposible! a una persona con crisis de pánico no se le podría realizar un scanner y a ti te lo hicieron. Tú has viajado, para subirte a un avión debiste hacerlo dopada y no estarías encerrada aquí hablando conmigo en esta minúscula habitación, ya te habrías tirado por aquella ventana, sin importar el piso en el que estamos.
La miré y le sonreí, yo estaba feliz de saber que las crisis de pánico eran sólo un mal diagnóstico.
El doc tomó un lápiz y papel de su escritorio, comenzó a hacer un dibujo, una vez que lo terminó nos miró a ambas, luego mantuvo fija su mirada en mi antiamiga y dio inicio a una breve y sencilla explicación.
- La hipófisis está funcionando mal, esto se podría deber a una gama de situaciones y dentro de éstas el cáncer ¿esto es lo que te explicaron?
- Sí – contestó muy rápida y segura
- Bueno, el cáncer en tu caso es una posibilidad bastante remota por no decir inexistente de acuerdo a estos exámenes. Te recomiendo que sigas con tu médico y te realices el tratamiento que él indique.
Salimos de la consulta, mi estómago seguía igual, pero para mi antiamiga yo sonreía feliz y la felicitaba por tan buenas noticias. Después cada una regresó a su hogar.
Ya en mi casa mi angustia se mantenía en espera del grupo, ellas llegarían en un instante y realizaríamos otra reunión de estado. Todas llegaron a la hora señalada y les relaté lo sucedido con la frase final NUNCA TUVO CÁNCER.
- ¿Recuerdan lo que les dije la otra vez?- dijo Leticia, una de las miembros del grupo.
Todas lo recordábamos muy bien, tiempo atrás nos habíamos reunido en mi casa. Habíamos llegado todas, menos ella, faltaba nuestra antiamiga; en eso sonó el teléfono, era ella. Me pedía que llamara a su mamá y la convenciera de cuidar al bebé para que ella pudiera venir… no fue necesario, pues a los minutos llamó la mamá pidiéndome lo contrario, es decir, que la convenciera, a su hija, de no venir para evitarse problemas con el esposo. Yo sólo las escuché y les conté a las demás lo que estaba ocurriendo. Leticia nos miró y nos increpó a todas con un “¿hasta cuándo aguantamos esto? Para mí ya es suficiente, siempre que nos reunimos ella, venga o no, se convierte en el centro de toda la atención o mejor dicho, el centro de toda nuestra preocupación. Al final nos jode todo. No sé ustedes, pero creo que yo lo estaría pasando mejor en mi casa”. Tomó sus cosas y se fue.
Ya de regreso al cáncer, crisis de pánico y violencia intrafamiliar, muchas coincidimos en que en el fondo ella era feliz con esa vida y que cada una debía preocuparse que esto no la afectara, por lo mismo de ahora en adelante el que viniera o no a las reuniones, entre otras cosas, sería problema de ella.
Pasó un largo tiempo y todo iba de maravillas, cuando comenzaba con sus quejas, algunas se alejaban, otras la ignoraban y otras hacían como que la escuchaban moviendo la cabeza cada cierto rato o realizando un gesto expresivo con su rostro.
Yo me fui alejando, no del todo, me preocupaba su hijo, pobre pequeño qué culpa tenía. Evitaba llamarla y rara vez iba a su casa, sólo nos veíamos en las reuniones, a las que poco a poco dejé de asistir.
Finalmente me alejé no sólo de ella, sino que de todas mis amigas, pero igual me mantenía angustiada, por lo mismo decidí realizar un viaje fuera de Santiago, debía ser lo suficientemente lejos para poder descansar. Tomé un mapa de mi país y le lancé un dardo cuya punta fue a dar directo a Chiloé, lugar que cumplía absolutamente con lo que yo deseaba…estar muy lejos.
Al día siguiente estaba en la estación de trenes dispuesta a encontrar pasajes y, así fue, encontré boletos. Subí, me instalé en mi asiento e inicié mi viaje hacia el olvido y la sanación.
Al regresar, algo en mí había cambiado, yo era otra, mi estómago ya no me dolía, aprendí la lección…creo. A ella le gustaba llamar la atención, bien. A mí me dañaba la forma en que lo hacía, pues bien también y aléjate. Porque si te estás quemando lo primero que haces es alejarte de la fuente de calor, no te quedas ahí esperando a que el fuego te consuma. Junto con eso, aprendes a no generalizar, es decir, hay momentos en que el fuego te ayudará y momentos en que éste te hará daño. La amistad no tiene que ser así, no te debe lastimar.
domingo, 30 de mayo de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
Siempre digna

Mi muchacho era un tipo regio y estupendo, cuando recorría junto a él las calles de mi población las mujeres se daban vuelta a mirarlo y de pasadita me lanzaban una miradita de odio.
Él era alto, bastante alto para mí, que siempre he sido baja y flacuchenta. Sus dientes era perfectos y su sonrisa genial.
Mantuvimos una amistad un tanto falsa, ya que yo sólo quería que él se fijara en mi, pero no pasaba nada, para él yo simplemente era una buena amiga. Pero, como muy bien dicen por ahí: “a nadie le falta Dios”, las cosas fueron cambiando y cada día notaba que su conducta era más y más especial hacia mí. Bueno, pero como “no todo lo que brilla es oro”, un día iba caminando hacia su casa y lo divisé en la esquina con una niña de largo cabello rubio, tuve unas ganas locas de regresar, mas continué mi camino siempre digna. Los vi despedirse teniendo casi la certeza que se dieron un beso en la boca.
Pasamos toda la tarde juntos conversando, tocando guitarra y cantando, él solía dedicarme canciones. Todo esto sucedió por meses, él me cantaba y yo lo escuchaba; recorríamos el barrio caminando, tomados de la mano, cuando me iba a dejar a la casa me acompañaba a lo largo de tres cuadras y luego yo debía hacer lo mismo…era todo un ritual.
Todo siempre fue así, bastante platónico e infantil, hasta que un día una de mis tías tuvo la brillante idea de enviar a su hija a mi casa para que yo le enseñara matemáticas, entre otros ramos.
¿Cuento corto? Cuando mi prima lo conoció quedó inmediatamente prendada de él y él de ella, tuvieron una diminuta relación de no más de un día, lo suficiente como para que yo me diera cuenta que para él yo sólo era una muy buena amiga y mi prima, como tantas otras, la rubia de sus sueños.
Me sentí como una idiota, pero siempre digna traté que de alguna manera a mi prima le entrara en la cabeza toda la materia que debía aprender. Odié el ser buena alumna y profesora.
Me alejé casi absolutamente de él, nunca tan tonta como para “tropezar con la misma piedra”. Y digo que casi me alejé absolutamente, porque él era amigo de mi hermano, por lo tanto de vez en cuando se aparecía por mi casa, claro que siempre afuera, nunca entraba, le daba vergüenza.
Un día, un día cualquiera, un día de aquellos en que crees que nada saldrá bien o mal, en que cualquier cosa te toma de sorpresa y no tienes ni la menor idea de cómo vas a reaccionar, ese día que puede ser este u otro, estábamos mi familia y amigos reunidos, cuando escuchamos que alguien llamaba a la puerta, salí a atender aquel llamado y ¡oh! sorpresa, frente a mí estaba una rubia despampanante, quien me miraba con una grácil sonrisa. En tanto yo, que no tenía idea quien era, miré a través de ella y a su alrededor y ahí estaba él, apoyado en la reja de mi casa observándome atentamente. Me dirigió una sonrisa burlona y preguntó por mi hermano. Mientras, por mi mente las palabras, pensamientos, odios e ideas malévolas se agolpaban dispuestas a salir para cobrar venganza, pero yo siempre digna, tomé aire, le dirigí a ella una gran sonrisa, una de aquellas muy amistosas y la invité a pasar. En ese instante él quedó “paralelo” (como dice Papelucho) y rojo como un tomate… tuvo que entrar, pues su dulce rubia había aceptado mi invitación.
En fin, una vez que ingresó a mi casa no estuvo ni un segundo “bajo el columpio”, es decir tuvo que soportar en silencio todas mis bromas. La rubia despampanante sólo era eso, rubia; y esa noche él supo quién era yo: una mujer de estatura baja, bastante delgada, de pelo castaño, pero muy inteligente y lo más importante…siempre digna.
Al terminar la velada, una vez que todos se fueron y mi familia se fue a dormir; con mi mejor amiga celebramos y reímos a carcajadas mi simpática venganza, con todas las bromas que el pobre tuvo que soportar.
Esto no terminó ahí, a pesar de yo haber dado vuelta la página, él continuó yendo a la casa y no a visitar a mi hermano, sino a verme a mí. Pero a mí él ya no me interesaba en absoluto, pasé del amor al desencanto con tal rapidez que ya ni recuerdo cuáles eran las canciones que me cantaba, ya no sé como llegar a su casa, ni recuerdo cual era su nombre, sólo sé que yo, siempre digna, lo llamaba “mi muchacho”. Creo que él nunca notó que, luego de un traspié una debe pararse, limpiar su ropa y seguir caminando y eso es lo que yo hice.
viernes, 23 de abril de 2010
Historia 5
Los súper amigos flauta, pito, bombilla y remolino, estaban aburridos de que siempre los soplaran, querían hacer otras cosas y ser tratados de otra manera. Un día se encontraron en la disco con un grupo de jóvenes muy alegres; ellos eran tecla, tambor y rama, quienes les dijeron que sus vidas eran muy divertidas. Éstos les propusieron ir donde la hechicera collar, quien lograría intercambiar sus destinos. Así ocurrió, ahora flauta, pito, bombilla y remolino se preguntan qué significa eso que dijeron los otros: "Ahora sabrán lo que es bueno".
miércoles, 31 de marzo de 2010
Historia 4
Cuando los extraterrestres llegaron a la Tierra vieron cosas muy entretenidas que llamaron su atención y cosas muy terroríficas también, por lo mismo regresaron a su planeta donde llevaron registradas las cosas que los humanos hacían. Con mucho temor descubrieron que los hombres convertían a sus gatos y loros en cosas inertes para que no los molestaran, es más, las ovejas eran transformadas en madejas de lana y ésta en gorro.Todo lo que escribían con una cosa llamada lápiz, luego la hacían desaparecer con un objeto denominado goma.No les gustaba estar a oscuras y cada vez que esto ocurría encendían una linterna para evitarlo y le cantaban al dios fuego con una guitarra, pero siempre al aire libre: en el campo o en la playa, para que éste nunca se extinguiera. Los extraterrestres volvieron a Marte porque no sabían tocar guitarra y en su hogar no necesitaban cantar para tener fuego y calor.
jueves, 25 de febrero de 2010
Historia 3
Dinosaurio y chinita se subieron rápidamente al auto, huían de la argolla asesina, quien ya había aniquilado a don espejo por querer imitarla, su muerte fue cruel: le arrojó una llave por la espalda, don espejo cayó de rodillas y se rompió en mil pedazos, según lo relatado por un testigo, el señor dominó, quien justo pasaba por el lugar. La argolla asesina deseaba recuperar su escobilla negra con la que limpiaba día a día cada uno de sus pliegues, pero la banda de los Juguetelais, a la que pertenecían dinosaurio y chinita, se la habían robado, ignorando completamente el grave error que habían cometido.
martes, 19 de enero de 2010
Historia 2
Había una vez una hoja que no quería ser un trozo de papel como lo eran sus papás, ahora su mamá era parte de un libro de bolsillo, que fue roto por un cortaúñas, el cortaúñas asesino. La hoja quería ser un lego para poder estar siempre jugando, todo esto lo supo porque sus amigos moneda y pinche se lo habían contado, ellos se cayeron al suelo cuando la señora de la casa buscaba su anillo de brillantes, pero ella no sabía que su anillo había rodado por la calle para perderse de verdad.
viernes, 8 de enero de 2010
Historia 1
En un país muy lejano estaban discutiendo una nueva ley sobre el Translejano, medio de transporte usado por todos los habitantes de ese lugar. En el parlamento se encontraban los Suaves y los Rugosos, ambos archienemigos eternos, quienes nunca se pondrían de acuerdo para solucionar este conflicto:¿quiénes subirán primero a los busdedal?...Esta historia continuará...
domingo, 20 de diciembre de 2009
El costo de la fama
Soy famoso, absolutamente famoso. Los chicos de la escuela al principio sólo me miraban cada vez que pasaban por mi lado, pero luego se corrió la voz y ya no era uno que otro el que me venía a ver, ahora eran cursos completos que se asomaban tratando de conseguir el mejor lugar.
Algunos me tomaron fotografías, otros grabaron videos haciendo comentarios sobre mí y realizando entrevistas a aquellos que estaban en el lugar. Todos querían opinar, hablar algo de mí o dar su versión de los hechos. Incluso se realizaron apuestas de manera improvisada.
Todo iba bien, de maravillas se podría decir, hasta que como siempre no faltó el aguafiestas, que al enterarse, corrió por los pasillos hasta llegar a la oficina del inspector, pero éste no se encontraba allí, lo que me otorgó más tiempo de vida.
El soplón era un estudiante, de esos que nadie ve, esos que no tienen cara ni de buenos ni de malos, ni gordo ni flaco; era de los calladitos y óiganme bien, a esos hay que tenerles miedo o por lo menos cuidarse, sino miren lo que me ocurrió a mí.
El tipo, porque para mi gusto era un mala clase, continuó corriendo por los pasillos, patios y salas del colegio hasta que encontró al inspector, con las ideas y palabras atragantadas en su boca le relató lo sucedido. El inspector a medida que escuchaba la versión de los hechos intentaba no reír, pues él era la autoridad, pero los recuerdos de su tiempo de estudiante se le vinieron a la mente.
Luego de escuchar al soplón, se apoderó de él la rectitud y caminó con paso acelerado hacia donde estaba la multitud. Me miró fijamente, en su rostro no se divisaba ningún gesto, era un rostro imperturbable. Levantó la vista buscando entre mis admiradores al culpable, pero sabía que así, a simple vista sería imposible.
Les ordenó a todos que se fueran a sus salas, que esto no era un espectáculo y que hallaría al responsable. Entonces, buscó insistentemente con su mirada a alguien que no estaba, pero a su lado estaba el estudiante soplón, quien debió como todos los demás irse a su sala, mas lo típico de los chupamedias es creerse absolutamente necesarios y no alcanzan a distinguir que sólo los consideran para los mandados.
El inspector le pidió que fuera a buscar al hombre del aseo. En esta oportunidad el chico parecía volar de lo ansioso que estaba de cumplir con el mandado. Una vez que llegó con el señor del aseo, el inspector le pidió que se retirara a su sala, ahí yo me reí, en tanto él me dio una mirada de asco y se fue, no sin antes escuchar a sus espaldas la indicación del inspector: “dile a tus compañeros que tengo identificado al responsable”…el joven me miró esbozando una leve sonrisa.
Los dos hombres cuando quedaron solos hablaron largamente de mí, lo sé porque, a pesar que no lograba oírlos, constantemente me lanzaban furtivas miradas. Después de un buen rato se me acercaron, el inspector cada cierto intervalo hacía el ademán de taparse la nariz, mientras le comentaba al aseador que lo mejor era realizarme una prueba de ADN, con ella tendría en sus manos al “malandrín”.
- Pero pa’ qué iñor, no le dé tanta importancia, dígame usted ¿a quién se le ocurriría hacer caca en el suelo teniendo el baño al lado? – lo increpó el aseador
El inspector guardó silencio por un instante, sin dejar de mirarme puso sus manos en los bolsillos indicándole al otro hombre que solucionara este asunto.
En ese momento supe que mi vida era una mierda. El aseador me recogió del suelo con un cartón y me lanzó al excusado vaciando el estanque. Mi minuto de gloria se había esfumado, aún así sabía que mi corta vida no había sido en vano, había sido mejor que la de mis antepasados y sé que mi creador, el soplón, también lo sintió así.
Algunos me tomaron fotografías, otros grabaron videos haciendo comentarios sobre mí y realizando entrevistas a aquellos que estaban en el lugar. Todos querían opinar, hablar algo de mí o dar su versión de los hechos. Incluso se realizaron apuestas de manera improvisada.
Todo iba bien, de maravillas se podría decir, hasta que como siempre no faltó el aguafiestas, que al enterarse, corrió por los pasillos hasta llegar a la oficina del inspector, pero éste no se encontraba allí, lo que me otorgó más tiempo de vida.
El soplón era un estudiante, de esos que nadie ve, esos que no tienen cara ni de buenos ni de malos, ni gordo ni flaco; era de los calladitos y óiganme bien, a esos hay que tenerles miedo o por lo menos cuidarse, sino miren lo que me ocurrió a mí.
El tipo, porque para mi gusto era un mala clase, continuó corriendo por los pasillos, patios y salas del colegio hasta que encontró al inspector, con las ideas y palabras atragantadas en su boca le relató lo sucedido. El inspector a medida que escuchaba la versión de los hechos intentaba no reír, pues él era la autoridad, pero los recuerdos de su tiempo de estudiante se le vinieron a la mente.
Luego de escuchar al soplón, se apoderó de él la rectitud y caminó con paso acelerado hacia donde estaba la multitud. Me miró fijamente, en su rostro no se divisaba ningún gesto, era un rostro imperturbable. Levantó la vista buscando entre mis admiradores al culpable, pero sabía que así, a simple vista sería imposible.
Les ordenó a todos que se fueran a sus salas, que esto no era un espectáculo y que hallaría al responsable. Entonces, buscó insistentemente con su mirada a alguien que no estaba, pero a su lado estaba el estudiante soplón, quien debió como todos los demás irse a su sala, mas lo típico de los chupamedias es creerse absolutamente necesarios y no alcanzan a distinguir que sólo los consideran para los mandados.
El inspector le pidió que fuera a buscar al hombre del aseo. En esta oportunidad el chico parecía volar de lo ansioso que estaba de cumplir con el mandado. Una vez que llegó con el señor del aseo, el inspector le pidió que se retirara a su sala, ahí yo me reí, en tanto él me dio una mirada de asco y se fue, no sin antes escuchar a sus espaldas la indicación del inspector: “dile a tus compañeros que tengo identificado al responsable”…el joven me miró esbozando una leve sonrisa.
Los dos hombres cuando quedaron solos hablaron largamente de mí, lo sé porque, a pesar que no lograba oírlos, constantemente me lanzaban furtivas miradas. Después de un buen rato se me acercaron, el inspector cada cierto intervalo hacía el ademán de taparse la nariz, mientras le comentaba al aseador que lo mejor era realizarme una prueba de ADN, con ella tendría en sus manos al “malandrín”.
- Pero pa’ qué iñor, no le dé tanta importancia, dígame usted ¿a quién se le ocurriría hacer caca en el suelo teniendo el baño al lado? – lo increpó el aseador
El inspector guardó silencio por un instante, sin dejar de mirarme puso sus manos en los bolsillos indicándole al otro hombre que solucionara este asunto.
En ese momento supe que mi vida era una mierda. El aseador me recogió del suelo con un cartón y me lanzó al excusado vaciando el estanque. Mi minuto de gloria se había esfumado, aún así sabía que mi corta vida no había sido en vano, había sido mejor que la de mis antepasados y sé que mi creador, el soplón, también lo sintió así.
martes, 24 de noviembre de 2009
Fiesta
Tenía prohíbido salir y no porque estuviera castigada, sino simplemente porque mis padres no me daban permiso para salir y si llegaba a hacerlo, era dentro de un horario bien específico: durante el día y antes que se pusiera el sol.
Aún no sé cómo fue que conseguí que me dejaran ir a quedar a dormir a la casa de mi amiga Mónica.
Por supuesto con ella ya lo teníamos todo planeado, estaríamos un rato en su casa y luego, más tarde, iríamos a la fiesta que había organizado el séptimo B, nuestro curso enemigo, pues nosotras éramos del séptimo A. Claro está que debido a esa rivalidad, que no sabíamos de dónde provenía, nosotras no estábamos invitadas, pero era la única fiesta de la cual teníamos conocimiento y, como lo más probable era que de aquí a un buen tiempo más, por lo menos un año, yo no volvería a tener permiso, ni para salir a la esquina, debíamos aprovechar este momento.
En casa de mi amiga nos cambiamos ropa, nos maquillamos, éramos otras. Al caer la noche, cuando sabíamos que la fiesta ya había comenzado y debía estar en su máximo esplendor, nos dirigimos hacía allí absolutamente decididas, yo ni siquiera sentí temor a que mis padres se enteraran, de ser así, en ese instante me daba lo mismo.
Llegamos a la casa de Claudia, ella era la anfitriona y al parecer esta fiesta era para festejar su cumpleaños. La saludamos y entramos, habíamos sorteado la primera dificultad. Ya adentro, nos dimos cuenta que más que fiesta parecía velorio. Todos estaban en grupos,conversaban y comían, pero nadie bailaba ¡qué lata! ¿y para esto le mentí a mis padres? con Mónica nos miramos concordando en que definitivamente este curso era bastante aburrido, quizás por eso les caíamos mal.
Nos acercamos a un grupo de chicos que conocíamos, la música estaba genial y mis pies se me iban...yo no había venido a conversar, para eso tenía permiso y lo podía hacer en cualquier momento. Entonces, como ambas no teníamos problemas de timidez, les pedimos que aprovecháramos la música y bailáramos...¡y empezó la fiesta!
La verdad es que sólo empezó para nosotras y otros tantos, pues no todos salieron a bailar, pero nosotras estábamos felices y no paramos de bailar por largo rato...¡esto es vida!...pensaba.
La pista de baile era nuestra, cuando de pronto, la música se detuvo, había un círculo de personas a nuestro alrededor, las luces chispeantes se apagaron encendiéndose la luz principal. Parecía que teníamos un foco frente a nuestros rostros.
Entre la gente apareció Claudia, su rostro contrariado, sus ojos derramando lágrimas como dibujo animado japonés. Nos miró fijamente, estiró su brazo y con su dedo índice señaló la puerta diciendo "salgan de aquí".
Nos encogimos de hombros y salimos, pero junto a nosotras salieron la mayoría de los varones que estaban en la fiesta. Los murmullos pasaron de inmediato a quejas y rezongos...nosotras continuamos el camino hacia la salida.
Cuando habíamos caminado unas cuadras y estábamos cerca de la casa de Mónica, miramos a nuestros acompañantes y les pedimos que regresaran a la fiesta, agradeciendo, obviamente, el que nos hayan ido a dejar.
Nosotras no le teníamos mala a las niñas del otro curso y, después de todo, lo habíamos pasado fantástico, fue una gran fiesta...¡mi primera fiesta, ja,ja,ja!
Aún no sé cómo fue que conseguí que me dejaran ir a quedar a dormir a la casa de mi amiga Mónica.
Por supuesto con ella ya lo teníamos todo planeado, estaríamos un rato en su casa y luego, más tarde, iríamos a la fiesta que había organizado el séptimo B, nuestro curso enemigo, pues nosotras éramos del séptimo A. Claro está que debido a esa rivalidad, que no sabíamos de dónde provenía, nosotras no estábamos invitadas, pero era la única fiesta de la cual teníamos conocimiento y, como lo más probable era que de aquí a un buen tiempo más, por lo menos un año, yo no volvería a tener permiso, ni para salir a la esquina, debíamos aprovechar este momento.
En casa de mi amiga nos cambiamos ropa, nos maquillamos, éramos otras. Al caer la noche, cuando sabíamos que la fiesta ya había comenzado y debía estar en su máximo esplendor, nos dirigimos hacía allí absolutamente decididas, yo ni siquiera sentí temor a que mis padres se enteraran, de ser así, en ese instante me daba lo mismo.
Llegamos a la casa de Claudia, ella era la anfitriona y al parecer esta fiesta era para festejar su cumpleaños. La saludamos y entramos, habíamos sorteado la primera dificultad. Ya adentro, nos dimos cuenta que más que fiesta parecía velorio. Todos estaban en grupos,conversaban y comían, pero nadie bailaba ¡qué lata! ¿y para esto le mentí a mis padres? con Mónica nos miramos concordando en que definitivamente este curso era bastante aburrido, quizás por eso les caíamos mal.
Nos acercamos a un grupo de chicos que conocíamos, la música estaba genial y mis pies se me iban...yo no había venido a conversar, para eso tenía permiso y lo podía hacer en cualquier momento. Entonces, como ambas no teníamos problemas de timidez, les pedimos que aprovecháramos la música y bailáramos...¡y empezó la fiesta!
La verdad es que sólo empezó para nosotras y otros tantos, pues no todos salieron a bailar, pero nosotras estábamos felices y no paramos de bailar por largo rato...¡esto es vida!...pensaba.
La pista de baile era nuestra, cuando de pronto, la música se detuvo, había un círculo de personas a nuestro alrededor, las luces chispeantes se apagaron encendiéndose la luz principal. Parecía que teníamos un foco frente a nuestros rostros.
Entre la gente apareció Claudia, su rostro contrariado, sus ojos derramando lágrimas como dibujo animado japonés. Nos miró fijamente, estiró su brazo y con su dedo índice señaló la puerta diciendo "salgan de aquí".
Nos encogimos de hombros y salimos, pero junto a nosotras salieron la mayoría de los varones que estaban en la fiesta. Los murmullos pasaron de inmediato a quejas y rezongos...nosotras continuamos el camino hacia la salida.
Cuando habíamos caminado unas cuadras y estábamos cerca de la casa de Mónica, miramos a nuestros acompañantes y les pedimos que regresaran a la fiesta, agradeciendo, obviamente, el que nos hayan ido a dejar.
Nosotras no le teníamos mala a las niñas del otro curso y, después de todo, lo habíamos pasado fantástico, fue una gran fiesta...¡mi primera fiesta, ja,ja,ja!
martes, 17 de noviembre de 2009
Celular
Sentadas en el primer asiento del autobus íbamos mi amiga y yo. "Chalaliabamos" felices, riendo de las últimas locuras que habíamos hecho. Digo "chalaliabamos", porque eso es lo que hacíamos, esto era mucho más que conversar, era mucho más que reír y recordar.
Estábamos felices, en eso, se sube a la micro un joven, quien guitarra en mano, se pone a cantar. Al terminar su primera interpretación comienza a sonar un celular.
- Perdón, continúo enseguida - dice un tanto afligido el muchacho. Entonces mete su mano en la chaqueta, saca el dichoso aparato y comienza a hablar.
Todos los pasajeros se pusieron a reír y estaban pendientes de su conversación... nosotras también.
- Aló, sí, sí...ya...ya, pero me acabo de subir, sí, la micro... te llamo después, estoy trabajando.
Termina así su llamada, nos mira a todos y nos dice:
- Era mi mamá...ahora les voy a cantar...
Todos nos volvimos a reír y luego de su segunda canción pidió "una ayuda". Cada pasajero le dio una moneda, no sé si por su canto o por lo anecdótico de su llamada.
Estábamos felices, en eso, se sube a la micro un joven, quien guitarra en mano, se pone a cantar. Al terminar su primera interpretación comienza a sonar un celular.
- Perdón, continúo enseguida - dice un tanto afligido el muchacho. Entonces mete su mano en la chaqueta, saca el dichoso aparato y comienza a hablar.
Todos los pasajeros se pusieron a reír y estaban pendientes de su conversación... nosotras también.
- Aló, sí, sí...ya...ya, pero me acabo de subir, sí, la micro... te llamo después, estoy trabajando.
Termina así su llamada, nos mira a todos y nos dice:
- Era mi mamá...ahora les voy a cantar...
Todos nos volvimos a reír y luego de su segunda canción pidió "una ayuda". Cada pasajero le dio una moneda, no sé si por su canto o por lo anecdótico de su llamada.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Halloween

Mi novio y yo acostumbrábamos a discutir, pero esta vez era diferente...puse término a la relación. Luego de ello me fui a mi casa a disfrutar de la soledad, no sólo porque ya no estaría con él, sino porque literalmente no había nadie en casa.
Entonces disfrutaba yo de este nuevo y agradable silencio cuando de pronto comienza a sonar el timbre de mi casa y no sólo eso, también escuché golpes y gritos, a hurtadillas miré por una de las ventanas y escuché atentamente...era mi amiga. Salí corriendo y un tanto asustada al oirla llamar así a mi puerta. Al abrirle, se lanza sobre mi tomándome por los hombros, abrazándome y dando chillidos de alegría entremezclados con mil preguntas.
Cuando logré zafarme de ella y hacerla entrar a la casa...y en razón, me vine a enterar que mi "ex" había ido a su casa a buscarme, rogándole que no me negara, que él sabía que yo estaba ahí y, cuando finalmente o aparentemente consiguió hacerlo entender que yo no estaba allí, él con voz temblorosa le rogó que me diera un mensaje: "dile a Golondrina que me perdone"...
En ese instante a mi amiga se le vino el cielo y el infierno, todo encima, las mejores y peores películas, teleseries y noticias pasaron por su mente. Agarró a mi "ex" de la ropa, lo tironeó, lo abofeteó...todo pidiendo explicaciones y enviándolo al quinto infierno al no obtener respuesta alguna.
Después entró a su casa para tomar un poco de aire y pensar con la cabeza más fría...la verdad es que no alcanzó ni a sentarse cuando partió de una a mi casa para saber si estaba viva, muerta o herida.
Luego de su relato me largué a reír mientras, entre risas le explicaba lo sucedido finalizando con un "menos mal que lo hice". Apenas terminamos de charlar sonó nuevamente el timbre, otra vez de manera insistente, con golpes en la puerta y gritos. Guardamos inmediatamente silencio y nos miramos fijamente...los llamados siguieron, pero ahora los oíamos más cerca...sabíamos que era él. Instintivamente corrimos y buscamos algún lugar para ocultarnos, ya que él había entrado saltando la reja y para peor la puerta de la casa era de servicio.
Entró a la casa, me llamaba en forma insistente y al no recibir respuesta comenzó a buscar por el interior, pasaron algunos segundos parecidos a horas, hasta que encontró a mi amiga, estaba se ocultaba detrás de una puerta y cuando éste la abrió, ella no halló nada mejor que decirle "Hola, Golondrina está en la pieza de sus padres".
En fracción de segundos llegó allí, justo cuando yo abría la puerta del closet de mis padres, lo miré diciéndole "vete de una vez"...y se marchó.
Ya solas otra vez, nos miramos y nos largamos a reír...este había sido nuestro propio Halloween.
sábado, 3 de octubre de 2009
Sucesos
Parte ll
Hace algún tiempo atrás me ocurrieron una serie de sucesos, algo trágico en mi vida, fui expulsada de mi hogar, me vi de pronto dentro de un letrero publicitario y perdí a mi padre. Todo esto fue uno, así de repente.
Yo pasaba por la vida así sin más, sin nada que hacer, sólo dedicada al estudio…tenía una vida fácil y llevadera. Hasta ese día.
Cuando lo perdí todo me dediqué a vagar por las calles viendo a la gente pasar, viendo que todo continuaba como antes, salvo mi vida que ya no era la misma de antes. Debía terminar la carrera que estaba estudiando, tenía que hacer algo con mi vida, pues bien, comencé por aquello en lo que había quedado luego de que mi padre me echara de la casa. Metí nuevamente mis manos en los bolsillos buscando el billete de mil pesos, no me serviría demasiado la verdad, pues no podría hacer mucho con él, es decir no me alcanzaría para arrendar una pieza, menos un cuarto de hotel, ni pensar en comida; aunque esto último tenía más sentido, si bien no sería un gran festín pero sí podría conseguir un poco de pan o un sándwich, de esos que venden en cualquier esquina.
Antes de ir a comprar me detuve, saqué el billete de mi bolsillo, me acerqué a un farol buscando un poco más de luz y lo observé detalladamente. Luego de un rato noté que había algo extraño en él, algo diferente a los demás, pero esto no significaba que fuese falso, sino que era distinto: tenía un aroma, tenía un color, tenía algo, quizás no era algo muy obvio, pero definitivamente era diferente.
En ese instante vinieron a mi mente una serie de imágenes de los hechos que últimamente había vivido, entonces, me di cuenta que debía volver, era prioritario regresar y observar nuevamente ese letrero publicitario.
Finalmente llegué frente a él, lo miré detenidamente, de pronto me di cuenta que en uno de sus extremos había un gran cofre con monedas y billetes, saqué mi billete colocándolo al lado de uno de los que aparecían en el spot, si bien no era igual, se le parecía bastante. Cuidándome de no ser vista por los seres que vivían allí, ya que mi experiencia me indicaba que eran bastante peligrosos, recorté una moneda, la más pequeña pensando que a lo mejor eso me salvaría de algo, de terminar como mi padre.
Una vez que tuve el trozo de papel en mis manos éste, de inmediato se convirtió en una moneda de verdad ¡era real! Absolutamente real, pero cómo no me di cuenta antes, cómo no noté que había algo raro, mi padre jamás me había dado dinero, ni un veinte y ocurre que ese día, ese fatídico día me dio sin más ni más MIL pesos, de donde tanto desprendimiento, sé que ésta no es una gran cantidad, pero para él eso era demasiado. Lo que es peor a mi no me extrañó ni me llamó la atención este hecho y ahora me encontraba en esta situación.
La disyuntiva era recortar el dinero suficiente como para tener con qué arrendar algo para pasar la noche, sacar todo el dinero o seguir mi camino sin mirar atrás, me senté en la vereda a pensar un poco; en realidad no alcancé a sentarme cuando decidí qué era lo mejor. Caminé dos cuadras más abajo y me compré un rico completo y una bebida, no estaba dispuesta a terminar como “los peores” como llamaron ellos a mi padre y quién sabe a cuantos más. Estaba disfrutando de mi comida cuando divisé a lo lejos que algo se movía en el aviso, decidí alejarme.
Pasé la noche en la casa de una amiga, en la mañana temprano me fui a la universidad a ver los avisos que aparecían en la bolsa de trabajo: había uno en una revista. Me dirigí al lugar llevando escrita la historia de lo que me había sucedido recientemente, la encontraron fenomenal y quedé contratada. Tenía resuelto mi problema.
Al llegar a la casa de mi amiga, le conté las novedades solicitándole alojamiento hasta que recibiera mi primer sueldo…me aceptaron. Mi amiga me preguntó si alguien sabía que yo me estaba quedando allí, la miré extrañada, le indiqué que no y le pregunté a qué se debía su comentario. Me llevó hasta la habitación que me habían prestado, abrió la puerta señalándome lo que había llegado para mi en el transcurso de la mañana… ¡era un baúl! Pero no cualquier baúl, era el del aviso, sentí que mis días estaban contados, que ese era mi destino y por más que tratara no podría huir, lo presentí en el mismo momento cuando, la noche anterior, vi que algo se movía en ese letrero, pero yo preferí alejarme lo que ahora me resultaba imposible.
Le pedí que me dejara sola, ella no sabía nada, sólo lo que había aparecido en la prensa. Me senté frente al baúl y lo miré, no entendía nada. Comenzó a moverse, como si alguien tratara de abrirlo, se levantó la tapa y apareció un canario…el lindo canarito. Tenía un aspecto suave, casi bondadoso, pero yo lo conocía muy bien.
- ¿Por qué huiste? Te hemos estado buscando, anoche decidí seguirte para evitar que volvieras a desaparecer.
Este pájaro estaba loco (o la loca era yo, que es peor) cómo pretendía que me quedara, era un peligro estar allí, ellos no entendían razones, no les importaba nada. Además no sabía cómo yo había llegado allí, todo fue muy rápido e inesperado.
- Tú eres parte de la profecía, todo estaba escrito, tú serías quien nos salvaría y ahora que te hallamos no te volveremos a perder.
Su amenaza fue clara y precisa, ya no tenía dudas de que este era mi fin, quizás qué más diría la famosa profecía. Me pidió que entrara al baúl, lo hice y en fracción de segundos estaba nuevamente dentro del letrero, todo estaba igual, demasiado igual…la moneda que yo había sacado estaba allí, las letras también, todo como si nunca hubiesen sido recortadas. Comencé a entender un poco más.
La ardilla se acercó, al parecer se dio cuenta que yo entendía muy poco o nada, me comentó que no me harían daño si yo no lo quería. No me sentí en absoluto más aliviada, pero me señaló que la profecía indicaba que si ellos perdían alguna parte de ella desaparecerían completamente en poco tiempo, debido a esto perseguían a quienes osaban recortar alguna parte del spot. Sabían que eran una tentación constante, más aún cuando al sacar cualquier trozo éste se hacía real. Entonces un día cualquiera llegaría alguien que con un simple lápiz los ayudaría, esa era yo, y los mantendría vivos para siempre.
Los interrumpí señalándoles que yo era una humana, por lo tanto eso de “siempre” era un poco difícil, pero ellos tenían todo planeado, al vivir con ellos me volvería inmortal.
- Pero ¿cómo explicarán mi aparición en este letrero? Este aviso es de animales, no de humanos
Aquí es donde cometí el gran error de mi vida, este era el momento preciso en que debía guardar silencio, pensé que me ayudaba, pero me engañaba completamente. Me convirtieron en uno de ellos, en un animal y cada noche puedo volver a ser una persona, nada más que para rehacer las partes dañadas y escribir las historias que publico, las que mi amiga encuentra día a día dentro del baúl.
Hace algún tiempo atrás me ocurrieron una serie de sucesos, algo trágico en mi vida, fui expulsada de mi hogar, me vi de pronto dentro de un letrero publicitario y perdí a mi padre. Todo esto fue uno, así de repente.
Yo pasaba por la vida así sin más, sin nada que hacer, sólo dedicada al estudio…tenía una vida fácil y llevadera. Hasta ese día.
Cuando lo perdí todo me dediqué a vagar por las calles viendo a la gente pasar, viendo que todo continuaba como antes, salvo mi vida que ya no era la misma de antes. Debía terminar la carrera que estaba estudiando, tenía que hacer algo con mi vida, pues bien, comencé por aquello en lo que había quedado luego de que mi padre me echara de la casa. Metí nuevamente mis manos en los bolsillos buscando el billete de mil pesos, no me serviría demasiado la verdad, pues no podría hacer mucho con él, es decir no me alcanzaría para arrendar una pieza, menos un cuarto de hotel, ni pensar en comida; aunque esto último tenía más sentido, si bien no sería un gran festín pero sí podría conseguir un poco de pan o un sándwich, de esos que venden en cualquier esquina.
Antes de ir a comprar me detuve, saqué el billete de mi bolsillo, me acerqué a un farol buscando un poco más de luz y lo observé detalladamente. Luego de un rato noté que había algo extraño en él, algo diferente a los demás, pero esto no significaba que fuese falso, sino que era distinto: tenía un aroma, tenía un color, tenía algo, quizás no era algo muy obvio, pero definitivamente era diferente.
En ese instante vinieron a mi mente una serie de imágenes de los hechos que últimamente había vivido, entonces, me di cuenta que debía volver, era prioritario regresar y observar nuevamente ese letrero publicitario.
Finalmente llegué frente a él, lo miré detenidamente, de pronto me di cuenta que en uno de sus extremos había un gran cofre con monedas y billetes, saqué mi billete colocándolo al lado de uno de los que aparecían en el spot, si bien no era igual, se le parecía bastante. Cuidándome de no ser vista por los seres que vivían allí, ya que mi experiencia me indicaba que eran bastante peligrosos, recorté una moneda, la más pequeña pensando que a lo mejor eso me salvaría de algo, de terminar como mi padre.
Una vez que tuve el trozo de papel en mis manos éste, de inmediato se convirtió en una moneda de verdad ¡era real! Absolutamente real, pero cómo no me di cuenta antes, cómo no noté que había algo raro, mi padre jamás me había dado dinero, ni un veinte y ocurre que ese día, ese fatídico día me dio sin más ni más MIL pesos, de donde tanto desprendimiento, sé que ésta no es una gran cantidad, pero para él eso era demasiado. Lo que es peor a mi no me extrañó ni me llamó la atención este hecho y ahora me encontraba en esta situación.
La disyuntiva era recortar el dinero suficiente como para tener con qué arrendar algo para pasar la noche, sacar todo el dinero o seguir mi camino sin mirar atrás, me senté en la vereda a pensar un poco; en realidad no alcancé a sentarme cuando decidí qué era lo mejor. Caminé dos cuadras más abajo y me compré un rico completo y una bebida, no estaba dispuesta a terminar como “los peores” como llamaron ellos a mi padre y quién sabe a cuantos más. Estaba disfrutando de mi comida cuando divisé a lo lejos que algo se movía en el aviso, decidí alejarme.
Pasé la noche en la casa de una amiga, en la mañana temprano me fui a la universidad a ver los avisos que aparecían en la bolsa de trabajo: había uno en una revista. Me dirigí al lugar llevando escrita la historia de lo que me había sucedido recientemente, la encontraron fenomenal y quedé contratada. Tenía resuelto mi problema.
Al llegar a la casa de mi amiga, le conté las novedades solicitándole alojamiento hasta que recibiera mi primer sueldo…me aceptaron. Mi amiga me preguntó si alguien sabía que yo me estaba quedando allí, la miré extrañada, le indiqué que no y le pregunté a qué se debía su comentario. Me llevó hasta la habitación que me habían prestado, abrió la puerta señalándome lo que había llegado para mi en el transcurso de la mañana… ¡era un baúl! Pero no cualquier baúl, era el del aviso, sentí que mis días estaban contados, que ese era mi destino y por más que tratara no podría huir, lo presentí en el mismo momento cuando, la noche anterior, vi que algo se movía en ese letrero, pero yo preferí alejarme lo que ahora me resultaba imposible.
Le pedí que me dejara sola, ella no sabía nada, sólo lo que había aparecido en la prensa. Me senté frente al baúl y lo miré, no entendía nada. Comenzó a moverse, como si alguien tratara de abrirlo, se levantó la tapa y apareció un canario…el lindo canarito. Tenía un aspecto suave, casi bondadoso, pero yo lo conocía muy bien.
- ¿Por qué huiste? Te hemos estado buscando, anoche decidí seguirte para evitar que volvieras a desaparecer.
Este pájaro estaba loco (o la loca era yo, que es peor) cómo pretendía que me quedara, era un peligro estar allí, ellos no entendían razones, no les importaba nada. Además no sabía cómo yo había llegado allí, todo fue muy rápido e inesperado.
- Tú eres parte de la profecía, todo estaba escrito, tú serías quien nos salvaría y ahora que te hallamos no te volveremos a perder.
Su amenaza fue clara y precisa, ya no tenía dudas de que este era mi fin, quizás qué más diría la famosa profecía. Me pidió que entrara al baúl, lo hice y en fracción de segundos estaba nuevamente dentro del letrero, todo estaba igual, demasiado igual…la moneda que yo había sacado estaba allí, las letras también, todo como si nunca hubiesen sido recortadas. Comencé a entender un poco más.
La ardilla se acercó, al parecer se dio cuenta que yo entendía muy poco o nada, me comentó que no me harían daño si yo no lo quería. No me sentí en absoluto más aliviada, pero me señaló que la profecía indicaba que si ellos perdían alguna parte de ella desaparecerían completamente en poco tiempo, debido a esto perseguían a quienes osaban recortar alguna parte del spot. Sabían que eran una tentación constante, más aún cuando al sacar cualquier trozo éste se hacía real. Entonces un día cualquiera llegaría alguien que con un simple lápiz los ayudaría, esa era yo, y los mantendría vivos para siempre.
Los interrumpí señalándoles que yo era una humana, por lo tanto eso de “siempre” era un poco difícil, pero ellos tenían todo planeado, al vivir con ellos me volvería inmortal.
- Pero ¿cómo explicarán mi aparición en este letrero? Este aviso es de animales, no de humanos
Aquí es donde cometí el gran error de mi vida, este era el momento preciso en que debía guardar silencio, pensé que me ayudaba, pero me engañaba completamente. Me convirtieron en uno de ellos, en un animal y cada noche puedo volver a ser una persona, nada más que para rehacer las partes dañadas y escribir las historias que publico, las que mi amiga encuentra día a día dentro del baúl.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Amigo bueno
Todos tenemos uno, eso espero, ese amigo "paleta" que siempre está cuando lo necesitas, ya sea para brindarte aliento, un buen consejo, un comentario para hacerte volver a la realidad, etc.
Pero sucede que a veces nosotros mismos nos convertimos en ese amigo bueno y como dice el Chavo: sin querer queriendo. ¿A qué me refiero? a esto:
Estaba en la escuela, subiendo las escaleras para llegar a mi sala de clases, al llegar arriba uno de mis compañeros sale del aula y me agarra de brazo.
- Me siento mal - lo tomé entonces yo del brazo y lo ayudé a avanzar ¿a dónde? ni idea.
Al final él solo siguió caminando y yo sólo lo seguí. Finalmente, cuando ya estábamos en los últimos peldaños de la escalera, comenzó a vomitar. Se ensució entero y ni hablar cómo quedó el suelo y la escalera.
Lo llevé como pude al baño, ahí terminó de botar lo poco que quedaba en su estómago, luego se lavó y enjuagó lo que pudo de su ropa. Volvimos a la sala, allí la profesora lo mandó a la enfermería, conmigo incluido; y de la enfermería lo mandaron a su casa.
Desde ese día es que soy considerado, por él, un buen amigo.Yo que simplemente iba pasando por ahí...
Pero sucede que a veces nosotros mismos nos convertimos en ese amigo bueno y como dice el Chavo: sin querer queriendo. ¿A qué me refiero? a esto:
Estaba en la escuela, subiendo las escaleras para llegar a mi sala de clases, al llegar arriba uno de mis compañeros sale del aula y me agarra de brazo.
- Me siento mal - lo tomé entonces yo del brazo y lo ayudé a avanzar ¿a dónde? ni idea.
Al final él solo siguió caminando y yo sólo lo seguí. Finalmente, cuando ya estábamos en los últimos peldaños de la escalera, comenzó a vomitar. Se ensució entero y ni hablar cómo quedó el suelo y la escalera.
Lo llevé como pude al baño, ahí terminó de botar lo poco que quedaba en su estómago, luego se lavó y enjuagó lo que pudo de su ropa. Volvimos a la sala, allí la profesora lo mandó a la enfermería, conmigo incluido; y de la enfermería lo mandaron a su casa.
Desde ese día es que soy considerado, por él, un buen amigo.Yo que simplemente iba pasando por ahí...
viernes, 4 de septiembre de 2009
Sucesos
Parte l
Cursaba el último semestre de mi carrera de Pedagogía en Inglés cuando fui expulsada del hogar. Mi padre gritó que no quería verme más. Era un hombre gordo, alto, de enormes pies, que cubría casi todo el umbral, ocultando a mi madre y a la empleada, que lloraban a moco tendido en el hall.
Por primera vez percibí aspectos de la avenida en que vivíamos, de los que jamás me había percatado. Hasta la forma del poste de la luz me pareció diferente. A un gigantesco limonero del jardín del vecino no lo había visto nunca. Caminé con las manos en los bolsillos, el rostro algo encendido, mirando esa calle de tantos años donde descubrí un grifo, el tronco acromegálico de un aromo, detalles algunos que jamás había notado y otros que adquirían dimensiones diferentes.
¿Qué podía hacer con mil pesos en el bolsillo?
Continué caminando sin expectativa alguna, pensando que mi vida de ahora en adelante seguiría así o que siempre había sido así y yo jamás me había dado cuenta. Definitivamente el optimismo, mi principal característica, se había quedado en casa junto a todo lo demás.
Iba sumida en estos lastimeros pensamientos, ignorando que existen cosas peores. De pronto llegué a una plaza que jamás había visto, pero bueno, ya se habrán dado cuenta que mi capacidad de observación no es una de las mejores, en fin, ahí estaba y todo me parecía extraño o porqué no decirlo, un tanto misterioso.
En el lugar habían grandes y frondosos árboles que coexistían con una infinidad de animales, esto definitivamente no era una plaza, mi confusión se debió a que al principio una neblina muy espesa lo cubría todo; miré a mí alrededor, sin embargo no veía nada hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y mi mente se negaba a creer lo que ocurría…
¡Un círculo! Sí un círculo, no obstante no era cualquier círculo, éste estaba formado por un grupo de animales que discutían acaloradamente.
- ¡No y no, no estoy de acuerdo! – gritaba una ardilla.
-Entonces qué haremos con ella – preguntó un ratón refiriéndose a una sombra que estaba junto a ellos.
Esto sí que no lo podía creer, tanto estudiar para comprender otro idioma y ocurre que ahora en fracción de segundos podía entender a los animales, y eso no era todo…
- Hagámosla desaparecer como a los otros humanos y listo – esto lo dijo un lindo canarito.
- ¡Un momento! – exclamé y aquí vino lo peor.
Estoy segura que no lo creerán, ocurre que además de entender lo que decían podía hablar con ellos, por ende traté de convencerlos, porque a esa altura tenía claro que estaban hablando de aquella sombra. Mientras estaba en eso, me di cuenta que no eran animales de carne y hueso en realidad, tampoco tridimensionales, ni nada parecido; eran planos y delgados, eran de papel.
Me contaron algunos de los problemas que habían tenido con los humanos que en un momento determinado cruzaron hasta esta dimensión al igual que esa sombra; unos los rallaron, otros los quemaron, otros, “los peores” como los llamaban, cortaban trozos para coleccionarlos.
Mientras escuchaba, me dediqué a observar detenidamente el lugar, la verdad era que no me resultaba tan extraño como en un principio, de hecho hasta me era familiar. Seguí abstraída en estas cavilaciones, hasta que por fin di en el clavo.
- ¡Ustedes son un aviso, un comercial! Sí el spot que veo cada mañana al pasar en el autobús
Todos me miraron, no entendían mi entusiasmo, tampoco yo, después de todo no sabía cómo había entrado esa persona allí, ni cómo podría salir, así es que puse mayor atención para poder ayudarlos, típico de las historias que una lee, el que ayuda a los demás recibe a cambio alguna recompensa y que mejor que sacar a esa persona de allí.
El asunto era muy simple y sencillo: la sombra era uno de “los peores” tiempo atrás recortó una parte esencial y si no la recuperaban a tiempo desaparecerían todos para siempre, aquella parte era un diálogo en inglés, saqué de mi bolsillo un lápiz y lo escribí. No bien había cumplido mi misión, les pedí que la dejaran ir con una gran sonrisa en mi rostro, por el contrario, ellos estaban furiosos y gritaban que se había cumplido la profecía. En ese mismo instante el canario encendió un fósforo, por lo que logré ver el rostro de aquella sombra, era mi padre; el canario dejó caer el fósforo y las llamas no se dejaron esperar consumiéndolo todo.
Fue espantoso, horrorizada corrí a mi casa, pero ésta estaba toda abrazada en llamas, grité, lloré, sin embargo ya no se podía hacer nada, absolutamente nada.
Mientras bomberos y toda clase de gentes corrían de un lado a otro, llegó la prensa, un periodista se me acercó y me preguntó por lo sucedido, le relaté mi historia y por supuesto no me creyó. Desde ese preciso instante es que me encuentro escribiendo historias para una revista y… el billete de mil pesos es parte de otro cuento.
Cursaba el último semestre de mi carrera de Pedagogía en Inglés cuando fui expulsada del hogar. Mi padre gritó que no quería verme más. Era un hombre gordo, alto, de enormes pies, que cubría casi todo el umbral, ocultando a mi madre y a la empleada, que lloraban a moco tendido en el hall.
Por primera vez percibí aspectos de la avenida en que vivíamos, de los que jamás me había percatado. Hasta la forma del poste de la luz me pareció diferente. A un gigantesco limonero del jardín del vecino no lo había visto nunca. Caminé con las manos en los bolsillos, el rostro algo encendido, mirando esa calle de tantos años donde descubrí un grifo, el tronco acromegálico de un aromo, detalles algunos que jamás había notado y otros que adquirían dimensiones diferentes.
¿Qué podía hacer con mil pesos en el bolsillo?
Continué caminando sin expectativa alguna, pensando que mi vida de ahora en adelante seguiría así o que siempre había sido así y yo jamás me había dado cuenta. Definitivamente el optimismo, mi principal característica, se había quedado en casa junto a todo lo demás.
Iba sumida en estos lastimeros pensamientos, ignorando que existen cosas peores. De pronto llegué a una plaza que jamás había visto, pero bueno, ya se habrán dado cuenta que mi capacidad de observación no es una de las mejores, en fin, ahí estaba y todo me parecía extraño o porqué no decirlo, un tanto misterioso.
En el lugar habían grandes y frondosos árboles que coexistían con una infinidad de animales, esto definitivamente no era una plaza, mi confusión se debió a que al principio una neblina muy espesa lo cubría todo; miré a mí alrededor, sin embargo no veía nada hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y mi mente se negaba a creer lo que ocurría…
¡Un círculo! Sí un círculo, no obstante no era cualquier círculo, éste estaba formado por un grupo de animales que discutían acaloradamente.
- ¡No y no, no estoy de acuerdo! – gritaba una ardilla.
-Entonces qué haremos con ella – preguntó un ratón refiriéndose a una sombra que estaba junto a ellos.
Esto sí que no lo podía creer, tanto estudiar para comprender otro idioma y ocurre que ahora en fracción de segundos podía entender a los animales, y eso no era todo…
- Hagámosla desaparecer como a los otros humanos y listo – esto lo dijo un lindo canarito.
- ¡Un momento! – exclamé y aquí vino lo peor.
Estoy segura que no lo creerán, ocurre que además de entender lo que decían podía hablar con ellos, por ende traté de convencerlos, porque a esa altura tenía claro que estaban hablando de aquella sombra. Mientras estaba en eso, me di cuenta que no eran animales de carne y hueso en realidad, tampoco tridimensionales, ni nada parecido; eran planos y delgados, eran de papel.
Me contaron algunos de los problemas que habían tenido con los humanos que en un momento determinado cruzaron hasta esta dimensión al igual que esa sombra; unos los rallaron, otros los quemaron, otros, “los peores” como los llamaban, cortaban trozos para coleccionarlos.
Mientras escuchaba, me dediqué a observar detenidamente el lugar, la verdad era que no me resultaba tan extraño como en un principio, de hecho hasta me era familiar. Seguí abstraída en estas cavilaciones, hasta que por fin di en el clavo.
- ¡Ustedes son un aviso, un comercial! Sí el spot que veo cada mañana al pasar en el autobús
Todos me miraron, no entendían mi entusiasmo, tampoco yo, después de todo no sabía cómo había entrado esa persona allí, ni cómo podría salir, así es que puse mayor atención para poder ayudarlos, típico de las historias que una lee, el que ayuda a los demás recibe a cambio alguna recompensa y que mejor que sacar a esa persona de allí.
El asunto era muy simple y sencillo: la sombra era uno de “los peores” tiempo atrás recortó una parte esencial y si no la recuperaban a tiempo desaparecerían todos para siempre, aquella parte era un diálogo en inglés, saqué de mi bolsillo un lápiz y lo escribí. No bien había cumplido mi misión, les pedí que la dejaran ir con una gran sonrisa en mi rostro, por el contrario, ellos estaban furiosos y gritaban que se había cumplido la profecía. En ese mismo instante el canario encendió un fósforo, por lo que logré ver el rostro de aquella sombra, era mi padre; el canario dejó caer el fósforo y las llamas no se dejaron esperar consumiéndolo todo.
Fue espantoso, horrorizada corrí a mi casa, pero ésta estaba toda abrazada en llamas, grité, lloré, sin embargo ya no se podía hacer nada, absolutamente nada.
Mientras bomberos y toda clase de gentes corrían de un lado a otro, llegó la prensa, un periodista se me acercó y me preguntó por lo sucedido, le relaté mi historia y por supuesto no me creyó. Desde ese preciso instante es que me encuentro escribiendo historias para una revista y… el billete de mil pesos es parte de otro cuento.
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miércoles, 19 de agosto de 2009
¿Vino a buscar a su abogadito?

Caminaba con mi amiga por un pasillo de la universidad, veníamos de haber conversado con la asistente social, por nuestras cabezas rondaban peticiones, créditos, becas, entre otro montón de información. Pero todo pensamiento se detuvo de golpe cuando al otro extremo del pasillo lo vimos a él, pelo al viento, nariz perfecta, cuerpo bien cuidado; vestía unos jeans de color negro, polera ceñida al cuerpo, también negra y camisa verde olivo abierta.
Caminaba casi sin darse cuenta que lo hacía, totalmente distraído o quizás absorto en sus asuntos, en tanto nosotras fijamos nuestras miradas en él y lo vimos acercarse cada vez más, cuando ya estaba muy cerca pasó entre nosotras, no porque no se hiciera a un lado, sino porque nosotras lo rodeamos, como le dijo el lobo a la Caperucita “para verte mejor…”
Lo dejamos pasar con nuestra vista siempre fija en él, nos dimos vuelta y lo vimos perderse al final del corredor. Entonces nosotras nos miramos, sonreímos y seguimos nuestro camino rumbo a la próxima clase que nos correspondía, no sin realizar comentarios sobre lo que acabábamos de apreciar: “pero qué belleza; es un medio mino, no mejor dicho es un mino; ahora creo que realmente nos visitan seres de otro planeta, aunque creo que éste debe ser de otra galaxia; se pasó; él no es un mino, es un súper mino”. Y con ese sobrenombre, súpermino, quedó para la posteridad.
Lo que más nos llamó la atención era que en esta casa de estudio la mayoría de los tipos eran rubios y bien desabridos, también habían morenos, que eran una minoría común y corriente, pero la generalidad del sector varones se caracterizaban por creerse la muerte, te conocían hoy y al día siguiente si te he visto no me acuerdo, tenías todo un semestre con ellos compartiendo un ramo, pero nada, luego de esto no se acordaban de ti. Creo que esto se daba porque eran puras carreras de pedagogía y la mayoría de los estudiantes éramos mujeres, por lo tanto ellos creían estar en el paraíso, donde cada uno podía tener a unas diez mujeres, o más, a sus pies…no sé si a alguno le resultó.
En fin, este era nuestro súpermino, un tipo regio y estupendo que andaba por la vida sin notar los estragos que causaba a su paso.
La clase fue agradable, el profesor era un viejo sabio, que se manejaba a la perfección, aclarando todas las dudas que se presentaban, cuestionando, empujando al debate y a la reflexión. Estábamos felices. Aún así, había un rumor, se decía que si durante la clase tú interrumpías levantándote para salir, él te miraba y te interpelaba realizando la siguiente pregunta: “¿va a buscar a su abogadito?...” ¡qué vergüenza!
Junto a las carreras de pedagogía estaba la “escuela” de derecho y digo escuela porque ellos no se consideraban una carrera más, sino una escuela; ambicionaban tener una sede sólo para ellos, o por lo menos llegar a la Casa Central de la universidad, con el tiempo sólo consiguieron lo último.
Era fácil identificarlos en el campus, pues siempre usaban vestimenta formal, jamás almorzaban en el casino de la universidad y sólo frecuentaban los pasillos del segundo piso donde tenían sus clases, no se relacionaban con el submundo, ya que eso éramos para ellos.
Un día estábamos mi amiga, otras compañeras y yo almorzando en el casino cuando lo vimos entrar, era él, nuestro súpermino que tomó su bandeja y se fue a sentar por ahí relativamente cerca de nosotras. No lo podíamos creer, no había sido una alucinación, era real y lo mejor de todo era que al parecer estudiaba aquí. Entonces decidimos seguirlo, debíamos aclarar nuestras dudas: ¿era estudiante, qué estudiaba, trabajaba acá, en qué trabajaba, sólo venía a tomar un ramo, qué ramo…?
Cuando él se dispuso a salir del casino, rápidamente tomamos nuestras cosas y caminamos a cierta distancia de él. Confirmando junto a las demás nuestra apreciación, no era un mino, sino un súpermino.
El seguirlo fue entretenido, éramos una especie de detectives y volvimos a ser niñas otra vez, sentíamos que estábamos haciendo una maldad. Al final de este recorrido nos llevamos una gran sorpresa, primero vimos que este monumento de la naturaleza saludaba a un grupo de alumnos de historia, por lo tanto nos hicimos a la idea que esa era su carrera, pero no. Continuó su camino hacia el segundo piso de ese sector, nos miramos y concluimos que iba a una sección de la biblioteca que se encontraba allí, también nos equivocamos, pues se acercó a conversar con un grupo de empaquetados, típicos alumnos de derecho. ¿Qué tenía él que ver con ellos? ¿Qué hacía él con su camisa floreada en medio de ese montón de ternos? ¿Su pelo ondulado con los otros engominados? Para nosotras nada, absolutamente nada.
Descubrimos que estábamos en un error, él tenía mucho que ver, porque era alumno de esa carrera, si bien era diferente, pero no sólo conversó con un grupo, sino que además entró con ellos a clases. Guardamos silencio y caminamos hacia el sector R, donde tendríamos nuestra próxima clase. El profesor ya estaba en la sala, así es que entramos rapidito, sin hacer ruido alguno, todo para evitar que nos dijera algo. En medio de la clase me di cuenta que con esto de creerme detective no había ido al baño y lo único que deseaba era salir siendo totalmente inadvertida por el profesor, evitando así su comentario, ese del que hablaban los rumores.
Me vi de pronto de pie, pasando entre mis compañeras, en ese preciso instante el profesor tosió con el fin de llamar mi atención, se hizo un silencio casi de cementerio, la verdad es que me sentí pulverizada, era un cadáver. En ese silencio se habría podido escuchar sin problemas el revoloteo de una mariposa. Todas estaban allí observándolo a él y a mí. Lo miré, no me quedaba otra:
- Ya que va a la biblioteca, tráigame un ejemplar del libro del que estoy hablando…
Sonreí feliz, claramente no calzaba con el perfil que él tenía de la mujer que iba a buscar un abogadito, pero feliz habría salido a buscarlo…a buscar al súpermino.
Fui al baño, luego pasé a la biblioteca por el encargo, estaba recibiendo el libro cuando veo que a mi lado estaba él, el súpermino, quien me miró sonriendo, yo hice lo mismo, no fui capaz de nada más, sólo de tomar firmemente el libro y salir agradeciendo el instante recién vivido.
Quizás el comentario de mi profesor era “Si va a buscar un abogadito debe hacerlo en la biblioteca”, directamente donde él me envió. Quizás nunca antes alguna estudiante de su clase se había dado cuenta. Quizás él les hacía ver el error en el cual estaban y nunca lo notaron. O quizás fue sólo obra del destino. En fin como sea, lo importante fue que allí día a día mi abogadito y yo nos volvimos a encontrar.
domingo, 9 de agosto de 2009
La vida te da sorpresas
Hay historias e historias, ésta me la relató un amigo, uno que no veía hace muchos años y lo encontré en un lugar cualquiera de esta ciudad.
Caminaba distraídamente por el centro de la librería Manantial buscando un libro para regalar, se me acerca alguien preguntándome por la ubicación de unos libros. Nos miramos reconociéndonos inmediatamente y fuimos a un café cercano para conversar sobre el último tiempo en que no nos habíamos visto.
Mi vida se mantenía casi igual y la de él también, sólo un hecho la cambió…en parte para siempre.
Ocurre que fue un día a visitar a un amigo, previa invitación, de nombre Juan, a quien hace tiempo no veía, llegó a su casa compartiendo un rato con la familia de éste, luego se arreglaron para salir. Una vez listos se dirigieron a un boliche cercano, recordaron anécdotas al calor de unas cuantas cervezas. Después cada uno regresó a su hogar con la firme promesa de repetir aquel encuentro.
Como los buenos amigos que siempre habían sido, no dudó en regresar de sorpresa a la casa de Juan, pero éste no se encontraba allí. Entonces fue al mismo boliche de la otra vez, tomó algunas cervezas, más de la cuenta, con la idea que a lo mejor Juan aparecería. Pasaron las horas y salió zigzagueando del local.
A la vuelta de la esquina había un grupo, unos tipos de no muy buen aspecto, estos lo empezaron a seguir, mi amigo comenzó a caminar un poco más rápido y cada vez más rápido hasta correr, dentro de lo que su curadera se lo permitía, pero le fue imposible escapar.
Lo atraparon, lo acorralaron y dentro de su borrachera se dio cuenta que todos tenían algo raro, algo diferente, cejas depiladas, pelo largo, uñas postizas, barbas rasuradas casi sin contar con pelo alguno, eran hombres vestidos de mujer. Travestis, homosexuales, gays o algo así. El punto es que comenzaron a acosarlo, a quitarle la ropa y no con la intención de robársela.
Comenzó a sentirse perdido, un terror se apoderó de él, gritaba, sollozaba y todo parecía no servir de nada. Su corazón palpitaba a mil por hora, su cuerpo temblaba de manera incontrolable y no era por la desnudez ni el frío.
Cuando sintió que ya nada podía hacer, escuchó unos golpes, unos gritos, logró zafarse de sus captores y arreglarse su ropa. Mientras estaba en eso, ya absolutamente lúcido pudo ver a “gatúbela” dando combos y patadas al más puro estilo Matrix, ella lo miró y gritó su nombre instándolo a huir… ¡era Juan!
Definitivamente ya no quedaba ni una gota de alcohol en su cuerpo, era su amigo, ahora amiga quien lo estaba defendiendo, era él – ella quien le estaba sacando la cresta a todos esos maricones y él no “la” dejaría “solo”, por lo que se lanzó a dar golpes de puños y pies a cuanto gil que se movía. Juntos como en los tiempos del colegio, cuando participaban en cuanta “mocha” había y por lo visto ésta no sería la excepción.
Le sacaron “la mugre” a casi todos, bastó un gesto de “gatúbela” para entender que “soldado que huye sirve para otra guerra”, se lanzaron a la calle a todo correr hasta llegar a la casa de Juan. Una vez allí, entraron preocupándose de dejar bien cerradas todas las puertas y ventanas, todo bien asegurado.
Luego en la pieza de Juan, mi amigo lloró amargamente liberando la angustia y horror que acababa de vivir. Pasó la noche allí, no se habría atrevido a salir nuevamente a aquella selva.
Juan cambió su vestimenta y volvió a ser el de antes, pero ya no sería lo mismo, nunca más, por lo menos no a los ojos de mi amigo. Conversaron sobre este cambio, sobre el nuevo rumbo que había tomado su vida. Mi amigo trató de entender algo que no podía comprender. Aún así comprendieron que su amistad era tan importante que podía sobrepasar esta dificultad o diferencia.
En tanto mi amigo no se cansó de agradecer a Juan el valor demostrado esa noche. Una vez más aliviado, ambos recordaron los pleitos en los que comúnmente se involucraban, rieron hasta quedarse dormidos.
Al día siguiente mi amigo regresó a su casa con la promesa, nuevamente, de volver claro que esta vez teniendo la convicción de que sólo lo haría previa invitación.
Caminaba distraídamente por el centro de la librería Manantial buscando un libro para regalar, se me acerca alguien preguntándome por la ubicación de unos libros. Nos miramos reconociéndonos inmediatamente y fuimos a un café cercano para conversar sobre el último tiempo en que no nos habíamos visto.
Mi vida se mantenía casi igual y la de él también, sólo un hecho la cambió…en parte para siempre.
Ocurre que fue un día a visitar a un amigo, previa invitación, de nombre Juan, a quien hace tiempo no veía, llegó a su casa compartiendo un rato con la familia de éste, luego se arreglaron para salir. Una vez listos se dirigieron a un boliche cercano, recordaron anécdotas al calor de unas cuantas cervezas. Después cada uno regresó a su hogar con la firme promesa de repetir aquel encuentro.
Como los buenos amigos que siempre habían sido, no dudó en regresar de sorpresa a la casa de Juan, pero éste no se encontraba allí. Entonces fue al mismo boliche de la otra vez, tomó algunas cervezas, más de la cuenta, con la idea que a lo mejor Juan aparecería. Pasaron las horas y salió zigzagueando del local.
A la vuelta de la esquina había un grupo, unos tipos de no muy buen aspecto, estos lo empezaron a seguir, mi amigo comenzó a caminar un poco más rápido y cada vez más rápido hasta correr, dentro de lo que su curadera se lo permitía, pero le fue imposible escapar.
Lo atraparon, lo acorralaron y dentro de su borrachera se dio cuenta que todos tenían algo raro, algo diferente, cejas depiladas, pelo largo, uñas postizas, barbas rasuradas casi sin contar con pelo alguno, eran hombres vestidos de mujer. Travestis, homosexuales, gays o algo así. El punto es que comenzaron a acosarlo, a quitarle la ropa y no con la intención de robársela.
Comenzó a sentirse perdido, un terror se apoderó de él, gritaba, sollozaba y todo parecía no servir de nada. Su corazón palpitaba a mil por hora, su cuerpo temblaba de manera incontrolable y no era por la desnudez ni el frío.
Cuando sintió que ya nada podía hacer, escuchó unos golpes, unos gritos, logró zafarse de sus captores y arreglarse su ropa. Mientras estaba en eso, ya absolutamente lúcido pudo ver a “gatúbela” dando combos y patadas al más puro estilo Matrix, ella lo miró y gritó su nombre instándolo a huir… ¡era Juan!
Definitivamente ya no quedaba ni una gota de alcohol en su cuerpo, era su amigo, ahora amiga quien lo estaba defendiendo, era él – ella quien le estaba sacando la cresta a todos esos maricones y él no “la” dejaría “solo”, por lo que se lanzó a dar golpes de puños y pies a cuanto gil que se movía. Juntos como en los tiempos del colegio, cuando participaban en cuanta “mocha” había y por lo visto ésta no sería la excepción.
Le sacaron “la mugre” a casi todos, bastó un gesto de “gatúbela” para entender que “soldado que huye sirve para otra guerra”, se lanzaron a la calle a todo correr hasta llegar a la casa de Juan. Una vez allí, entraron preocupándose de dejar bien cerradas todas las puertas y ventanas, todo bien asegurado.
Luego en la pieza de Juan, mi amigo lloró amargamente liberando la angustia y horror que acababa de vivir. Pasó la noche allí, no se habría atrevido a salir nuevamente a aquella selva.
Juan cambió su vestimenta y volvió a ser el de antes, pero ya no sería lo mismo, nunca más, por lo menos no a los ojos de mi amigo. Conversaron sobre este cambio, sobre el nuevo rumbo que había tomado su vida. Mi amigo trató de entender algo que no podía comprender. Aún así comprendieron que su amistad era tan importante que podía sobrepasar esta dificultad o diferencia.
En tanto mi amigo no se cansó de agradecer a Juan el valor demostrado esa noche. Una vez más aliviado, ambos recordaron los pleitos en los que comúnmente se involucraban, rieron hasta quedarse dormidos.
Al día siguiente mi amigo regresó a su casa con la promesa, nuevamente, de volver claro que esta vez teniendo la convicción de que sólo lo haría previa invitación.
jueves, 30 de julio de 2009
Un buen día
Ahí estaba él, como siempre con su aspecto luctuoso, sólo que esta vez lo aciago del momento me causaba un dolor profundo en el pecho.
El paisaje resultaba tenebroso, como pocas veces me había resultado. El cuerpo inerte clamaba auxilio o, quizás, descanso inmediato.
En la esquina apareció un vehículo con fuertes luces y ruido ensordecedor. Bajaron cuatro hombres quienes en forma diligente tomaron el cuerpo y lo colocaron en la ambulancia. Ahí dentro, un sórdido grupo de espíritus merodeaban en espera de su alma.
En tanto, yo pensaba en mi comentario matinal “hoy será un día auspicioso…” y ahora me veía junto a un oligofrénico conductor que hacía aumentar la presión en mi pecho y sentía muy lejanos los latidos de mi corazón.
El paisaje resultaba tenebroso, como pocas veces me había resultado. El cuerpo inerte clamaba auxilio o, quizás, descanso inmediato.
En la esquina apareció un vehículo con fuertes luces y ruido ensordecedor. Bajaron cuatro hombres quienes en forma diligente tomaron el cuerpo y lo colocaron en la ambulancia. Ahí dentro, un sórdido grupo de espíritus merodeaban en espera de su alma.
En tanto, yo pensaba en mi comentario matinal “hoy será un día auspicioso…” y ahora me veía junto a un oligofrénico conductor que hacía aumentar la presión en mi pecho y sentía muy lejanos los latidos de mi corazón.
domingo, 12 de julio de 2009
Cerditos al rescate
Tenían mucho tiempo sin verse, pero el destino los volvió a reunir. Cada cerdito había tomado su propio camino: El menor, el de la casa de paja y músico de profesión, obtuvo una beca para irse a Alemania. Allí tenía su conservatorio y el del medio, el de la casa de madera, de oficio carpintero, se ganó el kino y con ese dinero le regaló una constructora a su hermano mayor. Con el resto del dinero formó su negocio particular…”El chancho con Chaleco”, un famoso restaurante situado en Santiago.
En fin, este reencuentro fue provocado por don Lobo, alias “Chupacabras”, como se le solía llamar en la región. Esta vez tenía atemorizado no solo a los animales, sino que también a los humanos, estos últimos encontraron en sus archivos la gran hazaña del trío de chanchos, y depositaban en ellos todas sus esperanzas para ser liberados, de una vez, de este temible animal.
Los tres chanchitos se juntaron y crearon un plan, pero esta vez no construyeron casas; por el contrario, recordaron que este lobito era muy enamoradizo, por lo que le regalaron un par de pasajes (con estadía incluida) para visitar Buzios, junto a Marlín Lobarí, quien dijo estar dispuesta a todo por su país.
Según relatos de la prensa del corazón, se dice que los han visto juntos, muy felices y haciendo planes para crear un programa de televisión.
En fin, este reencuentro fue provocado por don Lobo, alias “Chupacabras”, como se le solía llamar en la región. Esta vez tenía atemorizado no solo a los animales, sino que también a los humanos, estos últimos encontraron en sus archivos la gran hazaña del trío de chanchos, y depositaban en ellos todas sus esperanzas para ser liberados, de una vez, de este temible animal.
Los tres chanchitos se juntaron y crearon un plan, pero esta vez no construyeron casas; por el contrario, recordaron que este lobito era muy enamoradizo, por lo que le regalaron un par de pasajes (con estadía incluida) para visitar Buzios, junto a Marlín Lobarí, quien dijo estar dispuesta a todo por su país.
Según relatos de la prensa del corazón, se dice que los han visto juntos, muy felices y haciendo planes para crear un programa de televisión.
sábado, 4 de julio de 2009
Ángel
Estábamos en el departamento de mi abuela como cualquier otro fin de semana. Mi hija estaba afuera y jugaba tranquilamente en el pasillo del edificio. De pronto, giro para observarla mejor y la veo subirse a la baranda del balcón y lanzarse como quien se lanza a una piscina, todo en fracción de segundos.
Yo, sin poder detenerla, corrí escaleras abajo teniendo claro que allá me esperaba lo peor. Seguí corriendo por aquellos peldaños fatigosos e interminables, sintiendo a cada paso un dolor cada vez más intenso en mi pecho.
Al llegar a los pies de las escaleras me di cuenta que mi hija no estaba sola, ni siquiera estaba en el suelo, sino que era sostenida por unos brazos firmes y delicados, todo a su alrededor era luz y calor; sentí una paz y una alegría que no puedo describir.
Me acerqué a ellos lentamente como temiendo interrumpir algo, un diálogo tan maravilloso que sólo a esa edad se puede tener. Él me miró estirando sus brazos para entregarme a mi hija, en tanto yo, sin ser capaz de pronunciar palabras, la recibía con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos. La abracé larga y profundamente mientras él desaparecía…
Desperté de un salto y miré hacia la cama de mi hija, ahí estaba ella durmiendo plácidamente, apoyé mi cabeza en la almohada y recordé aquel extraño sueño, casi pesadilla, que había tenido recién; di algunas vueltas en mi cama y decidí seguir durmiendo, volví a mirarla, pero esta vez tampoco estaba sola, aquella luz estaba nuevamente a su lado.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)
Yo, sin poder detenerla, corrí escaleras abajo teniendo claro que allá me esperaba lo peor. Seguí corriendo por aquellos peldaños fatigosos e interminables, sintiendo a cada paso un dolor cada vez más intenso en mi pecho.
Al llegar a los pies de las escaleras me di cuenta que mi hija no estaba sola, ni siquiera estaba en el suelo, sino que era sostenida por unos brazos firmes y delicados, todo a su alrededor era luz y calor; sentí una paz y una alegría que no puedo describir.
Me acerqué a ellos lentamente como temiendo interrumpir algo, un diálogo tan maravilloso que sólo a esa edad se puede tener. Él me miró estirando sus brazos para entregarme a mi hija, en tanto yo, sin ser capaz de pronunciar palabras, la recibía con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos. La abracé larga y profundamente mientras él desaparecía…
Desperté de un salto y miré hacia la cama de mi hija, ahí estaba ella durmiendo plácidamente, apoyé mi cabeza en la almohada y recordé aquel extraño sueño, casi pesadilla, que había tenido recién; di algunas vueltas en mi cama y decidí seguir durmiendo, volví a mirarla, pero esta vez tampoco estaba sola, aquella luz estaba nuevamente a su lado.
(Registro de propiedad intelectual n°177787)
domingo, 21 de junio de 2009
Reality

Estos famosos programas donde podemos observar el actuar y sentir de un grupo de individuos encerrados en diversos lugares, han causado, ya hace algún tiempo, conmoción en el televidente. Gente que desea saber más sobre su personaje favorito, que ven a estas personas como ídolos. En fin, una serie de situaciones derivadas de estos famosos programas.
El punto es que siempre algunas personas han vivido en un reality constante, es cosa de mirar a nuestro alrededor para poder observar esto, por ejemplo cuando vas por la calle y ves a una pareja discutir…te enteras de todo, más ahora que existen los celulares. De hecho, hace algunos días atrás iba de camino a casa cuando al doblar en una esquina vi a una mujer discutiendo con su pareja, él le insistía que subiera al auto, pero ella se negó rotundamente y de pasadita le señaló que igual llegaría al sitio donde debían ir y que no le dijera súbete a mi auto si el vehículo “es de tu papá”, dicho esto, dio media vuelta y comenzó a caminar, iba tras de mí, por lo que pude escuchar la conversación que sostuvo con alguien a través de su celular a quien le señaló que acababa de discutir con su esposo luego de dejar a la niña en el jardín infantil y que iría a buscar su auto para llegar al lugar, por lo que llegaría más tarde…frente a esta escena, pensé: “bastaría con que viniera de vez en cuando a pararme fuera del jardín para saber en qué continúa esta historia”. ¿Se han encontrado en ésta u otra situación? Así como por ejemplo cuando vas en un bus y te das cuenta que alguien va contándole a otra algunas situaciones bastante delicadas, que ni loca comentaría en público, pero hay gente que está dispuesta a hacerlo, así fue como supe de una tipa que engañaba a su marido y las cosas que hacía él mismo para tratar de descubrirla y nunca le resultaban, ya que le comentaba a su mejor amigo las cosas que haría para pillarla…ella lo engañaba con su mejor amigo.
El reality es parte de nuestra vida, siempre encontrarás personas dispuestas a mostrar su vida en público y a otros dispuestos a seguirlos…sólo que ahora cuentan con la TV e Internet.
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